Vik Muniz: “Tenemos que vivir, pero también pensar en la vida”.

 

Las obras de Vik Muniz encierran siempre el enigma de cómo fueron hechas: puede ser un dibujo en un grano de arena que se amplía a gran escala o el dibujo de una nube en el cielo hecho por el rastro que deja un avión. Las escalas y los materiales nunca son lo que parece en la muestra que se ve por primera vez en el país, Vik Muniz. Buenos Aires, en el MUNTREF-CAC que funciona en el viejo Hotel de los Inmigrantes. La obra física es un collage misterioso, configurado con diamantes, azúcar, caramelo, pedazos de revistas, hilo, chocolate, chatarra tecnológica o bacterias, porque –a diferencia de los Mondongo– Muniz sólo exhibe las fotografías que lo reproducen.

vikMuniz mantiene una fuerte acción social. Sus proyectos educativos y sociales en Brasil y Estados Unidos le han valido que en 2011 la Unesco lo designara Embajador de Buena Voluntad y que en enero de 2013 recibiera el Premio Cristal del Foro Económico Mundial. Una de sus series más famosas surgió después de tres años de trabajo en el basurero más grande del mundo, Jardim Gramacho, en Río de Janeiro. Imágenes de basura (2008) cambió la vida de un grupo de recicladores: fueron retratados en su labor cotidiana, con los desechos que ellos mismos recolectaron. Llevó a subasta la foto de esas imágenes que armaban entre todos en el piso, sobre la base de la foto proyectada. Lo recaudado fue totalmente a beneficio de los protagonistas, y con esa ayuda pudieron salir del vertedero. Cuenta este proceso en su documental Waste Land (La tierra baldía) de 2010, que recibió una nominación para el Oscar y obtuvo el Premio del Público al Mejor Documental en el Festival de Sundance (y que se proyecta en la exposición de MUNTREF). Ahora está embarcado en la construcción de Escola Vidigal, una escuela de arte y tecnología para niños de bajos recursos de la comunidad de Vidigal en Río de Janeiro.

Su propia biografía tiene que ver con la superación: creció en una favela. La desgracia fue su suerte, cuando una bala perdida dio en su pierna. El atacante lo resarció para evitar una denuncia con un dinero que él usó para viajar a Estados Unidos. Ahí se formó en artes, y se volvió un apasionado por McLuhan: el medio es el mensaje. Hoy es uno de los más destacados artistas brasileños, y su obra integra colecciones como la del Metropolitano, Guggenheim y MoMA de Nueva York, la Tate Gallery de Londres y el Centro Pompidou de París. “Es importante que las muestran se vean antes de opinar. Hay gente que escribe críticas malas viendo las obras por el teléfono. En actual Bienal de Venecia, presento un barquito de papel que anda por un canal, y un crítico empezó a cuestionar la ética de mi ese trabajo una semana antes de que lo mostrara. El arte requiere una presencia física, liberar movimientos para poder apreciar diferentes cosas en una misma imagen”, dice el artista, que conversa con CLASE mientras recorre la exposición.

Este lugar donde se expone tu obra es emblemático: el Hotel de los Inmigrantes. Vos sos un inmigrante y tu obra lo refleja.

Quedé encantado con este lugar en una visita que hice el año pasado. Tiene mucho que ver conmigo. Yo fui inmigrante, y durante diez años no vi a mi papá. Por seis años fui inmigrante ilegal en Nueva York. Trabajaba en el Midtown dibujando estampas para remeras y tenía que escapar de la migra, y bajar corriendo 30 pisos. Mi obra refleja ese estar en el mundo, y la movilidad relacionada con el turismo y las tarjetas postales, pero también con las inmigraciones. Es una condición primaria y seminal para la producción visual. Una rana no come una mosca muerta porque no la puede ver. No existen cosas, existen acontecimientos. La imposibilidad de una imagen fija es muy interesante. La imagen tiene vida en el momento en que la podemos ver. Y es una experiencia estar con todo el cuerpo frente a una imagen.

¿Y qué rol juega la tecnología?

La tecnología nos afecta de todas formas, desde el Paleolítico con el control del fuego y con otra tecnología que yo pienso que es más importante: la representación, que permitió mantener la idea de las cosas que no están presentes o que pasaron en el pasado. Con los dibujos en las cavernas el hombre podía compartir experiencias y mantenerlas más allá en su vida, creando un aspecto sedimental de los acontecimientos, que se pasa por generaciones, creando un proyecto de historia. Y algo más importante, el concepto de cambio simbólico, que está presente en todos los pilares de la sociedad: política, economía, religión. Una cosa que es particular del hombre: todos los animales tienen conocimiento; los hombres tenemos fe. Nosotros creemos, un mecanismo muy relacionado con la práctica primitiva de arte. Por eso ser artista en una sociedad sigue siendo una cosa paralela, algo alternativo, que parece no tener importancia. Estamos viviendo con una mentalidad industrial, que elige lo útil y práctico, pero hay cosas mucho más importantes que la producción. Hay cosas más ricas: la percepción física, el sedimento visual, crear situaciones para que el individuo pueda mirar el mundo, piense lo que está mirando ante a una radiografía de la realidad.

Atlas-Carlao¿El arte puede cambiar la realidad?

El mundo se cambia solo. Es una gran pretensión humana creer que podemos cambiarlo nosotros. El mundo cambia ahora, mientras hablamos, está siempre cambiando… a veces para mejor, a veces para peor. Somos una parte muy pequeñita, una naranja que está flotando en el espacio infinito. Somos muy pretenciosos. Hay una cosa cierta: hacemos un mundo todos los días. Cada uno de nosotros está fabricando un mundo. Esos mundos tienen la capacidad de en conjunto hacer cosas, cuando hay convicciones más fuertes. Hay un sentido en el que el arte puede cambiar la vida de las personas, y es al hacernos conscientes de que mirando las cosas con más discernimiento y pragmatismo, pueden empezar a verse las imágenes con más transparencia. A mí me encanta ver las publicidades de la televisión, mucho más que la programación: veo qué me están vendiendo, qué narrativas retóricas esconden. Hay cosas muy buenas y muy malas. Y es importante saber qué estamos mirando. Vemos, sentimos olores, sabores, escuchamos… y todo se procesa. Pero no tenemos tiempo de pensar lo que vemos, olemos, oímos. Claro que tenemos que vivir, pero también tenemos que pensar en la vida. Y podemos hacer las dos cosas simultáneamente. La experiencia de una imagen en un museo es la confluencia de esas dos prácticas: sentir y pensar al mismo tiempo. Debería ser un derecho y no un privilegio tener tiempo para ir a los museos. El arte en un museo, en una catedral o el arte contemporáneo tienen funciones muy parecidas: la confluencia de las prácticas de ver y pensar. Si hay algo político, ético, algo importante para la vida de la gente, mejor. Si con tu arte logras hacer proyectos sociales, si te conectas con la sociedad no sólo desde el contexto geográfico, sino también socioeconómico, mejor.

Vos siempre estás muy involucrado.

Estoy haciendo ahora algo: soy uno de los directores de la ceremonia de apertura de los Juegos Paralímpicos (que se realizarán en septiembre de 2016 en Río de Janeiro, junto con los Juegos Olímpicos). Primero me ofrecieron los Olímpicos, y me resultaba mucho trabajo, muy burocrático, y dije que no. Pero cuando me ofrecieron los Paralímpicos, dije que sí, porque es gente muy especial, con la que no podría estar de otra manera. ¡Y es una suerte! ¿Qué es un cuerpo? Mi trabajo con bacterias (la serie Colonias, en la que pinta con seres microscópicos, como virus y bacterias, junto con bioingenieros) viene de ahí: una pequeña parte de nuestro cuerpo nos pertenece. El resto son otros seres que están ahí juntos.  Nuestra integridad, identidad física, es lo que estoy repensando ahora, porque tengo la oportunidad de estar con gente que no tiene un estándar, pero que consigue hacer cosas diferentes. Estas experiencias para mí son muy importantes.

¿Qué querés lograr con la Escola Vidigal?

Siempre tuve muchas ganas de hacer algo con la educación básica. Todo está errado. Tiene que ser repensada. Hay una acumulación enorme de prácticas, de materias e ideas pedagógicas del siglo XVIII. En los últimos veinte años el mundo vivió una revolución y es otro completamente distinto. La educación es cómo una generación ayuda a la siguiente a adaptarse a un medioambiente local. En eso, estamos haciendo un trabajo miserable. Nuestros hijos viven en un mundo de signos y símbolos, y nosotros estamos empeñados en mostrar un ambiente que tiene 4000 años: la matemática, la escritura… Los chicos necesitan ser orientados para crear una taxonomía de todo este mundo visual que integran. Una organización. Dicen que lo que mueve el mundo es el dinero, pero el dinero es una representación. La cultura es lo que mueve el mundo. El mundo es una negociación entre lo que existe y lo que no existe… Y lo que mueve a la cultura de una forma pragmática y direccionada es la educación. Nada es más importante. Ahí sí cambiás el mundo. La generación de mi mamá tiraba los papeles por la ventanilla del auto. Yo no hago eso. Pero cuando me estoy afeitando, viene mi hijo y me cierra la canilla para no desperdiciar agua. Fue educado. Las ideas y opiniones circulan a una velocidad increíble, pero los efectos de nuestras opiniones en las cosas tangibles no son tan reales. Los cambios políticos y económicos llevan generaciones para hacerse realidad. Hay que tener paciencia. La Primavera Árabe, para mí, fue un otoño: sabía que eso no iba a terminar bien, porque hay mucho cambio ideológico en su implementación. Y surgen las manifestaciones. No todas sirven. En Brasil hubo manifestaciones que no se sabía para qué eran: querían todo. Una cada mes, una cada semana… La velocidad de percepción de nuevas ideas en el mundo a través de los medios está muy lejos de la posibilidad de implementación de los cambios que vienen de esa discusión.

Venís de Brasil pero vivís en Nueva York. ¿Cuáles son tus ideas políticas?

Creo que está todo un poco errado y que todo es un poco cierto. En la polaridad ideológica del americano, muy binario, yo siempre fui demócrata. En Brasil no hay blanco o negro, todo es gris. No sé que es mejor. Si ese radicalismo o esta cosa donde todo es negociable. Tudo bem, vamos a conversar, y todo acaba en dinero. Lo cierto es que no existe ideología perfecta. Yo vengo de una familia muy pobre… cuando todos mis amigos de escuela leían Marx y querían ser revolucionarios, yo no. Leí dos veces El Capital para comprenderlo, pero para mí Marx es muy talentoso, tanto como Julio Verne… Es un libro de ficción. No condice con el espíritu humano su utopía. Pero ser pobre y no creer en el comunismo en Brasil durante la Dictadura era casi un pecado. ¡Un diletante sin valor! Yo creo que todos los lugares tienen sus problemas. Soy una persona completamente del Nuevo Mundo. Yo creo en América. Me encantan los americanos, que hacen antes de pensar. Europa es una cosa muy parada, inerte. Me gusta viajar y volver ¡con muchas ganas de volver! Acá estamos contentos, hay movimiento, tenemos una historia complicada, con cosas muy malas, decepción, corrupción que alcanza dimensiones increíbles, como en Brasil ahora… pero las cosas pasan. El sambista Adoniran Barbosa escribe unas letras muy fatalistas: hay una inundación  y la samba dice que no te preocupes por tu casa y tu cama, mañana tendrás otras. Yo estoy impregnado de ese espíritu fatalista, de ese no hay nada que hacer, de que hay cosas que no podemos controlar. Hablo mucho, pero soy mejor haciendo que hablando, cosas pequeñas como esta escuela. Cosas puntuales. Las actividades sociales siempre tienen que tener un capital, implican dinero. No me gusta quedarme en ir sólo a hablar o mostrar la causa de algún pobrecito de Ruanda. Ese tipo de arte me repugna. Dicen que están haciendo eso por ellos, pero lo hacen para sí mismos. Hay que hacer cosas concretas por la gente, porque necesitan dinero: hacer una subasta, generar energía para que eso se convierta en capital.

Es muy conmovedor en Waste Land, cuando el reciclador de basura asiste a la subasta de su retrato en Christie’s.

¡Ahora es un superstar! El film cambió totalmente la impresión que tiene la sociedad de los recicladores. En Brasil, antes eran vistos como criminales, en la periferia de la sociedad. El film describe su actividad, le pone un nombre y una cara. Hace que veas que esa gente es como vos. Genera empatía. Ahora en Carnaval, la Copa del Mundo y en los aeropuertos ellos son contratados por el Gobierno para hacer todo el reciclaje directamente en el lugar. Todo eso pasó después del film. Incluso el protagonista de la novela que vieron millones de personas, Avenida Brasil, el tipo más bonito, Jorgito, era un reciclador. ¡La gloria! Qué Oscar ni nada… eso fue el punto culminante.

BIO Nació en 1961 en una favela de San Pablo. Ahora es uno de los artistas más cotizados de Brasil y que más hace por los menos privilegiados de su tierra, por lo que es embajador de buena voluntad de la Unesco. Vive y trabaja en Nueva York y Río de Janeiro. Ha expuesto en destacados museos internacionales, como el Museo Long West Bund de Shanghái, el Museo de Arte de Tel Aviv, el Museo Whitney y el Museo de Arte Moderno de Nueva York, la Colección Lambert en Aviñón, la Casa de la Fotografía de Moscú, el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, el Museo de Arte Moderno de San Pablo y el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York. Muniz ha participado también como expositor invitado en universidades, museos y eventos de renombre, como Oxford, Harvard, Yale, la Conferencia TED, la Universidad de Nueva York, el Centro Internacional de Fotografía, el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Museo de Arte Moderno de San Pablo, el Museo de Bellas Artes de Boston, el Instituto Tecnológico de Massachusetts sede Boston y el Foro Económico Mundial de Davos, entre otros.

Brújula. Vik Muniz. Buenos Aires, en el Museo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero – Centro de Arte Contemporáneo (MUNTREF CAC), Av. Antártida Argentina 1355. La entrada es libre y gratuita. Visitas guiadas, sábados y domingos a las 17. Talleres de collage y fotografía para chicos. Sábados y domingos a las 15. Proyección de la película Waste Land, sábados a las 15. Informes: muntrefcac@untref.edu.ar.
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Esta nota fue publicada en la revista Clase Ejecutiva, del diario El Cronista, el 19/6/15.

Para leer más de Vik Muniz, acá explica cinco imágenes de la muestra: https://mariapaulazacharias.com/2015/05/19/materiales-no-convencionales-el-sello-distintivo-de-vik-muniz/

 

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Un comentario en “Vik Muniz: “Tenemos que vivir, pero también pensar en la vida”.

  1. Pingback: Materiales no convencionales, el sello distintivo de Vik Muniz | María Paula Zacharías

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