Rómulo Macció: “El único poder es la inteligencia, la lucidez, el talento y la libertad”

Es uno de los grandes plásticos del país. A contramano de las convenciones culturales, celebró sus 60 años con el arte con una muestra de su obra reciente, desdeñando las retrospectivas y los homenajes. A contrapelo de la corrección política, se mantiene fiel a sus ideales anarquistas de juventud. Definiciones ariscas del pintor que no habla con periodistas.

Dos preguntas, una respuesta corta, un monosílabo y se va. Rómulo Macció siempre se va de sus entrevistas antes de que comiencen. Las fotos son para él otra fuente de impaciencia. Al tercer disparo empieza a preguntar ¿ya está? No aguanta. También hizo mutis por el foro en la inauguración de su muestra en el Centro Cultural Recoleta, que de tan importante decidieron darle dos fechas en el mismo año. No habló en público, esquivó a dos o tres periodistas y cuando pudo, escapó… Empezaba el bandejeo de rigor cuando el artista ya estaba en el Patio de los Tilos, demorado en una charla con el artista y arquitecto Jacques Bedel y el curador, Renato Rita. Cuando se distrajeron, salió solo por la puerta con su catálogo bajo el brazo. Sin saludar. Ese día, además, era su cumpleaños número 83.

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–¿Sabe que entrevistarlo a usted da miedo?

–¿Por qué? ¡A mí me da terror que me entrevisten! Entonces… ¡estamos todos asustados!

Porteño, empezó a trabajar a los 14 años en una agencia publicitaria. Se volcó de lleno a la pintura en los ’50. Integró la influyente corriente Nueva Figuración, con Ernesto Deira, Luis Felipe Noé y Jorge de la Vega, que renovó la plástica local. Ganó el premio internacional del Instituto Di Tella en plenos ’60, el Guggenheim y el Gran Premio de Honor del Salón Nacional, y según la Fundación Konex estuvo entre los mejores cinco pintores argentinos durante 30 años: ganó el premio a las Artes Visuales en 1982, 1992 y 2002. Por etapas y a regañadientes Macció dio a Clase Ejecutiva algunas definiciones de arte, cultura, sociedad y política. Todo un mérito.

–No le gusta mucho hablar con los periodistas.

–¡No me gusta nada! Yo me expreso pintando, no es lo mío la palabra. Este es un oficio mudo.

–¿Qué piensa de la política?

–No te pienso contestar. La política es acción social. Estar exponiendo en una sala como ésta que es pública es política. Pero política de partidos, no me interesa demasiado. Soy un poco anarquista. Los gobiernos no me gustan. Más no respondo.

–¿El anarquismo sigue siendo lo que mejor representa su pensamiento?

–No sé si el anarquismo es posible. Lo que no puede ser es el cargo de presidente, porque si nos toca un delirante caprichoso estamos jodidos, y eso pasa constantemente. Ese cargo habría que eliminarlo.

-¿Qué impacto tiene el arte en la sociedad?

–Poco y nada, el arte es minoritario. Aunque hay un consumo cultural, eso no tiene que ver con el arte y es un consumo más, dentro del entretenimiento público.

–¿Cómo analiza al poder?

–¿Qué se entiende por poder o los poderes? El único poder es la inteligencia, la lucidez, el talento y la libertad.

–¿Qué piensa de los políticos argentinos?

–De los argentinos o de otro cualquier país… ¡mejor ni hablar!

Artista gestual, pasó por el surrealismo, la abstracción lírica, la action painting y la neofiguración. Su obra se ha expuesto en América y Europa (París, México, Nueva York, Milán, Bogotá, Munich, Madrid y Edimburgo, entre otras ciudades), e integra valiosas colecciones públicas y privadas (Guggenheim Foundation, Nueva York; Musee d’Art Moderne, París; Museo Reina Sofía, Madrid, y los principales museos nacionales). Siempre ha estado preocupado por la antítesis pintura abstracta y pintura figurativa.  “No hay en la Argentina un artista con el instinto y la potencia de Macció”, dice la crítica Elba Pérez. “La obra de Rómulo Macció difunde con inusitada calidad y precisión la vigencia de la pintura como reveladora de las problemáticas urbanas contemporáneas”, dice Renato Rita, curador de la exposición.

Repertorio, en la sala Cronopios, no es una retrospectiva de su trayectoria de casi 60 años en la pintura, sino una monumental exposición de obra reciente, 38 pinturas vigorosas, expresivas, latentes. Óleos inéditos, de gran tamaño, del hombre más arisco (¿o tímido?) de la plástica local.

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–¿Ha estado trabajando intensamente en los últimos años para esta muestra?

–No sé si intensamente, porque no creas que trabajo todos los días del año. Trabajo cuando tengo algo que decir, y entonces sí, trabajo 24 horas seguidas. Después paso meses sin hacer nada. Soy muy haragán, muy perezoso. No hago vida de taller. Me expreso con rapidez en el cuadro, cuando tengo una idea clara. Pinto mucho en la cabeza. En la tela lo plasmo, pero nunca sale igual. Se va transformando.

–¿No es metódico?

–De trabajo cotidiano, no. No tiene  importancia. En cada cuadro hay 60 años de pintura, una experiencia que ya está, aunque al cuadro lo haga en poco tiempo.

–Mucha expectativa por la primera muestra que se hace con dos períodos de exhibición.

–Me dijeron que querían que la muestra estuviera dos meses. Yo no me opongo, pero es demasiado… demasiado exhibicionismo.

–¿Qué destaca de esta muestra?

–Se llama Reportorio porque son mis temas de siempre. Con más precisión, más claridad en la parte estética y formal, en un lenguaje plástico más directo. Más sintético. Menos es más. Mi tema siempre es la representación del ser humano. Quisiera que cada cuadro sea un universo único, que empiece y termine en sí mismo. No son parte de una serie a continuar, sino cada cuadro es un mundo.

–También vi una rosa.

Una rosa es una rosa… (NdR: célebre aforismo de la poeta Gertrude Stein, que podría traducirse como “las cosas son lo que son”).

–A usted no le gusta hablar de la pintura.

–No. La pintura habla por sí misma. Tiene su propio lenguaje. La pintura no se dice, se muestra.

–¿Siempre el hombre?

–La imagen del hombre está en la historia del arte. Estamos representado lo representado a través de un plano, que es la tela. En esa tela hay una intriga, no sabés qué va a pasar cuando está en blanco. Es como la pantalla de cine. Ahí se va a producir algo. Va a empezar a funcionar una imagen. En el caso mío, no sólo quiero hacer formas agradables y bonitas, sino que quiero meter algo más, que es la intensidad de un sentimiento humano dentro del personaje que es el hombre. Nada más que eso.

 

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Más allá de sus veleidades de pintor maldito, Macció es gran amigo de sus amigos, gran abuelo de sus nietos y desde hace seis meses es flamante novio de una influyente dama del arte. Le gusta leer y viajar. Va seguido a Punta del Este, pero siempre fuera de la temporada: la prefiere, solitaria, en el invierno. Otra parte del año la pasa en su casa de la ciudad castellana Medinaceli.

Solía tener un taller en La Boca, sobre la calle Quinquela Martín, pero después de varios robos se mudó a Balvanera. Vive en un loft moderno en ese barrio y a pocas cuadras tiene su nuevo espacio de trabajo. Bohemio, con experiencia y mundo, se lo suele ver en la Biela y Florida Garden: esos son sus lugares. También frecuenta Sottovoce y Fervor, y en La Boca, El Matterello y Lo de Carlitos.

–¿Cómo es su relación con el público?

–La pintura es un trabajo que uno hace en soledad. Necesita mostrarlo para ponerlo en evidencia. Pero no se sabe bien para quién. Es un contacto con algo que está más allá y no sabemos qué diablos es. El público es testigo y cómplice, porque participa. La pintura no va directamente a nadie en especial. Es una forma de conectarme con algo desconocido. No teorizo sobre pintura. La pintura es una manifestación natural del hombre, como cantar y bailar. Siempre ha sido así. Es lo único que, más o menos, te puedo decir.

-¿Qué opinión le merece el arte de las nuevas generaciones?

–Veo muy buenos jóvenes pintores. Pero como el buen vino, habrá que esperar a que decanten. El arte supera la barrera del tiempo y el verdadero arte siempre es contemporáneo.

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BIO. Rómulo Macció nació en Buenos Aires en 1931. Trabajó en publicidad, artes gráficas, decoraciones y escenografías teatrales. Comenzó a dedicarse asiduamente a la pintura a partir de 1956 cuando realizó la primera exposición en Buenos Aires. La muestra organizada en el Instituto Torcuato Di Tella en Buenos Aires en 1967 marcó su consagración. Su obra integra el patrimonio de prestigiosas instituciones. Fue galardonado con el Primer Premio Internacional del Di Tella, el Guggenheim y el Gran Premio de Honor del Salón Nacional y tres Konex. Expone regularmente en varias capitales del mundo e integra prestigiosas colecciones.

Dónde: Centro Cultural Recoleta, Junín 1390, Sala Cronopios. Del 19 de junio al 3 de agosto.

Publicado en Clase Ejecutiva, El Cronista, 25-7-14. TXT: MAría Paula Zacharías. Fotos de la versión impresa: Antonio Pinta. Fotos en este blog: M. Paula Zacharías.

PDF: Macció

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