Los “pintores” fotógrafos: una historia de padres e hijos hecha road movie en la geografía argentina

Los Pintor se registran. En 1959, Antonio, un peluquero sanjuanino, puso en manos de su hijo Oscar, de 18 años, una máquina de fotos y así marcó el destino de quien sería fundamental en la historia de la fotografía en la Argentina, creador de ensayos fotográficos que fueron origen de toda una tradición. Cuando Oscar tuvo hijos, los fotografió incansablemente. Cuando sus gemelos cumplieron 18, en 1990, llevó a la casa la primera filmadora de video y Pablo se la apropió. La volvió su instrumento. Y su papá, ya famoso, se volvió sujeto de sus filmaciones. Pasaron casi treinta años de registros visuales mutuos y Pablo hilvanó sus historias en una película, Memoria fotográfica, con producción de Mayra Bottero. Se estrena vía streaming de forma gratuita y simultánea en dos plataformas para ver desde casa en estos días: en BAPhoto, la feria de fotografía que este año es virtual pero no menos activa, y en el Festival Internacional de Cine Documental de Buenos Aires (FIDBA).

Oscar Pintor es un fotógrafo muy reconocido; su hijo Pablo, director de cine, estrenó una película sobre su vida y obra, los lazos familiares, la memoria y las imágenes

La historia tiene por excusa argumental una trabazón creativa que atraviesa Oscar Pintor, por la que su hijo busca soluciones. Primero consulta a una médium y después deciden viajar juntos a buscar las locaciones de sus primeros trabajos fotográficos en su San Juan natal. Con el grueso libro que le dedicó a su obra Ediciones Larivière en mano, van buscando canchitas de fútbol con cerros de fondo, casas derruidas con decorados estrafalarios y alambrados que alguna vez fueron tendederos. La travesía está llena de momentos entrañables, hallazgos y porfías, en aras de un improbable encuentro de escenas que ya eran ruinas hace tres o cuatro décadas, cuando Pintor las inmortalizó en blanco y negro.

Con el grueso libro que le dedicó a su obra Ediciones Larivière en mano, de la mano de su hijo Oscar Pintor va buscando en film canchitas de fútbol con cerros de fondo, casas derruidas con decorados estrafalarios y alambrados que alguna vez fueron tendederos

Entonces, deciden ir más atrás en el tiempo todavía, y miran fotos de la niñez de Oscar, para recrear recuerdos como el terremoto de Caucete, al que sobrevivió, cuando tenía dos años. Viaja con sus dos hermanos y visitan a la última de las tías vivas, la tía Nena, y Pintor vuelve a ver el muñeco con el que la había retratado de joven. El humor es una constante y una de las escenas más divertidas es cuando Oscar trata de rearmar ese destartalado juguete, y lo termina de desmembrar. En otro pasaje, los tres Pintor mayores saltan la tranquera de la casa en que nacieron, en Angaco, y se aventuran a reconocer lo que quedó del hogar de la niñez, tras el abandono y el tiempo. “Yo me vine a los doce años a la capital de San Juan. Volver con mis hermanos fue emocionante”, dice Oscar.

También es una road movie, y hay momentos ruteros al costado del camino, diálogos de cama a cama en una pieza de hotel de provincias, chanzas y preguntas que quedan sin responder. Los Pintor se hablan con franqueza, sin poses ni sentimentalismos. Van al hueso. “Nunca un no. Aun en mis planteos más delirantes mi viejo me sigue la corriente”, dice Pablo. En los primeros viajes fue también Julián, el mellizo de Pablo, quien hizo la música original del largometraje. En otro, aparecen los hijos de Pablo y visitan un parque donde están los viejos juegos del Italpark. Las memorias de las distintas generaciones se entrecruzan, y a veces ya no se sabe de quiénes son los recuerdos. Las fotos van y vienen, llevan y traen vivencias pasadas, impactan en el presente y abren futuros posibles.

Pintor siempre tiene una cámara en el cuello o en la mano. “Me encantó esta foto”, dice y dispara, ya hacia el final de la película. Cuando vuelve al origen, en esos vestigios entrañables, quiere otra vez mirar a través de su vieja Rolleiflex. De nuevo se lo ve hacer fotos como al principio: por la necesidad irremediable de hacerlas.Padre e hijo están ahora preparando su primera muestra juntos, que se verá en FoLA en diciembre, con curaduría de Ataúlfo Pérez Aznar. La película ya es un éxito por lo que ha producido en ellos. Dice Pablo: “Filmar está película fue encontrar la luz en el cuarto oscuro. Revelar la foto que salió velada, y aún así estar contento del resultado”.

La película se puede ver hasta el 16 de seotiembre por

Hasta el 16 por:

Publicada en La Nación, 9 de septiembre de 2020. Link: https://www.lanacion.com.ar/cultura/los-pintores-fotografos-historia-padres-hijos-hecha-nid2444182.

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