Milagros de la Torre: “Una imagen tiene que ser descifrada”.

Desde Nueva York, Milagros de la Torre sorprende al mundo con su obra basada en su convulsionada infancia en Perú. Es la invitada principal de Buenos Aires Photo.

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Milagros de la Torre es una artista singular. Fotógrafa rigurosa, precisa, de técnica perfecta, retrata los signos de una sociedad violenta a través de objetos de apariencia sencilla. Chalecos antibalas, armas de fabricación casera y camiones blindados se presentan en sus obras de manera silenciosa y poética, después de profundas investigaciones técnicas y conceptuales. Premiada, prestigiosa, varias veces becada, nació en Perú, pero emigró para formarse en escuelas de fotografía de lustre. Instalada en Nueva York, su trabajo sigue teniendo como centro la convulsionada vida limeña de su infancia. De la Torre tiene argumentos. “Mi infancia y juventud estuvieron marcadas por los acontecimientos políticos de las décadas de los 70 y 80 en Lima. Soy la primera de tres hermanos. Mi padre siguió la tradición familiar, fue General de la Policía Nacional del Perú, Jefe del Estado Mayor de la Lucha Contra-Subversiva. Mis dos abuelos vistieron el uniforme militar. Mi madre fue profesora de Historia del Perú y del Mundo. Es inevitable que la experiencia, tanto personal como profesional, haga que mi trabajo discuta ciertos temas, en ciertas formas”.

En esas décadas, el terror eran Sendero Luminoso y el MRTA. Los dictadores peruanos se definían como antiimperialistas y antioligarcas. De izquierda, pero con descontento social, escándalos de corrupción y pérdida de libertades civiles. Pero de esto prefiere no hablar De la Torre. Habla por sus imágenes de aquello que la marcó de chica: chóferes armados, caminos a la escuela siempre diferentes, voces de reuniones secretas en la noche, luces de alarma en su ventana, mucha paranoia. Ya entonces le interesaba esa magia de atrapar momentos en un papel. Una gran observadora: “Desde pequeña me interesaron las fotografías. Me gustaba encontrar detalles que otras personas no habían notado, como que se le cayó un botón al saco del tío en una foto de familia o cuando alguien en una foto grupal tenía una expresión de incomodidad aunque estuviera sonriendo”.

A los 18 rompió el cascarón de guardaespaldas al que estaba acostumbrada y se fue a vivir a Inglaterra para estudiar Artes Fotográficas en el London College of Printing. Ganó las becas de la Rockefeller Foundation y el Guggenheim, y una residencia del Getty Research Institute. Y después de vivir en Inglaterra y en París, llegó a Nueva York en busca de nuevas ideas, producción cultural más de avazada y pensamiento crítico actual. Para sentirse globalizada.”Sé lo difícil que puede llegar a ser. Para los artistas de mi generación nunca hubo una esperanza de reconocimiento o valorización. Ahora esto ha cambiado”, señala. Y ha cambiado gracias a su labor y a la del otro fotógrafo peruano globalizado, Mario Testino, que es todo lo opuesto a ella. De la Torre es artista de culto y Testino es un famoso fotógrafo, también artista, pero de moda y celebridades.

 

Punzocortante (2000) es un inventario de armas blancas. 

Punzocortante (2000) es un inventario de armas blancas.

La obra de De la Torre integra las más prestigiosas colecciones privadas y de museos. Ha expuesto en Americas Society, en el Centro Internacional de Fotografía y en el Museo del Barrio, y también en el Museo de Arte de Lima, el Instituto de Arte de Chicago y el Museo de Bellas Artes de Houston. Como artista invitada de Buenos Aires Photo, llega por primera vez al país una muestra antológica que permitirá conocer su trabajo. Comienza con la serie de su primera exposición individual en el Palais de Tokio, de París, Bajo el Sol Negro (1991-1993). De la Torre tomó la técnica artesanal de los fotógrafos de plaza del Cuzco, los minuteros, que toman fotos carnet con viejas cámaras de cajón. Pero interrumpió el proceso habitual de aclarado de la piel, para poner en evidencia los estigmas sociales que refleja esta práctica.

Antibalas (2008) muestra prendas suspendidas en espacios neutros, tamaño natural, que en su apariencia común ocultan su función antibala, y son signo de una época. Punzocortante (2000) es un inventario de armas blancas confiscadas a delincuentes comunes. La criminalística y la fotografía como registro policial son temas recurrentes. “Mi trabajo ha sido caracterizado por un minucioso proceso de investigación en la violencia, sus efectos y traumas residuales, los cuales han servido de cimiento antropológico para mi producción artística. Percibo al medio fotográfico como instigador de pensamiento, individual y colectivo, con potencial liberador. Finalmente, se trata de buscar y encontrar la libertad, de ser seres libres”, explica De la Torre.

En la serie El final (2008), habla de la muerte, la tristeza, la depresión a través de objetos encontrados en un asilo de enfermos mentales. Temores (2004) fue un trabajo de campo de seis meses en México. Los miedos profundos de los encuestados se escriben sobre placas color café oscuro, el primer color que se ve al cerrar los ojos. Tiene series más brutales, como Bleus (2003), documentados durante un año. Blindados es la evolución física de los años 70 al 2000 de los camiones de transporte de valores. “El archivo es para mí un depósito o almacén de significación, dispuesto a ser diseminado para descubrir nuevas conexiones”, dice.

¿Cómo hay que leer su obra?

He trabajado y estudiado el medio fotográfico desde 1991. Mi intención siempre ha sido la propuesta de signos implícitos en cada imagen, con la esperanza de que el espectador ejercite, utilice y proyecte sus propios análisis y paradigmas. La verdadera fotografía se encuentra en el espacio situado entre la mente del espectador y la imagen propuesta. He tratado de que en lo visual esto siempre esté sugerido, proponiendo una lectura, más que una primera impresión.

De la serie Antibalas (2008).

De la serie Antibalas (2008).

 ¿Ama este soporte en todas sus versiones?

La fotografía es un espacio con la capacidad de evocar y generar pensamiento. Soy una persona bastante reflexiva. Me interesa la fotografía en todas sus manifestaciones. Sigue siendo un verdadero misterio. Ahora ya nos hemos dado cuenta que la fotografía nunca fue un documento confiable, sino una interpretación; que nunca se refería a lo que estábamos observando en ella, sino a nuestra reacción al estímulo. Una imagen tiene que ser descifrada.

¿Cuál es el atractivo de los archivos?

Mal d’archive. El archivo es para mí un depósito o almacén de significación, dispuesto a ser diseminado para descubrir nuevas conexiones. Lo más importante de cualquier archivo es justamente su ambigüedad. Luego de más de 20 años estudiando la imagen sigo intrigada por ella. Por sus demandas de constante decodificación y cómo esta decodificación marca un despegue, un recuento paralelo en lo social y político de una sociedad globalizada. Pero también sus efectos en el individuo, en el umbral de pensamientos privados y miedos, donde la filosofía y la antropología parecieran tropezar.

Su imagen puede ser mínima y silenciosa, pero provoca un fuerte impacto. ¿Qué piensa de esta relación concepto/belleza?

Pienso en mi trabajo como íntimo, me gusta pensar que articulando mi lenguaje, practico un vocabulario contenido y sutil, donde ningún elemento sobra y que idealmente sugiera un criterio en el espectador. La simplicidad es difícil de obtener y no a todos les interesa. Tomo muchas decisiones en cada obra: ciertos tratamientos, formato en relación al cuerpo y distancia del espectador, un determinado papel, la forma en que serán expuestas… Pienso que mi trabajo es resultado de lo que he observado, de lo que he podido discernir. Para mí es importante proponer una cierta complicidad entre el espectador y la obra, una especie de seducción a través de decisiones formales y estéticas junto con la propuesta conceptual. La belleza es tentadora y suele ser reveladora también.

Milagros de la Torre, El final (cianuro).

Milagros de la Torre, El final (cianuro).

 ¿Cómo sigue su trabajo?

Estoy analizando lo que significa la imagen en este momento. Nunca antes en la historia de la humanidad hemos estado tan bombardeados de imágenes redundantes, que no aportan ni dan ningún tipo de nuevo conocimiento. El lenguaje de la imagen ha sucumbido a un lenguaje de inconciencia, va a ser necesario repensar una filosofía de la fotografía, de lo post-fotográfico, de la no-imagen. Estoy tratando de comprender y conceptualizar en lo que se convertirá la idea de la fotografía y cómo afectará a nuestra noción de comunicación y, sobre todo, de libertad.

Sábado 11 de octubre de 2014 | Publicado en edición impresa
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