A bordo de un tren de la alegría, Rosario puso foco queer a la Quincena del Arte

Rosario se volvió queer estas últimas semanas gracias al festival de arte que toma sus calles cada año. El viernes pasado, con una Noche de los Museos multitudinaria y alegre, terminó la Segunda Quincena del Arte que tuvo ese eje (entendido como lo anómalo)  y dejó varias postales: pegatinas de afiches con la obra de Alejandro Kuropatwa, performances, encuestas, un “bingo drag y feria de productos para mariconear” y un interesante conjunto de exposiciones en museos y galerías, entre otras cosas. La última noche transcurrió a bordo de un tranvía.

El del artista Leo Almada fue uno de los seis proyectos seleccionados para esta edición, que llegó desde Corrientes para guiar uno de sus Leo Tours, serie de recorridos por obras de otros artistas. Es una performance participativa del entusiasmo por el arte y su comunidad: un tranvía llamado deseo de libertad, celebración y arte. Un tran-vida. En él, a pura risa, viajaban de museo en museo artistas, académicos, gestores y público de todas las edades. “Es una obra relacional donde lo primordial es el encuentro. Eso genera un documento de registro en foto y video”, explicó.

Leo Almada. Ph: Guillermo Turin Bootello

La calle era un hormiguero de gente a pie y en bicicletas de uso gratuito. Vivaban al tranvía a su festivo paso. Rosario, la ciudad más progresista del país, que lleva dos años con la Ley de Cupo Laboral Trans vigente, organizó la quincena junto con la Subsecretaría de Diversidad Sexual de la provincia, y por eso los guías contratados eran parte del colectivo trans.  Hubo una proyección en Sala de las Banderas del Monumento a la ídem, del video América Queer, con testimonios de diversos países. En el subsuelo del Museo del Diario la Capital, entre las viejas rotativas, había una fiesta drag (estaban la Tati y la Lucero, organizadoras de un bingo y una feria) y en el CEC se bailaba al son electrónico del cierre: la quincena terminó en procesión al viejo bar El Refugio, donde siguió la música.

Curada por Roberto Echen desde que empezó, hace 15 años, siempre tiene por objetivo sacar el arte a la calle y ser punto de encuentro para artistas, gestores culturales, productores, pensadores, galeristas y vecinos. Hace dos ediciones pasó de semana a quincena, y vive una tendencia a la desmaterialización: de las grandes instalaciones urbanas cada vez más vira a la performances y las experiencias. Esta vez tomó lo queer, no sólo como disidencias sexuales o de género, sino también como problemática presente en las discusiones culturales: lo raro, lo que sucede en los márgenes. “Esta edición pasó por acciones más que objetos. Nosotros queremos que la quincena se disemine, que cada quien se la apropie y la lleve a donde quiera llevarla”, dice Echen.

No querer perdonar – El pelele – museo castagnino (Guillermo Turin Bootello)

Las acciones fueron seleccionadas por un jurado en convocatoria nacional. La pegatina de afiches callejeros con obra de Kuropatwa fue obra de Mesa positiva, colectivo local que trabaja problemáticas de VIH, que sumó frases a las imágenes ya icónicas. Otro colectivo, Fuga, proyectó la primera película porno realizada en Rosario en 1907 con intervenciones cromáticas. Desde Córdoba llegó El Pelele para realizar la performance No querer perdonar con un muñeco de tres cabezas: una danza indecisa.

“Hay mucho arte que tiene que ver con la perspectiva queer que no se revisa -dice Nancy Rojas, al cuidado de esta edición junto con el artista Mauro Guzmán-. Como curadores sentimos que lo queer está más anclado en lo que pasa en la calle, en sus luchas, incluso desde el feminismo, y en la academia, donde el pensamiento está muy desarrollado y tiene distinta vertientes. Sentimos que en el arte faltaba un espacio para inscribir estas potencias. Buscamos esos focos, los revisamos y reivindicamos, y tratamos de ver qué pasa con esos conceptos al activarlos desde la práctica. Lo queer tiene que ver con la transformación del arte, los desbordes, lo barroco. Lo pusimos en contexto y lo inscribimos en el campo del arte”.

Torta de datos, Belen Romero Gunset (Guillermo Turin Bootello)

Sobre esto se discutió en el Auditorio, donde hubo dos jornadas de reflexión. Se presentaron los resultados de Torta de datos, otra de las acciones elegidas: encuestas de la artista Belén Romero Gunset para indagar en el imaginario popular sobre lo lésbico. El Colectivo Sindicato tomó la Escuela de Arte Manuel Musto para medir fuerzas en una acción colectiva de ejercicios y rituales extenuantes: Calentamiento – Penetración – Resistencia. Sucedió en el jardín del Museo de la Ciudad, donde se exhibían dos grandes paños bordados por María Blanco. Una delicadeza maravillante.

Ph: Guillermo Turin Bootello

Como todos los años, hubo una subasta pero esta vez no fue de piezas de galerías sino de unos pocos artistas invitados: Adriana Bustos, Jazmín Giordano, Fernanda Laguna, Daniel Joglar, Vico Bueno, Alfredo Dufour, Mauricio Poblet y Román Vitali. Se subastaron en el Museo Castagnino y la obra que alcanzó el máximo valor fue la de Bustos: 100.000 pesos. Partieron de una base muy baja, de 5300 pesos, con el deseo de formar nuevos compradores. “Nos dimos cuenta de que el objetivo de visibilizar galerías ya estaba cumplido. Ya no les servimos porque se ha generado un circuito propio. Ahora falta mejorar las pujas”, dice Echen. La quincena tuvo su Noche de las Galerías con trece espacios participantes. Dos imperdibles: la muestra de Andrea Ostera en Diego Obligado, que une poesía, fotografía, geometría e inteligencia artificial, y el desembarco de la galería Henrique Faría en el estudio del artista Mauro Guzmán, con piezas de Marta Minujín, Delia Cancela, Hernán Marina y Susana Rodríguez, entre otros.

Continúa en el Castagnino la muestra Prosa política, obra de León Ferrari con curaduría de Georgina Ricci: palabras del artista, artículos de prensa y documentos históricos. En los siete pisos de Macro se despliegan los finalistas del 73° Salón Nacional de Rosario, y muchos visitantes aprovecharon para elegir su obra favorita, ya que se puede votar hasta el 10 de noviembre. Otro hito es Los cuadros robados, de Román Vitali, en el Museo Estévez, una recreación con las cuentas de plástico que lo caracterizan de las cinco obras robadas al museo: un Greco, un Goya, un Ribera, un Sánchez Cohelo y un Murillo. Rosario es una usina poderosa de artistas y el recorrido nunca acaba. Siempre, cerca del arte.

Publicado en La NAción, ARTE Y CULTURA, 28 DE OCTUBRE DE 2019. Link: https://www.lanacion.com.ar/cultura/a-bordo-tren-alegria-rosario-le-puso-nid2301444

Un comentario en “A bordo de un tren de la alegría, Rosario puso foco queer a la Quincena del Arte

  1. Excelente la propuesta y la nota.Se abren nuevas perspectivas.Es inspiradora esta propuesta.                                                           Alicia Marano

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