Antonia Guzmán. Ensayos para una lírica de la vitalidad.

Vientos, huellas, orillas, banderines, nubes y una onda expansiva de colores aparecen en los versos y acuarelas de Antonia Guzmán, pintora encendida, poeta arrobada, experta en sentir y vivir emociones, y en dejarlas correr de sus entrañas a sus manos.

El agua colorida de su pintura fluye por la hoja y explota en formas abiertas. Las figuras calan hondo y determinan un cauce. El papel –grueso, carnal– contiene. Guzmán libera sus verdes, naranjas, amarillos, azules… todo su intenso arco iris.

Algo trajo ya al nacer. Esa capacidad de transcribir lo que reverbera y no se explica. Lo que es. Lo que le llega. Intensa, inspirada, lo deja nacer y andar. Una imagen o una palabra, algo brota a la existencia.

“Vida que me entra y que me sale”, dice de sus criaturas. También, de sus tres hijos: por cada uno ha plantado un roble. El amor de Adolfo. “Te quiero, no me dejes”, le pidió a los 16 años.

Presiente, se entrega, y el lápiz y el papel son sus maestros. La geometría blanda y desprendida, sensible, se mezcla con pequeños objetos acaso reconocibles. Las formas triangulares de ahora se desprendieron de las anteriores ortogonales y remontaron vuelo. Se acabó la tregua, escribe. En el aire un big bang encuentra su equilibrio interno. Hay armonía de malabarista.

Es posible leer a veces un relato. Historias que le cuentan o que imagina. O quizás la novela es de cada uno y es posible leerla en sus signos felices (por momentos, también, naufragan de melancolía).

Sus líneas surgen como automatismos y se ejecutan exactas, gracias a un dominio perfecto de la técnica. “No me preguntes qué hago ni por qué y no me hables porque no te voy a contestar coherente”, dice en pleno trance.

Hace treinta años que practica ese ejercicio: pone la mente en blanco –su estado alpha– y de ahí sale una pintura, una frase, una receta de cocina… o simplemente respira. Cada cosa es vivida desde la fibra más profunda.

Un color se desvanece en otro, remonta, brilla, se confunde y migra de tono en tono. Antonia se mezcla en su paleta: para ella es lo mismo que estar viva. Sólo el que desea respirar sobrevive, escribe. El color y el ritmo están adentro suyo. “Son la tabla de salvación”, dice.

Su caligrafía suelta pone en palabras pequeños versos o haikus de trazo grueso y letra bailarina. Los dibuja. La suya es una poética de la sencillez.

Se ha ocupado de las casas y las crisis. De las invasiones y las mudanzas. De los tiempos y las migraciones. Telas y papeles. De los vínculos y los genes. Ha mandados mensajes desde el Sur y ha forjado lazos de amor. Ha transitado los micro y macro mundos, el nosotros y los otros, la vía croma y el deseo.

Tiene raíces en el constructivismo, pero ha pateado la estructura de su tablero, o lo ha animado con el realismo mágico y la tradición indígena de su amada América morena. Mantiene un fuerte arraigo con su tierra, donde elige vivir rodeada de afectos y a orillas de una laguna habitada por patos, gallaretas, cisnes, tortugas, garcitas, coipos, lechuzas y loros. Crecen afuera las cortaderas, los sauces, los ceibos. Cuida jazmines y rosas en su jardín silvestre.

Guzmán sabe de viajes, de luchas, de lo que duele extrañar y del sostén de una red ancestral de matronas. Supo de hoteles sin baño y de golpear puertas con carpetas bajo el brazo, y sabe ahora lo que es exponer en museos y merecer premios.  Sabe que si se quiere algo, si se desea fuerte, se logra. Pero no es eso –su biografía– el nudo de su obra. El juego es en el aquí y ahora, y por eso es a la vez suyo y de todos.

Este libro es sobre una crisis pegajosa que no logrará hundirla. Un talismán de biblioteca para sacudirse los pesares. Las páginas vibran, contagiosas y danzantes. Son un resguardo para sus creaciones frente a su propio impulso hacia adelante: las rescata de su propio olvido.

En el transcurrir de las hojas se escurren las penas, revientan en colores las angustias. Se expanden los plexos. Refulgen, solares. Sumergirse en su lírica es un pasaje hacia adentro, rumbo a la propia vitalidad y fantasía.

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2 comentarios en “Antonia Guzmán. Ensayos para una lírica de la vitalidad.

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