Picasso en el Moderno: un artista genial que pensaba en dibujos

Pablo Picasso, uno de los grandes nombres de la historia del arte universal, era un hombre de una pasión desbordada por su quehacer, prolífico durante toda su vida. Sus miles de obras monumentales, sus pinturas, esculturas y murales más conocidos, tienen su origen en los dibujos que continuamente el artista malagueño hacía sobre cualquier papel. Mediante el dibujo, pensaba. Y de su enorme caudal de experimentos surge la muestra que trae al país una selección de 74 piezas escogidas especialmente para ser exhibidas desde mañana en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires bajo el título Pablo Picasso: Más allá de la semejanza.

De ese laboratorio de ideas que son las líneas sobre papel, Picasso guardó bocetos, estudios y magníficas obras en sí mismas. Hay papeles amarillentos y quebrados. Pequeñas maravillas de color en pasteles y collages. Hay planos saturados de tinta y, también, sutiles líneas apenas marcadas.  De cerca, se adivinan los titubeos en lápiz antes de que el boceto fuera pasado a tinta. Se perciben las horas sobre ese papel en los manchones, los roces y los borrones. El pulso en la perfección de una línea. En el dibujo se siente el tacto del artista; su respiración, atrapada entre el vidrio y el paspartú. Todo está ahí.

Retrato de Françoise (1947). Foto: Fernando Massobrio/La Nación.

Retrato de Françoise (1947). Foto: Fernando Massobrio/La Nación.

El Museo Nacional Picasso-París, que recoge su mayor legado, tiene unos 1600 dibujos. “Como parte de la sucesión de Picasso, los herederos donaron obras al Estado en lugar del pago de impuestos. Y para esa dación, un equipo de especialistas eligió las obras”, explica Victoria Noorthoorn, directora del museo y curadora de la muestra junto con Emilia Philippot, del museo francés. De ese universo seleccionaron 500 obras, y de ahí fueron refinando la elección en función del espacio de exhibición y la disponibilidad de las obras. “Llegamos a un conjunto que permite seguir el proceso mental de Picasso en su creación artística a través del dibujo, y mostrar cómo trabajaba desde él para imaginar sus grandes composiciones pictóricas y sus grandes proyectos. El dibujo era el territorio de elucubración”, dice Noorthoorn.

Las que se muestran en El Moderno son obras creadas entre 1897, a sus 16 años, y 1972, un año antes de su fallecimiento. Ordenadas cronológicamente, permiten ver cómo sus investigaciones eran simultáneas y por múltiples vías, lo que contradice a veces las clasificaciones que la historia del arte intenta hacer para periodizar su devenir. El cubismo, por ejemplo, no es una etapa estanca que comienza y termina, sino que en el dibujo se extiende antes y después, como una forma de pensamiento a la que la mano va y vuelve. “El surrealismo empieza formalmente en 1924 con un manifiesto de Bretón, aunque la palabra es inventada por Apollinaire a propósito del ballet Parade en 1917… pero en la muestra vemos un dibujo totalmente surrealista de 1914. Intentamos no volver en las categorías amordazantes que intentan clasificar las obras, sino ver un artista que las trasciende y que tiene un fluir coherente y orgánico”, señala Noorthoorn.

Hombre sentado con bastón y máscara, 1900 – 1901 Pluma, pincel y  tinta china sobre papel vélinde máquina Musée National Picasso – Paris Donación Pablo Picasso, 1979

1. Hombre sentado con bastón y máscara, 1900 – 1901 Pluma, pincel y tinta china sobre papel vélinde máquina
Musée National Picasso – Paris. Donación Pablo Picasso, 1979

Hay dibujos realistas e intimistas de sus primeros años, como Hombre sentado con bastón y máscara (1), de 1900 – 1901, donde se ve la temprana influencia de  Toulouse-Lautrec. Es el Picasso español, en Barcelona, naturalista y figurativo, mirando su entorno. Le sigue un momento introspectivo: “Empieza a centrar su mirada en el ser humano, que es a lo que se va a dedicar toda la vida”, señala la curadora.

El cubismo es toda una investigación a partir de su encuentro con Braque. “Hemos logrado representar distintas facetas del cubismo. Al mismo tiempo realiza sus papiers collés”, dice frente a Guitarrista, de 1912–1913 (2), de una abstracción casi total. Un dibujo de 1907 tiene la misma paleta que Las señoritas de Avignon y es anterior al primero abstracto, aquel de Kandinsky de 1911 donde la historia puso su mojón. Se llama Paisaje relacionado con los «Segadores»: árboles, y recién al leer esa última palabra del título se adivina qué podrían ser esas líneas abiertas. “Picasso, muy joven, es maduro, absorbiendo sus intereses sobre la historia del arte, en diálogo con su entorno y la vanguardia, con la que toma contacto en París”, dice la curadora.

Guitarrista, 1912 – 1913. Lápiz de grafito sobre papel vélin fino Musée National Picasso – Paris. Donación Pablo Picasso, 1979

2. Guitarrista, 1912 – 1913. Lápiz de grafito sobre papel vélin fino
Musée National Picasso – Paris. Donación Pablo Picasso, 1979

Están sus arlequines y retratos de 1920, donde vuelve a la figuración clásica, pero no tanto: “Son figuras alargadas, influencia de El Greco o de Ingres”. En un mismo año hace dibujos realistas, cubistas y surrealistas. Tres bañistas, de 1920 (3), es todo eso a la vez. Es el tiempo en que investiga la herencia grecorromana. Las figuras son colosales y aparecen manos desmesuradas: “Parece más una mirada interna, a diferencia de la externa del cubismo”. Una cabeza flotando en el agua es totalmente surrealista. “Construye dibujos mentales, una presentación de las ideas”, piensa Noorthoorn. Esa línea desfigurada, de cabezas chicas y extremidades grandes, como en Mujer sentada en un sillón, de 1926, no puede dejar de relacionarse con Tarsila do Amaral. “¿Quién estará mirando a quién?”, se pregunta Noorthoorn.

Tres bañistas, 20 de agosto de 1920 (Juan-les-Pins) Pastel sobre papel vélin Musée National Picasso – Paris. Donación Pablo Picasso, 1979

3.Tres bañistas, 20 de agosto de 1920 (Juan-les-Pins) Pastel sobre papel vélin
Musée National Picasso – Paris. Donación Pablo Picasso, 1979

En La Quimera, de 1935, (4), se adelanta al Guernica: la animalidad de la guerra. En ese caso es un grifo, pero la bestialidad de esos tiempos está representada en felinos, minutaros y toros que atacan mujeres. Hay un dibujo del período de seis meses en los que Picasso abandona todas las disciplinas menos ésta, durante el franquismo. Aparecen palabras en francés y español.

Quimera, 24 abril de 1935 (Boisgeloup) Pluma y  tinta china sobre papel verjurado Musée National Picasso – Paris. Don Bernard Ruiz-Picasso, 1999

4. Quimera, 24 abril de 1935 (Boisgeloup). Pluma y tinta china sobre papel verjurado. Musée National Picasso – Paris. Don Bernard Ruiz-Picasso, 1999

También están sus mujeres, como Retrato de Françoise, 1947 (5). Es uno de sus últimos amores, y el retrato tiene un rasgo del lenguaje picasseano: las dos visiones sobre un mismo objeto superpuestas. Hay también retratos de su amante, Marie-Thérèse Walter, y su hija Paloma. Son todos dibujos que Picasso conservó. En el catálogo, se lee una cita del artista: “…me divierto enormemente inventando cosas y me paso horas enteras, dibujándolas, viendo y pensando qué hacen mis personajes. En el fondo, es una manera de escribir historias”.

Retrato de Françoise, 1947 Carbonilla sobre papel vélin de dibujo  Musée National Picasso – Paris. Donación Pablo Picasso, 1979

5. Retrato de Françoise, 1947 Carbonilla sobre papel vélin de dibujo
Musée National Picasso – Paris. Donación Pablo Picasso, 1979

Berni

No es casualidad que la muestra de dibujos de Picasso coincida con la de los 400 dibujos encontrados de Antonio Berni. Dos grandes maestros trabajando en una misma disciplina.  “Le dije al director del Museo Picasso, Laurent Le Bon, que para nosotros tenía sentido la muestra de Picasso si la podíamos ubicar en el calendario en paralelo a la muestra de Berni, para mostrar en el año de nuestro 60 aniversario a un grande del arte argentino en diálogo con un grande de la historia universal. Dos grandes artistas, que entrarán en diálogo con una gran artista contemporánea, Tracey Rose, sudafricana, referente del arte político de hoy”, dice Victoria Noorthoorn.  Antonio Berni. Revelaciones sobre papel. 1922-1981, está ordenada por temas, y no sigue un orden cronológico. En 222 dibujos, ilustraciones, bocetos para sus pinturas, grabados y murales atraviesa toda su carrera: desde los paisajes tempranos realizados en las afueras de Rosario, alrededor de 1922, hasta los bocetos para sus murales de la capilla de San Luis Gonzaga en Las Heras, Provincia de Buenos Aires, fechados en 1981, año de su muerte. “Es el territorio que, en varios sentidos, muestra su ritmo de trabajo y sus intenciones: sus grandes piezas estuvieron acompañadas por ciclos de dibujos como obras en sí mismas y otros funcionales como bocetos y apuntes”, dice el curador, Marcelo Pacheco. Entre las dos salas, hay otra más para ver, que también remite a la historia del arte: Formar mentalmente una máquina, de Hernán Soriano, que opera sobre litografías del siglo XIX. Imágenes de la historia del arte occidental que Soriano dibuja, duplica, corta y traslada. Lo mismo que tantos antecesores: el arte se nutre, muchas veces, de sí mismo.

Datos: Pablo Picasso: Más allá de la semejanza. Dibujos de la Colección del Musée national Picasso-Paris seleccionados con el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. En Avenida San Juan 350, de martes a viernes de 11 a 19 hs. Sábados, domingos y feriados de 11 a 20. Entrada general: $20. Martes: gratis.

Publicado en La Nación, Cultura, 17/11/16. Link: http://www.lanacion.com.ar/1956888-picasso-en-el-moderno-el-lado-b-de-un-artista-genial-que-pensaba-en-dibujos.

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