La utopía de un arte federal: talento disperso que crece en red

Una escena del arte no centralizada, compleja, con coleccionistas y galeristas activos en todo el territorio del país parece hoy una utopía. Pero ese sueño va tomando forma en buena medida gracias al tesón de los artistas: el talento está disperso en todo el mapa y donde no hay mercado, los creadores generan sus espacios de trabajo y exhibición. Al calor de programas oficiales con vocación federal y de las escuelas de arte, espacios culturales, salones nacionales, asociaciones de artistas, galeristas, coleccionistas y algunos museos de arte contemporáneo, o bajo la influencia de festivales y ferias, el arte va abriéndose paso y teje su propia red.

Las situaciones son desparejas. Córdoba tiene su propio sistema, con coleccionistas comprometidos, galerías con décadas de trayectoria, escuela y tradición propias, artistas de carrera internacional y una rica red de espacios emergentes. La existencia de Mercado de Arte es ya un indicador: “El sistema todavía es frágil en relación con escenas más consolidadas –analiza Gustavo Piñero, artista y curador de la feria–. Hay un enorme potencial para que sea sustentable, pero es necesario el factor tiempo para el desarrollo de políticas públicas y acuerdos privados para tener un funcionamiento más estable para el trabajo de los artistas, colectivos autogestionados y las galerías. Hay que seguir haciendo relevamientos y acuerdos ciudad-ciudad”.

Rosario también es rica en artistas y tiene un puñado de salas de exhibición donde los artistas encuentran cobijo, además de su propio circuito off, diverso y ocurrente. Hay artistas, escritores, gestores, editores y pensadores en constante ebullición. La Semana del Arte –lo mismo que hace pocos días hizo el Festival de Poesía– los saca a la calle y celebra su existencia, con una serie de intervenciones urbanas que tomarán la ciudad del 23 al 30 de octubre.

Javier Joaquìn/La Nación

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Los festivales y bienales como aquellos marcan un hito en el mapa y en el calendario. Resistencia tiene su Bienal de Escultura y Ushuaia su Mes del Arte Fueguino. En octubre, Bariloche festeja su Mes de la Fotografía y Tucumán, la Bienal de Fotografía Documental. “Desplazar el eje hacia el norte y atrevernos a generar un espacio internacional fuera de Buenos Aires fue todo un desafío –dice Julio Pantoja, su organizador–. Internet fue la clave. La comunicación en tiempo real y la posibilidad de jugar de igual a igual, al menos en lo internacional, es determinante. Paradójicamente, en la Argentina todavía pesa demasiado el puerto. La Bienal ubicó a Tucumán en el concierto de la fotografía argentina y es un vínculo directo entre los autores y el circuito porteño que por mucho tiempo seguirá oficiando de circuito argentino”.

Otras ciudades tienen lo que algunas capitales de provincia no: una cantidad de jóvenes artistas que abren sus propios espacios. A veces surgen amparados por facultades de artes prolíficas, como es el caso de Oberá, en Misiones, que tiene su propio museo (Museo FAYD) y el de Rafaela, San Fe, donde organizan hace doce años la Feria Itinerante de Arte Contemporánea. También los museos pueden ser dinamizadores, como el de San Juan. En el Museo Franklin Rawson los artistas locales tienen una sala exclusiva para ellos e iniciativas que los convocan, como la Noche del Dibujo, que el 23 de septiembre pasado contó con modelos en vivo, DJ y muchos dibujantes. Al contrario, en Mendoza, el museo lleva más de un año cerrado por falta de mantenimiento (y de voluntad política), y los artistas se nuclean en  refugios como Montaña, Casa Colmena e Imagen Galería. “Mendoza estaba fragmentada. Pero durante 2015 empezaron a emerger distintas iniciativas donde compartir y  problematizar la situación de las artes visuales, en asambleas, clínicas espontáneas y muestras en espacios independientes”, cuenta la artista Clara Ponce, al frente de Monatña.

El Sistema de Información Cultural de la Argentina (SINCA, http://www.sinca.gob.ar) –un INDEC de la cultura–, ofrece mapas y estadísticas por rubro, pero no aparecen cifras específicas del área de artes visuales, más que visitantes de museos y exportaciones de obras de arte (las poquísimas que se registran en blanco). La base a datos está en formación. Pero hay ciertos números en el aire. “El 80 por ciento de los artistas son gestores. La mayoría no está contenida por instituciones, y por eso crean sus propias instituciones, vínculos y relaciones”, dice Fernando Farina, que desde el Fondo Nacional de las Artes (FNA) recorrió buena parte del país y organizó un encuentro de cinco días en Rosario en 2015 en el que participaron 40 artistas autogestionados, que aún siguen conectados por redes sociales. “Hace varios años que se viene construyendo una red que da dimensión a una escena federal, una construcción de territorio sostenida por diferentes generaciones de artistas y gestores de todo el país, que se vio relevada y fortalecida por diferentes iniciativas y organismos como Antorchas, Trama o la última gestión del FNA”, cuenta.

De aquel encuentro rosarino nació la agrupación Consorcio Corrientes, colectivo de proyectos de gestión que propone hacer visible la producción artística local. La integran colectivos litoraleños como Yungas Corrientes, Limbo – Visitante/Local, Leo Tours, La Espejería, Play-Semana de Videoarte y Vivero Subtropical. Otra red es Minga, integrada por los espacios autogestionados de todo el país como Manta, Curadora, Rusia, Limbo, Cstll569, Diagonal, Trillo, Casa 13 y La Mandorla. Desde el encuentro en la última edición de Mercado de Arte, en Córdoba, también nació un grupo de Residencias de Artistas de todo el país. “Más de quince seguimos en contacto. A partir de algunos consensos generamos encuentros con organismos oficiales. Queremos consolidar una red y volver a encontrarnos. Las redes sociales ayudan a mantenernos comunicados”, cuenta Pablo Caligaris, uno de los integrantes. Un antecedente es TRAMA, plataforma de cooperación para la autogestión artística creada en 2000 por Claudia Fontes,  próxima enviada a la Bienal de Venecia.

Hoy el FNA tiene a la cabeza a Carolina Biquard, que centra su administración en el otorgamiento de beneficios y líneas de ayuda financiera. “Somos un fondo financiador del arte y la cultura de todo el país. Todas las líneas –becas, concursos, subsidios y préstamos– tienen como prioridad apoyar a los artistas de las provincias. El objetivo es otorgar premios en un 70% a la provincia y un 30% a la ciudad de Buenos Aires”, señala. Para federalizar su alcance, todas las aplicaciones son digitales, en el sitio http://www.fnartes.gov.ar, y para consultas, hay una línea gratuita 0800-333-4131. A Salta, Jujuy, Chaco, Bahía Blanca, Córdoba y Ushuaia ya llegaron los Encuentros del Fondo, charlas informativas. “En estos últimos cuatro meses, se inscribieron casi 19.000 artistas. El 70% de los inscriptos son del interior”.

El Ministerio de Cultura de la Nación también se declara con vocación federal. “Nuestra tarea tiene que ver con estimular el ecosistema cultural y creativo del país –dice Enrique Avogadro, Secretario de Cultura y Creatividad–. No nos enfocamos en la generación de eventos, sino en un trabajo en red con provincias y municipios, universidades y el campo de la cultura pública no estatal (centros culturales, salas de teatro independientes, residencias de artistas y otros fenómenos colectivos). Todos viajamos todo el tiempo, porque no podemos pensar el país desde Buenos Aires. Y apuntamos a fortalecer a los actores locales. Para desarrollar ese ecosistema cuadruplicamos los fondos del FNA y este año lanzamos más de 50 convocatorias, con subsidios para la movilidad, difusión e infraestructura, además de jerarquizar al equipo de Integración Federal. Si estoy en una ciudad chica pero estoy bien conectado, porque todo se tramita a través de Internet, tengo la capacidad de aprovechar herramientas y pensar en la identidad local, que es lo más fascinante y complejo”.

Otra lógica era la del programa Argentina Pinta Bien, que comenzó en 2003 organizado por el Centro Cultural Recoleta, su Asociación Amigos y la Fundación YPF (dirigido por Alberto Petrina, Liliana Piñeiro y Claudio Massetti, sucesivamente). Tras un relevamiento de la producción plástica local, un curador organizaba exposiciones y producía catálogos en cada provincia y después las traía a Buenos Aires. “Quedó trunca la tercera etapa, que incluía Buenos Aires, provincia y ciudad. Fue un programa muy abarcativo y federal. Ojalá se retome”, dice Magdalena Cordero, presidenta de la asociación.

Javier Joaquín/La Nación

Javier Joaquín/La Nación

“El talento está repartido en todo el país, pero es muy diverso. Por eso a veces ayudamos con estímulos directos, y otras veces trabajamos a través de agentes intermedios, para lograr una permanencia en el tiempo”, dice Avogadro. Y detalla algunos programas vigentes: “Puntos de Cultura apoya ONGs en zonas vulnerables. El de Gestión Cultural Pública busca formar funcionarios. El programa Festejar organiza por concurso la ayuda a las fiestas populares, que antes era a discreción. Por Plataforma Futuro apoyamos la creación artística inédita de base interdisciplinaria. Escena Pública vincula artistas consagrados y emergentes a través de las universidades, que son centrales”. En artes visuales observa un problema de fondo, que es la cadena de valor. “Algunos son problemas generados por el Estado. Pusimos en marcha mesas sectoriales para revisar temas como monotributo para artistas, exportación de arte, el blanqueo de obras de arte y esperamos que salga pronto la ley de Sistema Nacional de Desarrollo Cultural –ley de Mecenazgo– para todo el país”, señala.

Los emprendedores son un foco de la gestión Pro. “Emprender un proyecto cultural auto sustentable es un desafío que requiere herramientas como diseño, identidad, plan de negocios, estrategias de financiamiento, construcción de redes y comercialización”, dice Andrés Gribnicow, Subsecretario de Economía Creativa, al frente del programa Fábrica de Emprendedores que ya pasó por Tandil y Neuquén. “Vamos a dejar capacidades para que nunca más nadie tenga que mudarse a la capital para vivir de lo que realmente le gusta”, dice optimista.

En la tensión global-local que tan bien maneja la Bienal Unasur –en mayo pasado, el sexto Encuentro Abierto Sur Global ocurrió simultáneamente en Tucumán, Berlín y Asunción–, se refleja en la biografía de muchos artistas que cruzan las fronteras sin pasar por el dichoso puerto. Valeria Conte nació y se formó en Buenos Aires, pero emigró a San Martín de los Andes hace doce años, para encontrar el eje de su trabajo. “Creo que en ese momento era más fácil estar afuera del centro para ser vista, había una apertura a lo provinciano, comprendido como natural y exótico. Descubrí que era mucho más sencilla la gestión en un pueblo pequeño, donde te cruzabas con el intendente en el supermercado. Al principio me fue difícil relacionarme con los artistas locales porque yo traía un modo de formación artística a partir del diálogo, del confrontar ideas y formas de hacer. Y acá en San Martín de los Andes, todavía se consideraba que el artista producía sólo en su taller, junto a sus musas (esto lo sentí también el otoño pasado en una residencia en Seúl, Corea). Pero a media que pasaron los años hubo programas como TRAMA, las clínicas de FNA, y muchas gestiones que realizamos entre artistas de la región, y hemos construido como hormigas una plataforma sólida de diálogo”.

Hay proyectos itinerantes, que dan impulso a la interconexión. Proyecto Yungas, a  cargo de Raúl Flores, se instala por ocho meses en ciudades del país y realiza clínicas para artistas locales. Esos grupos quedan después activos: en Córdoba, los ex-becarios siguen trabajando juntos en el espacio autogestionado Casa Flores. Tuvo ediciones anteriores en Mendoza, Tucumán y Corrientes, y este mes comenzó la residencia en Tigre. “En cada ciudad hay proyectos independientes que parecen invisibles para el funcionariado. Eso ha dado escenas muy ricas. Funcionan de manera similar, muchas veces: un pequeño grupo logra alquilar un espacio para trabajar y mostrar”, cuenta Flores, viajero frecuente. “Lo único que tiene monopolizado Buenos Aires es la formación en programas de artistas como la Di Tella. Las universidades dan sólo formación técnica y en general sirven para conocer colegas, que dan origen a esas mini-células de arte contemporáneo”, dice Flores. “Hay que formar profesionalmente al artista, al funcionario y crear futuros clientes… y no repetir la fórmula yerma de los porteñitos que no saben ni dónde queda el kiosco, que vienen, tiran cuatro tips que no se pueden aplicar y se retiran hasta el año que viene. Hay que pensar a largo plazo”, opina.

Residencia móvil, coordinado por la artista rosarina Yuyo Guardiol desde 2009, es un viaje de estudios para artistas. “Elegimos una ciudad para investigar su escena, contactar a sus artistas, espacios de arte e instituciones. Este año vamos 15 personas a Tucumán en combi. El año pasado viajamos artistas de Córdoba, La Plata, Tucumán, Buenos Aires, Rafaela y Rosario”, cuenta Guardiol. La convocatoria cierra el 30 de octubre (espaciocasa.contacto@gmail.com), y un jurado definirá el contingente de viajantes.

Ruta de Murales (www.rutademurales.com) es otra iniciativa federal: desde abril, lleva recorridos 3575 kilómetros para capacitar a 120 asistentes en laboratorios creativos y de aprendizaje dictado por tres artistas urbanos. Pasaron por las ciudades de Santa Fe, Corrientes, Posadas, Salta, Santiago del Estero y Córdoba, y los próximos destinos, Mar del Plata, Tandil, Bahía Blanca, Trelew, Rio Grande, Ushuaia y Neuquén.

El recorrido por el territorio nacional puede llevar de la euforia a la desolación. Gustavo Nieto es tucumano y expone en Pasto, galería de Barrio Parque. En su ciudad, abrió Rusia, uno de los pocos espacios para el arte contemporáneo. “La escena de Tucumán está atravesada por una crisis institucional crónica. Sin embargo, gracias en parte a la Facultad de Artes y a los proyectos de gestión independiente, se generó una producción artística prolífica y de gran calidad, en medio de un estado de precariedad, que posibilitó un maravilloso campo para la experimentación”. Nieto comienza a ver ciertos claros de luz: “El Gobierno de la provincia lanzó un programa de adquisiciones para la Casa de Gobierno. Va a comprar 30 obras de artistas vivos por $ 30.000 cada una. Genera una noción colectiva sobre el precio de una obra; el mercado de arte que es bastante incipiente en la provincia”.

En Resistencia el panorama es bueno, según la artista y gestora Beatriz Moreiro. “Hay muy buenos artistas, con prácticas interesantes y diversidad de lenguajes. Tienen amplia repercusión y la gente va a las inauguraciones, pero no existe la cobertura de medios nacionales. A veces el apoyo oficial va a un grupo reducido. A los gobernantes les falta información. Existe una formación universitaria excelente y permanentes cursos de capacitación, movimientos independientes y espacios de autogestión. En esta provincia, los buenos artistas se quedan, y desde aquí trabajan para el país. Esta provincia fue la primera del país donde se puso en vigencia la Ley de Mecenazgo, con resultados muy buenos”.

Moreiro curó con Matilde Marín el año pasado un festival en Corrientes con artistas de cuatro provincias, La Gran Sombra. “Corrientes, una provincia con historia y tradiciones arraigadas, está creciendo a pasos vertiginosos, con la creación de museos y ferias. Desde el Centro Cultural Universitario se produce una movida artística muy relevante, como el Mes del Videoarte. La escena se abre a lugares alternativos y de gestión privada y una interesante fusión de las artes visuales con el diseño gráfico, la música, el cine, la literatura y la artesanía. En líneas generales las cuatro provincias litoraleñas crecieron a pasos agigantados  en prácticas contemporáneas, desde las famosas becas de La Fundación Antorchas, con clínicas de artistas muy importantes; los encuentros Nacionales y Sudamericanos de Grabado, entre 1992 y 1997, y las Becas y Programas del FNA. Dispararon el crecimiento de las prácticas de arte contemporáneo en la región. Un arte federal es posible y necesario”.

El problema más de fondo tiene que ver con la legitimización. Farina, que integró el comité de selección de la Bienal de Venecia este año y fue el curador del envío de la obra de Nicola Costantino en 2013, lo analiza: “Espero al menos que exista una redefinición de lo que se suele llamar arte argentino, que a lo largo de años ha sido el realizado o legitimado en Buenos Aires. Muchas veces son las propias escenas las que carecen de mecanismos de legitimación y se manejan con la lógica del colonizado que necesita el reconocimiento del colonizador para ‘existir’. Otras veces la legitimación se desarrolla a partir de ciertas creencias (en general conservadoras, muchas veces ‘oficiales’) que utilizan parámetros arcaicos. A eso se suma la falta de instituciones que trabajen en la legitimación o su poca conciencia y profesionalismo. Y por supuesto la falta de la difusión y reconocimiento de los medios, y el descrédito de la crítica. En el arte actual el mayor (en muchos casos único) agente legitimador es el mercado (o la ficción del mercado), lo que hace que en las escenas donde no existe un mercado (casi todas), difícilmente se puedan constituir parámetros de legitimación”. Han comenzado a aparecer otras formas de circulación y comunicación. “Se van generando redes (en gran medida auxiliadas por internet) y otras maneras de hacer. La aparición de espacios alternativos genera otro tipo de circuitos, que escapan inclusive a los límites geográficos del país, y avanzan con un formato novedoso”. Hay mucho por hacer.

tapa-ideas-federalPublicado en La Nación, Ideas, 16/10/2016. Link: http://www.lanacion.com.ar/1946764-la-utopia-de-un-arte-federal-talento-disperso-que-crece-en-red

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