Norah, Xul Solar y los retratos más famosos de Borges

En la muestra multidisciplinaria muestra sobre Jorge Luis Borges que abre hoy al público en el CCK hay tres secciones para no perderse: las salas dedicadas a su amistad con Xul Solar y a la obra de su hermana, Norah Borges, y el capítulo fotográfico, entre otras que relacionan al escritor con el mundo de las letras, el arte contemporáneo, la matemática y otras ciencias, el cine, sus viajes y sus laberintos.

Borges. Ficciones de un tiempo infinito abarca 12 salas y a más de 80 artistas de las más variadas disciplinas, y un conjunto de actividades complementarias, coordinados por la directora de Artes Visuales del CCK, Gabriela Urtiaga. “No hay un recorrido específico, cada uno puede ir siguiendo sus pistas. Con el tiempo se irán sumando más obras y actividades participativas”, invita.

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“El interés de Borges por el arte está presente en sus primeros textos. Numerosos escritos rinden cuenta de los cruces entre las palabras y las imágenes”, señala la curadora Ana Martínez Quijano, responsable del núcleo pictórico coetáneo del escritor (sala 1, segundo piso) y de reunir 12 obras de Norah Borges otra vez (ya lo había hecho hace 20 años en el Centro Cultural Borges). Conviven con cuatro obras de Pedro Figari y de Emilio Pettoruti, revistas literarias de la vanguardia española y argentina, tapas como la de Fervor de Buenos Aires (diseñada por Norah) y otros documentos.

Discreta, protagonista en su tiempo, valorada antes y ahora, la obra de la hermana de Borges es a la vez dulce, poética y vanguardista. La poeta Gabriela Mistral la describió en las páginas de LA NACION en 1935: “Los colores de Norah no quieren ir tan lejos que parezcan intelectuales o esotéricos. Se quedan complacidos de pintar este mundo, pero en su piel de infancia, en sus facciones sin años”.

“Cuando de jovencitos llegaron a España, después de haber estado en Suiza… ella conquistó a todos los vanguardistas. Los ultraístas la amaban, y ella no había cumplido los 20 años. Era bonita, y una artista increíble”, cuenta Martínez Quijano.

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“Quizás el único cosmopolita, ciudadano del universo que he conocido, fue Xul Solar”, declaró una vez Borges en un discurso incluido en Textos recobrados(1956-1986). El vínculo del artista con el escritor mereció otra sala, curada por Gabriela Rangel con tesoros del Museo Xul Solar (sala 1, cuarto piso). Se ven rarezas en tres vitrinas, como las cartas astrales de la familia Borges realizadas por el artista, ediciones y documentos de colaboraciones conjuntas, fotos y cinco pinturas que hablan de los intereses comunes: la metafísica, lo fantástico, el idioma, la traducción, la cita…

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“Me interesa esta amistad por el canon literario que construyó y porque pasó por muchos bemoles, pero se mantuvo en el tiempo, muy fructífera. Un diálogo de 40 años. Borges siempre hablaba de él”, señala Rangel. Están las 24 cartas de tarot, una edición del I Ching iluminada o intervenida y también la caja con las 110 fichas del panajedrez: “Un juego que maravillaba a Borges y que sólo Xul lo podía jugar”.

La fotografía es otro abrevadero borgeano. En dos salas del cuarto piso, curadas por Sergio Baur, se exhiben retratos y vistas de la ciudad tomados por Pepe Fernández, Eduardo Comesaña, Sara Facio, Diane Arbus, Grete Stern, Alicia D’Amico, Julie Méndez Ezcurra, Daniel Mordzinski, Pedro Luis Raota, Rogelio Cuellar y Richard Avedon. “El escritor está atento a la fotografía como un arte y también como parte y espejo de la memoria, tema que resulta recurrente en toda su obra”, señala el curador desde El Cairo, donde se desempeña como embajador. Se exhiben nueve fotografías de Horacio Coppola, de la serie que fue incluida en el libroEvaristo Carriego, publicado por Editorial Gleiser en 1930, préstamo de la galería Jorge Mara-La Ruche. Y un correlato actual: Alberto Goldenstein reelabora la mirada que el joven Borges plasmó en Fervor de Buenos Aires.

“Mi actitud como fotógrafo es siempre desde el extrañamiento, cierta fascinación y una impronta de registro de época. Fotografío Buenos Aires desde adentro, desde sus tripas, como un organismo que nos contiene. En el siglo XX se la fotografiaba como un paisaje sorprendente, nuevo o misterioso. Pero ya no la veo como una estructura artificial y exótica: hoy la ciudad es mi naturaleza”, cuenta Goldenstein.

Hay un libro del fotógrafo alemán Gustavo Thorlichen, La República Argentina, de 1958, que Borges prologa. “Aborda por única vez el tema fotográfico en sentido teórico con su habitual lucidez”, señala Baur. Ahí se lee: “Si el ojo es una suerte de cámara, ésta es inversamente una suerte de ojo y es irrazonable negarle participación en tareas estéticas. La cámara es un poco más que el hombre que la maneja; detrás de una función estética hay siempre una función documental”.

IMG_20160614_092453951Publicado en La Nación, Cultura, 14/6/16. Link: http://www.lanacion.com.ar/1908655-norah-xul-solar-y-sus-retratos-mas-famosos

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