Marina Curci. Botánica.

Conocí el trabajo de Marina Curci en una exposición en la galería Ro Art. Entonces, sus flores estaban desplegadas en muebles y paredes, y a mí me daba la impresión de estar adentro del gabinete de algún naturalista de hace dos siglos. Esas vitrinas inventadas y la precisión de las especies trasmitían una delicadeza perfecta, una exactitud taxonómica. Daban ganas de quedarse.

Ahora, en el libro, las flores respiran entre sus páginas, desprenden un perfume real (no puede ser que salga sólo de esa hoja de naranjo y esa echirum que dan la bienvenida al comienzo). Este libro es vegetal, alguna vez fue árbol. Quizás de ahí vengan esas ganas de olerlo y acariciarlo, o será una imagen transitiva que entra por los ojos. Todo lo que pinta Marina es bello, es táctil. Perfuma.

Marina es una apasionada de las flores tanto como de la pintura. Es fácil imaginarla en la alta montaña, conmovida ante un brote reciente, en el Lago Moquehue pintando perezias o a bordo del Irízar, yendo a buscar la última sobreviviente floral de la Antártida. O de chica, robando flores en el jardín de su abuela para llevarlas a su terraza. Hay un respeto: la copia fiel, el nombre científico, verdadero. En su espíritu de botánica hay además placer estético; un regodeo de colores y de formas. Con el dominio de la acuarela logra dar carnadura al pétalo del hibiscus, la begonia, la stapelia, el pensamiento.

Una vez Marina me contó que, para ella, en las flores hay una especie de autorretrato. “La flor no es la flor. La flor es cómo se la mire”, dijo entonces su maestro, Guillermo Roux. Y explicó: “Todo está en la flor. Pintar un ramo de flores es pintar el mundo. Las flores son zonzas cuando son sólo flores. Tiene el peligro de ser bellas en sí mismas. Son bellas mujeres. Hay que pintarlas con la seriedad de un desnudo. Porque lo son”. Con seriedad, sí, y con un profundo autoconocimiento, Marina pinta flores y pinta una parte de su ser (su fibra vegetal y paisajística, o toda su alma). Es una felicidad poder mirar su trabajo en estas páginas, llevarlo bajo el brazo, para salir, como ella, a descubrir nuevas especies.

curci1Texto escrito para ser leído en la presentación del libro de Marina Curci, abril 2016.

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