Artistas en residencia: cambiar de ciudad para inspirarse más

A través de becas y programas especiales, jóvenes creadores de distintos lugares del mundo coinciden en Buenos Aires por un tiempo para desarrollar su obra; comparten taller, experiencias y tejen redes

Clara Imbert nació en París, vive y trabaja en Londres, y pasó el último mes fotografiando a los vecinos de Villa Crespo. Después distribuyó copias de los retratos por las calles, para que sus “modelos” puedan encontrarse a sí mismos barriendo la vereda o cuando salen del supermercado. Durante su estadía como “artista en residencia” hizo una instalación con marcos y bastidores, pero también ganó amigos, recorrió la ciudad y, sobre todo, creó redes.

Como ella, cada vez son más artistas que cambian de ciudad para inspirarse: extranjeros que eligen Buenos Aires, artistas de provincias que pasan temporadas en la ciudad, o porteños que buscan aislarse en entornos naturales. Las residencias crecen en número y variedad para ofrecer lugares donde trabajar y a veces también donde dormir. Pero sobre todo, dan la posibilidad de salirse de contexto, concentrarse en una obra las 24 horas del día y enriquecerse con la mirada del otro, al salir de la soledad del taller propio. Después, quedan vinculados en una comunidad global de artistas en tránsito, donde prima la cultura de la generosidad, que es como mejor se vive.

El espacio compartido en La ira de Dios. Al frente, obra de Germán Sandoval.

El espacio compartido en La ira de Dios. Al frente, obra de Germán Sandoval.

En La Ira de Dios comenzaron hace un año el programa por el que más de 30 artistas internacionales que trabajaron con artistas argentinos del interior y de Buenos Aires. Clara compartió el espacio con Germán Sandoval, de Caracas; Tim Coleman, de Seattle; Néphéli Barbas, griega residente en París, Adan Geczy, un profesor de Sydney, y Gustavo Nieto, tucumano recomendado por el programa Yungas para una beca del Fondo Nacional de las Artes (FNA).

El viernes pasado abrieron el estudio para compartir el trabajo realizado con el público y sus nuevos amigos, vecinos, galeristas, curadores. La Ira no dispone de alojamiento propio, pero acomoda a sus huéspedes en casas particulares de amigos. Y en el espacio de trabajo en común comparten la vida con varios artistas más  que alquilan atelieres en el mismo espacio. Participaron en actividades, visitas especiales a museos y encuentros con referentes locales, y cumplieron  un taller de investigación con curaduría de Guido Ignatti que culminó con el estudio abierto. “Las convocatorias son internacionales, y cuestan 900 dólares con un mes de alojamiento, pero siempre sumamos artistas argentinos becados”, cuenta Carolina  Magnin, directora junto con Pablo Caligaris.

Por su parte, URRA, que lleva seis años funcionando en la ciudad con sedes temporarias en el Distrito de las Artes, está de fiesta: pasado mañana inaugurará su primer edificio dedicado solamente a residencias de artistas. Aliado frecuente de arteBA y con intercambios con Basilea y Londres, en los últimos seis años recibió 104 artistas de 24 países. Su nueva casa está en Tigre, alejado pero accesible, donde logró la combinación ideal de alojamiento y talleres en un mismo lugar. “Tratamos que siempre sean sin cargo para los artistas. Para venir los ayudamos a conseguir becas, auspicios o padrinos acá o en sus países de origen, para pasajes y materiales. Esto no es un hotel”, explica Melina Berkenwald, coordinadora de URRA, que pertenece a Fundación Veria y recibió el edificio en comodato de la desarrolladora Nuevo Urbanismo, con intereses en la zona.

“Tres meses es un tiempo ideal para venir a trabajar a un lugar tranquilo, afuera de la ciudad pero cerca y a un paso del Delta”, cuenta. En los próximos meses se abrirá la primera convocatoria oficial, pero siempre llegan artistas fuera del calendario oficial y hay artistas por invitación, como Fernando Sucari, que estará en mayo por la Bienal de Arte Joven, y artistas que producirán ahí sus proyectos para arteBA, como Luis Hernández Mellizo (Bogotá). Ya está en eso, junto con Martín Carrizo (Córdoba), estrenando cuartos privados con sommier y aire acondicionado mientras que preparan muestras y ayudan a poner a punto el edificio.  “La residencia te da herramientas para pasar a una nueva etapa en el proyecto personal. Para mí fue como una entrada al contexto artístico argentino”, Hernández Mellizo, reincidente en URRA. Su ambición ahora es habilitar el espacio, ordenando las herramientas en un tablero-obra. “Es parte de la experiencia. Para mí no hay ningún problema en agarrar una pala y ensuciarse un poco”, dice.

La artista Lucrecia Urbano abrió su casa para llenarla de artistas y enriquecer a su paso a la comunidad de Villa Jardín. Cuarenta chicos de ese barrio son alumnos becados, que aprenden arte, fotografía, serigrafía, historieta, cerámica o la disciplina que enseñen los residentes, que ya suman 75 de países tan diferentes como Jordania, Taiwán y Brasil. Dar clases a los chicos es lo único que pagan por hospedarse en la casa de Zona Imaginaria, como se llama este espacio lleno de luz, flores y chicos, donde se aceptan residentes con mascotas y la cocina siempre huele a aromas exóticos. Antes, en esa calle quisieron levantar un muro para dividir San Isidro de San Fernando, y de ahí quedó el nombre. “Soy una bisagra entre un lado y el otro. En el taller de arte se juntan chicos de los dos lados y entran en relación con el mundo. El arte es un pasaporte unificador”, dice Urbano.

Verónica Gómez, por ejemplo, se dedicó a retratar las mascotas de los pequeños aprendices, que después se expusieron en el Museo Sívori. Lorraine Green, barilochense, hizo un relevamiento de la flora de los jardines vecinos y dio un taller de acuarela. Y el brasileño Ernesto Bonato pasó horas dibujando con los chicos el barrio. Se sentaba en el piso y repartía cuadernos y lápices a quien quisiera acompañarlo. Después con sus retratos armaron barriletes y los remontaron. “Esas cosas hacen que el círculo cierre y tenga sentido el proyecto”, dice Urbano.

La semana pasada terminó la residencia de verano ¿Quién puede vivir en esta casa?, con artistas de Buenos Aires, La Plata y Tucumán, y ya están llegando la siguiente tanda de artistas: Lorena Hernández (Colombia), Jérémie Kalil (Francia) y Dominique Vispo (Argentina). La solidaridad es constante. La solidaridad es constante: ya había taller de gráfica, prensa para grabado, horno de cerámica, llegaron pilas de papeles para usar y la artista Rosana Simonassi donó un laboratorio de revelado, que ya estrenó Dannisa Chalfoun en su mes en ZI. “Al compartir con otro ves mejor cómo podes crecer. Es una necesidad encontrar estos espacios nutritivos de encuentro con pares que te permiten trabajar en tu proyecto”, piensa Urbano.

Tendai Willkinson en atelier Gustavo Amenedo

Tendai Willkinson en atelier Gustavo Amenedo

Otro modelo es el de R.A.R.O., organizados por dos colombianos y una española (Lina Ángel, Felipe García y Almudena Blanco), propone a extranjeros hacer residencias itinerantes como huéspedes en talleres de artistas locales. La relación es uno a uno. Durante enero, Tendai Wilkinson hizo pinturas de gran formato en el atelier de Gustavo Amenedo y grabado en Khalkos, con la guía de Mauricio Klau y Alejandra Dorsch. Ahora y hasta el 10 de marzo está abierta la convocatoria subsidiada por FNA para artistas de provincias para trabajar dos semanas en atelieres de artistas a elección. Incluye seguimiento, registro y difusión de la residencia, subsidio para materiales o transporte y una muestra final (bases, http://www.esraro.com/).

Los organizadores de estas residencias son artistas, primero, y gestores culturales, después. “La solidaridad y el trabajo en equipo se ven favorecidos y es productivo. Los artistas en general no se conocen, pero hubo casos en que terminan el mes haciendo trabajos en conjunto para la muestra final. Está el ego del artista, que tiene que compartir el espacio. Se ayudan mucho entre sí, en cuestiones de materiales y técnicas, pero también con la mirada del otro. Los grupos de WhatsApp continúan activos mucho tiempo después”, dice Magnin. Hay muchos reincidentes, que vuelven fuera del programa oficial. “Dentro de los proyectos que funcionan en el mundo del arte, las residencias respaldan la producción del artista desde el lugar del taller: inspira, ofrece lugar de trabajo para pensar obra nueva y producirla y para interactuar con otros artistas e interlocutores. Son espacios de creación. No son lugares expositivos y de venta, como galerías y museos, ni de educación como las escuelas y talleres, aunque todo eso pueda pasar durante la residencia. Salir de tu lugar de confort te obliga a revisar tu obra. Y la visita de artistas internacionales oxigena la escena”, señala Berkenwald. “Cuando es internacional, está el plus de que conocés un lugar, te dislocás de tu espacio y encontrás lecturas de tu obra aisladas del circuito local”, completa Urbano.

los cuatro diresctores de residencias Pablo Caligaris y Carolina Magnin (IRA), Lucrecia Urbano (ZI) y Melina Berkenwald (URRA)

los cuatro diresctores de residencias Pablo Caligaris y Carolina Magnin (IRA), Lucrecia Urbano (ZI) y Melina Berkenwald (URRA)

Raúl Flores dirige Proyecto Yungas, que hace al revés: instala la residencia por siete meses en una provincia, donde beca al 100% de los artistas participantes con aporte público y privado. Pasó por Mendoza, Tucumán, Corrientes y Córdoba fue la última edición, en 2015. Los alrededor de ocho artistas son elegidos por un jurado para un seguimiento de obra a largo plazo. “Viajo una semana por mes y tenemos encuentros grupales e individuales. El objetivo es construir una escena local”, dice Flores.

“La Argentina está llena de artistas gestores y eso habla de inoperancia de la clase política. En mi experiencia por el país y como curador del Barrio Joven de arteBA, que va a tener una edición con muchos artistas del interior y muchos espacios nuevos, este es un momento con un montón de programas de gestión de artistas, por la voluntad de los nuevos protagonistas de generar sus propios espacios, interlocutores y clientes”, analiza. “La universidad no te forma como artista. La formación desde hace treinta años es alternativa: por Antorchas, Beca Kuitca o el programa de la Di Tella, que es el más institucional. Hay una gran diferencia entre ser licenciado en artes y ser artista. Las residencias forma parte de esta formación alternativa, que te permite intercambios con profesionales que no te da la universidad”, dice Flores. El programa 2016 aún no tiene provincia definida.

Hay más formatos: residencias para artistas solos en lugares aislados, como la de Manta en San Martín de los Andes o Curadora en San José del Rincón, Santa Fe. O invitaciones a trabajar en el contexto de una fábrica, como la convocatoria que cerró ayer del Museo Castagnino+Macro de Rosario, que invita a crear obra dentro de la tradicional Cristalería San Carlos (residencias@castagninomacro.org). “Siento que fue un intercambio de saberes y  afecto hacia el trabajo manual”, dice la artista Marcela Cabutti, que trabajó varias temporadas en esa industria. “Para quienes trabaja en la fábrica, la llegada de un artista es aire de renovación, un desafío a salir de la rutina, de hablar con otro de lo que hacen y cómo lo hacen. Lo mejor que me sucedió es que uno de los artesanos  me dijo, luego de lo que habláramos acerca del arte: ‘Ya no puedo mirar una copa de la misma manera’. Cabutti ahora coordina las residencias en el Museo del Ladrillo (www.museodelladrillo.com.ar), asociado a la fábrica de ladrillos y cerámicas Ctibor, donde la semana pasada puso manos a la pobra el artista platense Daniel Lorenzo. “Soy un intermediario entre lo que puede suceder en el proceso de trabajo de un colega y la fábrica”, explica Cabutti. Hoy por ti, mañana por mí.

 

CASOS

Clara Imbert. ph: Fabián Marelli.

Clara Imbert. ph: Fabián Marelli.

Clara Imbert (21 años, Francia/Londres. Residencia La Ira de Dios): Tras un mes en Villa crespo, parte hacia el desierto de Atacama a continuar sus investigaciones fotográficas. “El arte es mucho menos académico que Francia, todo está en desarrollo, hay mucha gente trabajando en nuevos medios, tanto como en artes tradicionales. Acá se crean muchas más oportunidades. Estar en una nueva ciudad es muy inspirador. Ves las cosas, colores, personas que no estás acostumbrada. Ver algo nuevo a la hora de crear y estar con gente que no conocías compartiendo el espacio, aprendiendo uno del otro, es enriquecedor. También conocimos gente de otras residencias y hicimos visitas culturales. Hay mucha gente interesada en venir acá”.

Martín Carrizo (Ph: Melina Berkenwald)

Martín Carrizo (Ph: Melina Berkenwald)

Martín Carrizo (32 años, Córdoba/Residencias URRA): En su segunda vez en Urra, ayuda a habilitar el espacio y prepara una muestra para la galería PASTO. “Lo principal es el vínculo con los demás artistas, compartir experiencias de trabajo, pero sobre todo establecer un vínculo personal. El momento de residencia es para la obra una etapa de experimentación, donde podés tener una poética previa, pero con la vinculación y el cambio de contexto, abordás tu trabajo desde otro lugar. Estás más dispuesto a la prueba y la experimentación”.

Gustavo Nieto (ph: Fabián Marelli).

Gustavo Nieto (ph: Fabián Marelli).

Gustavo Nieto (35 años, Tucumán/Residencia La Ira de Dios): Artista y gestor, fue su primera residencia en Buenos Aires y se alojó en una casa particular en Paternal. “No hablamos el mismo idioma, pero de pronto sentí trabajando en el mismo espacio que algo nos unía. Hay algo muy familiar en la manera de producir arte contemporáneo… un lenguaje. Es interesante también la cuestión del tiempo: fuimos nivelándonos para entrar en una misma especie de tono musical. Conocí más la ciudad, además”.

Danissa Chalfoun en Zona Imaginaria

Danissa Chalfoun en Zona Imaginaria

Dannisa Chalfoun (29 años, Tucumán-Buenos Aires /Zona Imaginaria): “Vivir en Zona fue transformador en mi caso y la casa terminó habitando en mí. Lo que más llamó mi atención desde el principio fue la luz que ingresa a la casa, como si nunca se apagase, como así también los objetos que habitan orgánicamente la casa: una especie de Castillo Vagabundo de Hayao Miyazaki, pero con huellas de obras de artistas en cada porción de la casa. El baño y sus mujeres que te observan desde la puerta y detrás del espejo. Los cuencos de cerámica esmaltados, las recetas en las paredes de las residentas de Jordania, el patio y su mural de un joven leyendo un libro. A medida en que pasaban los días, los relatos de Lucrecia de cómo fueron formándose esas obras reconstruían una nueva casa en mi mente, otra imagen de la casa: una casa imaginada. En los 10 días que viví allí intenté hacer uso del tiempo provechosamente. Pasaba las mañanas escribiendo, meditando sobre el arte, mis formas de expresión, mis hábitos. Y también sobre la dinámica que se generaba con las otras residentas, el barrio, Lucrecia y las mujeres imaginarias que son muy reales y trabajan con ella en Zona. Después de plasmar mis reflexiones, me trasladaba al taller donde comencé probando con distintos tipos de materiales para obtener fluidos de distinta composición y densidades. Mi intención era trabajar sobre el concepto de mutación utilizando mi medio expresivo que es la fotografía en blanco y negro. Para ello tomé como referencia el libro del I Ching, ancestral oráculo chino que me sirvió de guía y fue como un pase a otra dimensión. Porque animada por las chicas del barrio, Mailén, Lara y Candela, me decidí a abrir una sesión de Consulta al I Ching al público. La condición era el intercambio de un objeto que me traiga fortuna por una interpretación de un hexagrama para conocer tu destino. Conocer a Magdalena fue fundamental para descifrar mis propias mutaciones que experimenté durante mi estadía. Sentí que con sus vasijas y el torno, ella moldeaba en simultáneo un vacío latente. Supongo que para que algo cambie, primero tiene que existir un vacío, algo intangible y no sé si también, algo escondido. Vivir en la casa, sin dudas, me cambió. Entrar por primera vez y habitar un espacio, apropiarlo, dejar un rastro. La mutación del espacio y la mutación de uno con el espacio. El I Ching dice que el cielo representa el tiempo y la tierra representa el espacio. Siento que eso es Zona: tiempo y espacio. Una especie de fórmula alquímica para la creación”.

 

LA IRA DE DIOS: Se comparte un espacio de trabajo en Villa Crespo con artistas de otros países, y el alojamiento es en casas particulares en barrios cercanos. Aguirre 1029, Ciudad de Buenos Aires / info@lairadedios.com.ar / www.lairadedios.com.ar. / Rentada para extranjeros, con becas para argentinos.

Zona Imaginaria: Residencia en casa con dos cuartos, y ambientes para compartir, como un taller equipado para revelado, grabado, horno de cerámica y más. En Chile 3386 Victoria, San Fernando, Buenos Aires. info@zonaimaginaria.com.ar / 11-4714-3618 / www.zonaimaginaria.com.ar./ Sin cargo, pero con intercambio de saberes con la comunidad.

URRA: Residencias internacionales en Buenos Aires con sedes itinerantes. URRA Tigre es un edificio con alojamiento y talleres, en Ruperto Mazza 165 http://www.urraurra.com.ar/ Sin cargo, con becas o subsidios.

RARO: La propuesta es trabajar en talleres de artistas asociados al programa, con diferentes opciones de alojamiento. colectivoraro@gmail.com / http://www.esraro.com. Es arancelada.

Proyecto Yungas: Programas anuales dirigidos por Raúl Flores en diferentes provincias / http://www.proyectoyungas.com/ floresjorgeraul@gmail.com Los artistas son elegidos por un jurado y becados.

 

IMG_20160301_080304635Publicado en La Nación, Cultura, 1/3/16. Link: http://www.lanacion.com.ar/1875531-artistas-en-residencia-cambiar-de-ciudad-para-inspirarse-mas

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