Coleccionistas: quiénes son y qué los mueve a comprar obras de arte

Deseosos de mostrar su colección o celosos de sus tesoros; con alto presupuesto o ajustados a las cuotas; apasionados o especuladores inversionistas; cultores de una tarea solitaria o embarcados en proyectos compartidos. Las especies de compradores de arte son variadas -como todas las especies-, aunque nadie piensa que pese a su baja población estén en peligro de extinción. Da la impresión, además, de que los buenos son mayoría. “Lo que más se ve es el coleccionista que lo hace por amor, con pasión, emoción, porque le gusta o le cambia su mirada del mundo”, observa Florencia Battiti, historiadora, curadora y guía frecuente en tours de compras por galerías.

“Regulares, serios y con colecciones poderosas habrá… cuarenta”, estima Hilda Solano, de la comisión directiva de la Asociación Argentina de Galerías de Arte (AAGA). En arteBA, sin números precisos, imaginan ese total en “cientos, no miles”. Sin ir más lejos, a su último programa Focus -una maratón por 22 galerías, en tres días- asistieron 110 coleccionistas… de diferentes especies.

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Ilustración: Javier Joaquín.

“Soy coleccionista antes que galerista”, se define Mariana Povarché, actual directora de Rubbers. “Los coleccionistas resistimos los avatares del planeta, de cualquier país, a través del arte. Creo profundamente en el aspecto sanador del arte. Coleccionar tiene que ver con buscar herramientas de sanación que nos conectan con lo mejor de la vida. Celebrar el arte es celebrar la vida”, dice. En su doble función vive el drama de vender lo que atesora. “Es una puja constante. Muchas veces me arrepiento de haber vendido piezas. Nuestra colección lleva casi 60 años creciendo, alrededor de 350 piezas, muchas muy importantes y muchas del corazón, de artistas que acompañamos toda la vida. Hay colecciones para mostrar y otras son para disfrutar. La nuestra la disfrutamos como locos”, cuenta.

“Los roles en la vida van cambiando, y eso a mí me revitaliza”, dice Mauro Herlitzka, ex director de arteBa, cabeza de Fundación Espigas, ahora al frente de una galería (Henrique Faria) y coleccionista, siempre. “Ahora me interesa el proceso en sí de descubrir cosas nuevas y artistas desconocidos. Me interesa compartir lo que descubro. Lo peor es el coleccionista avaro. Hay que saber compartir y ayudar a otros”, cuenta. Herlitzka es coleccionista nato: “Lo soy desde que aprendí a hablar. Tuve a los dos años una colección de ¡esponjas con las que me bañaba! Después seguí con estampillas, monedas y arte europeo”. Ahora le interesa el arte contemporáneo latinoamericano.

El actual director de arteBA, Alec Oxenford, es también un coleccionista ferviente. “Incorporar el arte en la vida es un proceso de aprendizaje largo. Aprendo de otros coleccionistas, de ver artistas, charlando con galeristas… te vas divirtiendo y creciendo. Camino y voy descubriendo a dónde voy con el paso del tiempo”, dice. Entre sus últimas adquisiciones está un reloj de Sol Pipkin, como los de arena pero con garbanzos. “Es una manera con humor de tener presente el tiempo, que es lo único irrecuperable. Compro sólo artistas vivos, y el 95 % argentinos. Creo que eso es ser mecenas hoy. Es importante que la plata vaya al artista, para que pueda seguir produciendo. Puentear a la galería pervierte el sistema. Me gustaría que si alguien en 50 años quiere entender este tiempo que mi colección sea una referencia válida”.

Si en otros tiempos se estilaba donar obra a los museos nacionales para acrecentar su acervo, ahora crece el sueño del museo con nombre propio, una realidad para Eduardo Costantini y el Malba; Amalia Lacroze y Colección Fortabat; Aldo Rubino y el Macba, y Gastón Deleau con FOLA, entre otros. “Querer es poder”, desliza Oxenford, que en algunas décadas más podría sumar su nombre a esta lista.

Es muy difícil cuantificar a una masa de entusiasta por el arte, que abarca desde grandes compradores hasta jóvenes que coleccionan pequeños dibujos de amigos artistas. Existe ya una taxología: “El coleccionista es una de las cuatro figuras que suelen reconocerse dentro de lo que llamamos la demanda del mercado del arte. Luego están los inversionistas, los consumidores (nuevos compradores que empiezan con una obra para decorar sus espacios y luego se determinará si continúan con ese espíritu de compra o si quedó sólo en ese impulso) y los espectadores que pueden llegar a ser potenciales coleccionistas (jóvenes amantes de las artes, que van a exposiciones, museos, presentaciones y talleres, pero que su poder adquisitivo aún no les permite darse ese lujo). Hace un par de años comenzó a divisarse una quinta opción que es la fusión entre el coleccionista y el inversionista, más interesado en saber si esa obra que tanto desea tiene además alguna buena perspectiva en el mercado a futuro”, explica Ana Clara Giannini, docente e investigadora.

El paso de una categoría a otra no siempre es consciente. José Castagnino, coleccionista y miembro de la Asociación de Amigos del Museo Castagnino, hizo su primera compra en circunstancias que hoy cuenta con gracia. Después de una ronda de copas, lo llevaron a una subasta y volvió a su casa con un indio pintado por Carlos Aguirre, que hoy cuelga de su habitación. “Me mira y me dice, ¡levantate, hijo de p…! ¡Es genial! La obra te tiene que movilizar, generar una energía, te tenés que querer hacer amigo. Con el indio es un diálogo cotidiano. Cada obra con la que convivís es como un tatuaje en el alma”, dice Castagnino, descendiente del fundador del principal museo de Rosario y miembro de su Asociación de Amigos.

En Aldo de Soussa, compra en proceso (Ph: MPZ).

En Aldo de Sousa, compra en proceso (Ph: MPZ).

Carlos María Zampettini integra la misma entidad y comparte la pasión. “He ido comprando de tanto en tanto lo que me gusta. Lo último que compré es una instalación maravillosa de dos metros de altura. Me decían ¡No lo compres! ¿Adónde lo vas a poner? Pero me enamoré de la obra, es fascinante”, dice. Con la firma de Dolores Cáceres, la obra encontró lugar en la casa de una hija.

“A veces la gente no se da cuenta cuando cruza el umbral –analiza Battiti–. Empiezan a comprar desordenadamente, disfrutando muchísimo, aleatoriamente. Creo que se convierten en coleccionistas no por el valor ni la cantidad de obras, sino cuando buscan seguir un criterio, y eso a veces eso tarda mucho tiempo. Cuando esa persona se pauta un presupuesto y se impone a sí mismo un criterio que tiene que ver con su gusto personal, ahí hay un coleccionista… y es un viaje de ida”.

Muy reconocidos en el medio, Andrés Brun y Juan José Cattaneo también empezaron a coleccionar por casualidad, buscando decorar su casa. “Al principio comprábamos obras de artistas grandes, que no conocíamos. Nos volvimos coleccionistas a partir de la relación con los artistas y nos volcamos al arte contemporáneo. Trabamos amistad con Enio Iommi, y discutiendo con él nos fuimos metiendo”, dice Brun. “Al conocer al artista, entendés la obra de otra manera”, explica Cattaneo. “Tomar la decisión de coleccionar no es pensar en llenar espacios en una pared”, indica. Después de mucho comprar, se plantearon el rol social del coleccionista y pasaron a ser mecenas: “Acumulamos mucha obra y pensamos cómo seguir. Decidimos asumir el rol: participar, ser facilitadores, estar con las galerías y con los artistas. Uno debe ser un actor”. Por ejemplo, viajan a hablar de coleccionismo por las provincias, y como además son desarrolladores inmobiliarios le prestaron un edificio desocupado a un grupo de artistas (allí funcionó Espacio Forest) y participan en el Distrito de las Artes con un edificio para artistas en la calle Villafañe.

A José Luis Lorenzo fue una hermana quien le regaló su primer cuadro, en 1993. Su cuñado artista, Fernando Allievi, hizo otra parte: lo animó a visitar galerías. É se fue el origen de una de las colecciones más grandes de arte contemporáneo en Córdoba, con 700 piezas que en marzo estrenarán espacio propio. “Cada vez el arte ocupa más espacio en mis días. Se convirtió en un modo de vida”, dice este arquitecto, que además preside la asociación de amigos del Museo Caraffa y la Fundación Pro Arte que difunde la música y la plástica. “Con distintas posibilidades económicas siempre he sumado obras. Siempre tengo que pagar cuotas”, cuenta.

“He comprado muchísima obra y también canjeo con otros colegas”, cuenta Juan José Cambre, que prefiere ver su obra en casa ajena. “Si no, es como si estuviera todo el tiempo trabajando”. Artistas y amigos no son sinónimos para él: “A veces es mejor no conocer al artista. ¿Para qué conocerlo?”, plantea. A pocos pasos está el comprador de la obra más importante de su muestra Terminus, que se exhibe en la galería Vasari. “No sé, hay algo, es un amor a primera vista, que te llamó y te atrapó”, intenta explicarse Abel Guaglianone. De profesión, anticuario, su pasión comenzó con una tinta de Kandinski. “Creo que los coleccionistas estamos mucho más comprometidos. No se trata sólo de tener la obra del artista que nos gusta, sino de apoyar instituciones y proyectos particulares”, se entusiasma. Durante dos años solventaron junto con Joaquín Rodríguez clínicas de arte en Tucumán, Corrientes y Córdoba. Eventualmente, abren su casa para mostrar su colección en eventos privados. “Queremos contagiar el ánimo”, dice.

“Hay muchos más coleccionistas de lo que se piensa, porque a los coleccionistas por lo general no les gusta mostrarse”, piensa Inés Díaz, que compra arte desde 1992. “El coleccionista va evolucionando. Yo fui cambiando: compraba en mi provincia –Córdoba– a Roger Mantegani y Raúl Diaz, y ahora, ya instalada en Buenos Aires hace años compro obras de Marcelo Pombo y Pablo Suárez. Seguís un criterio y comprás lo que te gusta. Lo último que compré es una obra de Andrés Waissman, y estoy incursionando en video. Hace poco compré uno de Estanislao Florido”, cuenta. Sara Goldman es artista, y compra arte joven contemporáneo como una forma de apoyar a los artistas, generalmente de su provincia, Córdoba. “Mi última compra fue una pieza de Román Vitali, rosarino. Los artistas necesitan para crecer que existamos también los coleccionistas”, dice.

De Rosario, el historiador Pablo Montini hace un análisis más bien crudo: “Resulta paradójico que ni el Museo Castagnino (que en su primeros años fue de referencia nacional) ni el prestigio nacional e internacional de los artistas rosarinos hayan logrado expandir el consumo artístico en la ciudad. Si bien existe un grupo de coleccionistas, su actuación es reducida y su visibilidad es nula por fuera del campo artístico. Rosario hoy se enfrenta a un sistema pre-galerístico cercano a la cultura de bazar, las tradicionales galerías han cerrado  y las obras de arte se exponen y se venden con mucho esfuerzo en casas vinculadas al diseño, decoración y mobiliario o en talleres gestionados por artistas”.

Carlos María Pinasco, galerista y consultor en arte, traza un panorama económico: “El coleccionismo magnifica el ciclo general: en épocas de crecimiento, crece al cuadrado. El sector entra en bonanza, las casas de subastas consiguen vender casi todo y se registran records. Los últimos cuatro años fueron de estancamiento (el país no crece) y el coleccionismo magnifica: se retrae y las ventas caen. Eso ha sucedido año tras año desde 2011. Es un tema de bolsillo pero también de humor. La pesificación forzada en los remates y la persecuta  reglamentarista desalentaron aún más. Sin embargo yo veo un cambio y nuevos vientos en el mercado local: con un catálogo acotado Roldán vendió medio centenar de pinturas y esculturas en valores no vistos hasta ahora en lo que va del año.  El tope correspondió a la obra de Guillermo Roux, El Baile, de 1991. Superó los dos millones de pesos estableciendo el record para el artista en ventas públicas. Una obra informalista de Sakai también hizo record en algo más de 700 mil pesos. Una versión pequeña de la Ninfa acostada de Curatella 572 mil y un bronce de Alicia Penalba otros 690 mil pesos. Cantidad de coleccionistas activos: hasta el mes pasado, pocos”.

Hay un intento de base de datos oficial, aún en pañales, explica Giannini: “Desde que se aplican las nuevas normativas de la AFIP, se busca crear un elenco o base de datos de estos agentes activos del mercado. Pero no hay forma de determinar a ciencia cierta un número en particular, porque en su mayoría son muy reticentes de formar parte de ese listado y blanquear su patrimonio, y otros no se reconocen como coleccionistas”.

Pero más allá de los datos duros, existe un universo de coleccionistas de lo más diverso. “Son personas que compran porque aman el arte y porque en cada elección van comprendiendo algo nuevo sobre sí mismos y sobre su entorno. Muchos no tienen mucho dinero, compran en cuotas, y no compran artistas consagrados. Es otra racionalidad, uno compra porque le gusta, porque no lo puede evitar, sin especular porque sabe que todo puede valer nada el día de mañana”, opina Eleonora Jaureguiberry, coleccionista apasionada, que desde la secretaría de cultura de San Isidro impulsa jornadas de visitas a talleres  Puertas Abiertas y ciclos de charlas. Piensa que hay mucho por hacer: “Los artistas tienen que formar parte del proceso de creación de públicos para el arte contemporáneo”. Los coleccionistas son una parte fundamental del engranaje del sistema del arte.

 

Cuatro caras de una afición

Coleccionistas: Aparta un presupuesto mensual para obras o cuotas, compra con criterio, buscando una narrativa para su colección.

Inversionistas: Compra arte como negocio o capital, especulando con la suba de precios del artista en un futuro.

Consumidores: Nuevos compradores, empiezan con una obra para decorar sus espacios, por impulso o azarosamente.

Espectadores: Amantes de las artes, que van a exposiciones y talleres, pero cuyo poder adquisitivo aún no les permite comprar.

Publicada en La Nación, Cultura, 5/1/16. Link: http://www.lanacion.com.ar/1859432-coleccionistas-de-arte-quienes-son-y-que-los-mueve-a-comprar-obras

 

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6 comentarios en “Coleccionistas: quiénes son y qué los mueve a comprar obras de arte

  1. Mi primera compra fue en Caminito La Boca, adquirí un dibujo de Guillermo Alio, y fue en cuotas, que él generosamente venia a buscar a mi casa, ya que por esa época tenia dos trabajos y no me daban los tiempos, porque yo también pinto. Si algo realmente me gusta, es difícil sustraerse. Y aún continuo comprando en cuotas, El problema, tambíén es el espacio. Salvo el techo, todo esta cubierto con obra, en mi casa, inclusive el baño.Muy certeros tus comentarios. Te deseo a ti y a tus seguidores un excelente año. Leonor.-

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    • Muchas gracias Leonór por creer en mis obras, abrazos de Guillermo Alio Que hace como 30 años me mudé a La Boca a vender mis propias obras ,sin comisiones de Galeristas que según mi experiencia ,de alguna manera u otra te hacen esclavos de ellos y te mueven hacia los premios, los artículos en los diarios , libros y demás, hoy aquí conozco gente de todo el mundo quienes apuestan, como vos, a mi obra
      y así de esta manera puedo vivir bien del arte,viajando y exponiendo mis obras, sin tratos oscuros, de esta manera tengo obras en varios museos de arte latinoamericano en varios países del mundo como así notas en BBC , CNN y otras no menos importantes del mundo, Fuí el creador de Tango Múltiple , que consiste en…. ver en Google u otro prestador,
      Leonór te cuento esto que quizás no lo sabias ya que tenes una obra mía en tu casa y me gusta que lo sepas.
      Saludo atentamente a vos , Guillermo Alio.

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  2. Gracias por compartir tan excelente articulo .yo hace un tiempo que estoy pintando y leer tu articulo me es de gran utilidad y aprendizaje , nuevamente gracias Paula .

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