MIDE, un museo para jugar con la economía

En diciembre de 2001, el Banco de México decidió crear un museo dedicado a la promoción de la educación económica y financiera. Cinco años más tarde se inauguró el Museo Interactivo de Economía (Mide) en el Antiguo Convento de los Betlemitas, como institución independiente y sin fines de lucro. Sin colección ni ideologías evidentes, el eje es la experiencia del visitante. Entre las 1.6 millones de visitas que ya recibió, tiene record de jóvenes. “Nuestra misión es difundir la importancia de la economía, las finanzas y el desarrollo sustentable en su vida cotidiana a través de experiencias interactivas que fomenten el diálogo”, dice Silvia Singer, su directora desde el comienzo. El Mide ha sido acreedor de once premios nacionales e internacionales, y detentó el título de único museo de economía del mundo hasta hace unos tres años (ahora hay museos de finanzas en Canadá, Inglaterra y Polonia). Singer es fundadora de la reciente International Federation of Finance Museums. “El Mide es un centro de ciencias que presenta sus contenidos de modo accesible con una visión integral, ofrece aprendizaje a partir de ejemplos tomados de la vida cotidiana y el ejercicio de la toma de decisiones en busca del bienestar y de una mejor calidad de vida”, detalla. En su paso por Buenos Aires, Singer dio a Clase más precisiones sobre este espacio que echa mano de la tecnología para hacer amigable una ciencia que parece dura.

mide

¿Cómo se cuenta la Economía en un museo interactivo?

Yo estaba en el sector de divulgación de las ciencias desde hace treinta años. Y cuando me ofrecieron la creación de este espacio, pensé: ¡Qué injusticia! ¿Por qué este tema y no otro más emocionante? Lo tomé como un proyecto de aprendizaje y para mí fue un gran descubrimiento: soy la primera conversa del museo. Aprendí que la Economía está en todos los aspectos de la vida cotidiana. Yo soy bióloga, y hay un concepto que aplico, el de la preadaptación, características del organismo que le permiten reaccionar ante cambios del medioambiente y no morir. Yo traía una preadaptación, al haber estado dirigiendo los Museos de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, y me había planteado ya cómo comunicar la ciencia en un contexto social, para que tuviera significado y resonara con los visitantes. Estaba analizando eso, cuando me veo ante el desafío de pensar un museo interactivo de una ciencia social. Fui encontrando los hilos conductores del discurso.

¿El objetivo es educativo o formativo?

No somos un espacio para aprender de Economía, sino un lugar donde descubrir que la Economía está en tu vida cotidiana.  ¡La Economía no se trata de números! Las finanzas, sí, hablan de cómo administrar el dinero, pero hay toda una parte de la Economía que se refiere a la toma de decisiones. Algunos definen a la Economía como la ciencia de tomar decisiones. Hay muchas decisiones de orden económico que no tienen que ver con el dinero. Por ejemplo: ¿me levanto en el momento en que suena el despertador o diez minutos más tarde? ¿Me tomo un colectivo o un taxi? ¿Voy al cine o leo un libro? Esas opciones van trazando tu día y tu historia, y tienen un costo de oportunidad. Esto no ha cambiado mi ideología, pero sí mi manera de mirar el mundo. Un hilo conductor es la toma de decisiones. Otro es la vida cotidiana. Todos los ejemplos los llevamos a la vida corriente de la mayoría. Y nos preocupamos por tocar temas de interés para los jóvenes. Por eso hemos logrado una audiencia increíble en relación con otros museos de México: el 85% de nuestros visitantes tiene entre 15 y 25 años. Llegan por primera vez al museo por una recomendación escolar, pero regresan con sus amigos en el siguiente mes. Es una sensación maravillosa.

¿Por qué es un espacio tan visitado por los jóvenes, siendo su foco una ciencia dura?

Es un museo difícil de contar. Está instalado en un edificio del siglo XVIII, de gran belleza. La museografía es muy respetuosa del entorno arquitectónico, pero hay un despliegue muy grande de tecnología, que contrasta bastante: predispone de una manera especial e implica un manejo de las emociones, para bajar la guardia a los prejuicios, como “este museo como habla de economía es de los ricos” o “es un museo neoliberal”. Lo que hemos hecho es plantear una serie de experiencias en donde vamos sugiriendo al visitante cuestiones como ¿qué es la escasez?  ¿Cómo balanceamos en nuestras decisiones los deseos y necesidades? Hacemos experiencias para reflexionar. Vamos proponiendo momentos.

¿Cuál es la postura ideológica que subyace en el relato museológico?

No lo hacemos. Desde el principio nos propusimos no hablar de historia económica, sino de los principios básicos de economía, como la escasez (no necesariamente de dinero, porque es lo más fácil, sino ¡de chicos guapos en la escuela!). Tenemos otro juego para ver el efecto de tus decisiones y un simulador de cambio climático, en el que participan 16 personas de 8 países: algunos son emisores grandes, otros han controlado las emisiones de dióxido de carbono, otros no emiten, y otros son países en desarrollo como nosotros. El objetivo no es resolver el problema sino mostrar su complejidad, y eso se ve en las discusiones que surgen entre los participantes, que son maravillosas.

¿Es una excusa para pensar en las alzas y bajas de la propia vida?

¡Exacto! Tenemos una experiencia que ha sido ganadora de premios que es divertidísima y la gente viene a buscarla: es un simulador del mercado, donde la gente compra y vende. En las pantallas se va produciendo la gráfica, y en tres minutos de juego, descubrimos qué es la oferta y la demanda. La idea es jugar con la economía, para que la economía no juegue contigo. Ofrecemos herramientas para pensar la vida, para no vivir de manera tan inmediata, entender que nuestras decisiones son mejores si estamos informados y saber dónde están las fuentes de información. Toda otra sala está destinada a la sustentabilidad, donde se ponen en balance procesos naturales, desarrollo productivo y problemas sociales. Videos, ejemplos, mejores prácticas y simuladores para tomar decisiones en una comunidad. Hemos hecho algo que mis colegas no me creen, y  toman un avión y aparecen por el museo (yo los invito a cenar después), y es que hemos diseñado juegos interactivos colectivos. Hay muy pocos juegos en los que desafías a una computadora. Eso ha sido lo ejemplar, porque pone en relación a los visitantes. Y buscamos con mediadores que haya un ambiente de tolerancia, que se permita la opinión de todos.

¿Cuál es la postura del museo frente a las diferentes líneas ideológicas?

El museo procura no dar opinión. Procuramos escribir sin adjetivos. Explicamos el modelo de libre mercado porque eso es lo que hay en el país, y si lo vamos a cuestionar, primero lo tenemos que entender. Hablamos también de modelos cerrados, sin ley de oferta y demanda, pero no hablamos de marxismo, porque no tenemos un enfoque histórico. Y eso ha generado una reacción del público: nos lo han pedido. Un museo de ciencias explica fenómenos, procesos.  Decir si algo está bien o mal es cuestión de los visitantes, que tienen un espacio donde lo pueden hacer. Es todo una filosofía de trabajo: que el visitante tenga la última palabra. Como en México no sabemos discutir, tratamos que el juego no sea de ganar sino de escuchar al otro y desatar empatía por gente que ni conoces. De todas maneras, creamos un foro educativo que funciona en paralelo, con un nivel intermedio, con expertos y muchísimas actividades, desde una charla de una hora hasta un diplomado de ocho meses, y ahí sí entramos a la historia y los problemas sociales. Llega gente de todos lados.

¿Es posible ser neutral?

No existe la neutralidad, respondimos desde la visión de nuestros asesores, que tuvimos de todos los colores. Explicamos desde una perspectiva. Yo, como directora, no estoy para ver colores, no debo hacerlo. Pero si analizas la inclinación teórica del Banco Central… son gente formada en Estados Unidos, que vienen de las grandes ligas de la Economía. Hemos validado muchos de nuestros contenidos con economistas de la Universidad Nacional Autónoma de México, que por lo general son personas de izquierda (¡que también los hay en el banco!).

¿Cómo lo viven los visitantes de distintos colores políticos?

El tipo de reflexiones que encontramos en las estaciones de diálogo, donde la gente deja opiniones videograbadas, son “yo no sabía que esto me pasaba, me importaba, y tenía que ver con mi vida”. ¿Se maltrata mi producto si pongo la empacadora lejos o cerca de la carretera? Eso no tiene color. El proceso no es ideológico sino económico. Eso es lo interesante del Mide, y que ha hecho que tenga esta cantidad fenomenal de público, que es muy reincidente.

 

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BIO

Silvia Singer es bióloga y profesional de museos desde hace 30 años. Desde el 2001 ha realizado el diseño y desarrollo del MIDE, Museo Interactivo de Economía, pionero en el mundo en Museos de Economía y merecedor de once distinciones. Singer ha participado en el diseño y creación de varios museos y fue directora de los Museos de Ciencia (Museo Universum y Museo de la Luz) de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue Presidenta del Consejo Internacional de Museos (ICOM, México) y miembro de su Consejo Consultivo a nivel internacional. Actualmente es miembro del Consejo de administración de la AAM, American Alliance of Museums y ASTC Association of Science and Technology Centers; Secretaria internacional de CECA/ICOM y fundadora del IFFM, International Federation of Finance Museums.

 

DATA

MIDE queda en Tacuba 17, Centro Histórico, México (www.mide.org.mx)

 

 

 

 

Publicado en la revista Clase, de El Cronista, el 18/12/15.

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