Arte en el subte: galería bajo tierra

Arte en el subte hay desde que existe el subte. Pero en los últimos años, bajaron las escaleras los artistas contemporáneos y su presencia se ha multiplicado. A los bustos, mayólicas, murales y placas históricas, se suman referentes del arte actual que transforman el viaje en un recorrido por una galería de arte que es difícil no visitar. Se despliega por los andenes de todas las líneas, y no hay pasajero que no se tope con alguna obra que lo distraiga, conmueva o identifique. En cuatro líneas, hay 82 murales… y se siguen sumando más. Junto a la obra de maestros disímiles como Molina Campos, Quino, Páez Vilaró, Sábat y Quinquela Martín, llegaron las novedades: asientos intervenidos, columnas decoradas para ser vistas en movimiento, muralistas 3D y carteles de publicidades de antaño que, sin embargo, tienen la pintura fresca.

Es fácil toparse a mitad de camino al trabajo a un pintor en plena faena de dar color a una estación. Sólo en la Línea A, desde el 2013, se incorporaron más de 170 obras. Entre las más recientes están las de Pedro Cuevas, en la estación Perú: 41 pinturas inspiradas en el lenguaje publicitario de principios de siglo XX. Ahí están las chicas de Harrods, el vermout Henzi, los juguetes de tienda San Juan, los discos Pathé y las postales veraniegas de Gath & Chaves. “Estuve internado durante mes y medio pintando en jornadas diarias de diez horas, inmerso en un limbo artístico para llegar a la calidad deseada, intentando cumplir con mis propias expectativas de lo que quería mostrar en este emblemático lugar. Ahora paseo por el subte feliz observando la obra y recordando cada momento, cada pincelada y no puedo creer tanto esfuerzo, paciencia y dedicación”, dice Cuevas. El artista está dejando también su impronta en la estación Boedo, donde relaciona el tango, la geometría y el fileteado porteño.

Estación Perú (Línea A), por Pedro Cuevas.

Estación Perú (Línea A), por Pedro Cuevas.

Bajarse en la estación Callao de la Línea D cambia el ánimo: ocho mujeres y niños taciturnos enfrentan al pasajero desde las paredes. El cambio total de cara se lo dio el artista Remo Bianchedi, con su serie de retratos de fines de la Segunda Guerra Mundial, época contemporánea a la construcción de la estación. La serie Castillo de Immendorf, a la que pertenecen cinco de las obras, refleja la densa mirada de un niño en el momento previo al incendio del castillo que albergó obras de Gustav Klimt y de otros simbolistas alemanes para evitar que fueran atacadas por los soviéticos. El trabajo es colosal: las pinturas se pasaron a la pared en venecitas: 15.000 por cada obra, en 200 colores.

En Plaza Miserere hay 31 obras realizadas por artistas urbanos que representan la diversidad cultural del barrio de Once. Entre street art, multiplicidad cultural, surrealismo, retratos del hombre moderno y recuerdos de la estética original de la estación de principios del siglo XX, en el vestíbulo se puede encontrar un mural cerámico de Jorge Magnani y una importante obra en venecitas de Jacques Bedel, de su serie Summa Stellarum, que en junio pasado el artista donó en conmemoración del centenario de la línea de los vagones de madera, que ya quedaron en el recuerdo. “El artista tiene que provocar un pensamiento distinto”, afirma.

También trabajó con esta técnica Marino Santa María en la estación Carlos  Gardel de la Línea B. Para recordar al zorzal criollo, realizó cuatro murales configurando un rompecabezas de diminutas teselas, de su serie Gardel hay uno sólo.  “Habitualmente mis obras realizadas en la vía pública nada tienen que ver con el trabajo íntimo y silencioso del taller. El subterráneo es precisamente una combinación. La primera particularidad es que la obra debe desarrollarse durante la madrugada, desde las 23 hasta las 4 de la mañana, cuando la agitada vida del subte entra en silencio y sólo comparto el momento con mi equipo y los empleados que van y vienen realizando las tareas propias que la estación”, cuenta. Son de este artista, también, las intervenciones en columnas y capiteles en el vestíbulo de Plaza Italia, inspirados en el Jardín Zoológico y el Jardín Botánico.

Marino Santa María

Marino Santa María

“Estas obras son vistas unas 35.000 personas cuando van y vuelven de sus trabajos a diario y tratan de contagiar un espíritu ligado a la pulsión de vida que simplemente sucede porque sí, ligado a la trascendencia dentro del acto cotidiano de trasladarse rutinariamente”, se esperanza Eugenio Cuttica. Mientras en el Museo Nacional de Bellas Artes se exhibe una importante retrospectiva de su obra, en la estación San Pedrito se llevó a gigantografía de 18 metros su cuadro Luna y corona de novia y cuatro cuadros más que fueron elegidos por los vecinos. Son retratos de Baldomero Fernández Moreno, Alfonsina Storni, el doctor Florencio Escardó y el cantante de tangos Hugo del Carril, figuras clave del barrio de Flores. “Me interesa sobremanera el arte público, como una forma de hacer recordar a la gente ciertas verdades ontológicas que hemos olvidado en un contexto vaciado de sentido con intención para el  consumo”, reflexiona.

Desde julio pasado quince artistas contemporáneos trabajan en la Línea B. Federico Bacher pintó durante quince noches un bosque en la estación Dorrego. “La idea central fue usar mi arte para que la gente goce de una estación más bella”, dice. En la estación Uruguay, el artista Claudio Baldrich intervino los asientos de los andenes y los 45 metros de largo del pasillo. En Florida hay reproducciones de obras de Genoveva Fernández y en Pueyrredón, Mapi de Aubeyzon firma murales coloridos inspirados en los estampados de las telas que pueblan las veredas de los alrededores. Se llevan muy bien con las columnas en degradé del colectivo Dadá desde Federico Lacroze hasta Uruguay, que proponen un viaje por el arco iris: desde el asiento y con el movimiento del tren se ve cómo van cambiando de color. Giorgina Ciotti le puso flora y fauna salvaje a la estación Malabia y, en Echeverría, Carolina Antoniadis ilustró escenas familiares. En Juan Manuel de Rosas, Andrés Waissman y Julio Lavallén trabajaron la temática de las migraciones y la Batalla de Caseros. En Alem, L. N. Alem, arborescencias de Ignacio De Lucca.

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En Piedras, Línea A, hay obras de Miguel D´Arienzo en las que confluyen lo poético y lo grotesco en la representación de los inicios de la sociedad. A pasos del taller de Marta Minujín, en estación Sáenz Peña, 16 reproducciones de sus obras le rinden homenaje por sus 70 años. En Caballito, estación Acoyte, zona de colegios, hay 15 reproducciones y un original de Claudio Gallina, que siempre se inspira en la educación. En Congreso, se exhibe mobiliario histórico del Palacio Legislativo, y hay cinco murales cerámicos originales de Carlos Nine que abordan el nacimiento de la Nación. Más adelante, en Castro Barros, a metros de la Federación de Box, se ven catorce escenas de boxeo pintadas por Lavallén. La música es el tema de Guillermo Roux para la estación más cercana a su casa natal, en San José de Flores. Los vecinos y los alumnos del Colegio Urquiza lo eligieron para que represente al barrio. El artista eligió Blum, en recuerdo de aquellas pequeñas orquestas de los años 30 que animaban los bailes, y El ángel de Flores, que no es una reconstrucción histórica sino la descripción imaginaria del Flores pequeño y perfumado de su niñez.

Roux en Flores

Roux en Flores

 

corazon

Jorge Martorell

 

En la Galería Obelisco Norte se emplazó un mural original en cerámica esmaltada de la dupla Splash in Vitro, Manuel Ameztoy y Ernesto Arellano. Son 35 metros  de pared cubiertos por 2444 azulejos. Trabajaron con un equipo de ocho artistas durante 120 días, en diciembre último. La obra se llama Splashing Newton y se inspira en diseños mozárabes de los murales de la década del ‘30 que se ven en las estaciones más antiguas.

El artista Jorge Martorell pintó con vino tinto las obras que se reproducen en once paneles de la estación Medalla Milagrosa de la Línea E. “Al emplear el vino tinto en la realización de mis obras con contenido religioso hay una búsqueda explícita de buscar el símbolo bíblico de la Sangre de Cristo, pacto, gozo, comunión, compromiso y santidad”, explica. “La obra Sacre Coeur cuenta con el visto bueno para ser entregada personalmente a Su Santidad el Papa Francisco”, adelanta el artista. La misma línea tiene intervenciones Julia Garibaldi, Marina Tórtola, Patricia Di Loreto, Alexis Minkiewicz, Darío Zana y Mariana Savaso.

Línea C mantiene su decoración de antaño: murales cerámicos con mayólicas con motivos islámicos y paisajes españoles. En Constitución se ve un mural por el día de las mujeres inmigrantes. En cambio, la Línea D es mucho más ecléctica: pasa de las abstracciones vegetales de Josefina Robirosa a la geometría de Rogelio Polesello. De las figuras angelicales de Raúl Soldi a las columnas y paredes  intervenidas por Milo Lockett, en Palermo. En Tribunales, el artista y escenógrafo Juan Danna representó en el techo abovedado de la bajada de escaleras mecánicas una alegoría a la ópera Bomarzo, en homenaje al Teatro Colón. Actualmente, se lo puede ver pintando en una representación de la Justicia en la misma estación. Porque además de un seleccionado del arte de ayer y de hoy, en el Subte el arte aporta una mirada profunda, diversa, sublime, de su entorno. Después de todo, de eso se trata viajar.

STREET ART BAJO TIERRA

El street art o arte callejero también bajó los escalones para aportar su estética transgresora. En la línea A, estación Plaza de Mayo, está el popular muralista Martín Ron junto con el colectivo Triángulo Dorado. Reaparece en la línea B, en Medrano, con parejas que ensayan pasos de tango en técnicas tridimensionales. Y en el techo de Catedral, terminal de la D, plasmó un cielo realista que evoca el paisaje de la costanera sur. En Carabobo, Línea A, hay especialidades del género, como los tags, stencil y character art. En la línea B, estación Federico Lacroze, hay una selva amazónica plagada de animales, bichos, pajaritos, plantas y personajes fantásticos de Animalito Land, Ice, Luxor y Oz Montania. Son 110 metros que se ven en el andén que va hacia J. M. de Rosas. Enfrente, la jungla de 90 metros de largo toma carácter sudamericano con fauna y flora autóctona y representantes de los pueblos originarios. Está firmada por Marian, Jiant, Malegria y la dupla Primo. En Callao, hay graffitis adrede en las columnas. En Ángel Gallardo, el tucumano Nazza Stencil homenajea a los pueblos originarios con guardas con diseños característicos del arte andino y textos de Eduardo Galeano.

Nazza Stencil

Nazza Stencil

LOS DIBUJANTES Y EL TANGO

Línea H fue concebida por la Ley N° 1024 como Paseo Turístico–Cultural Subterráneo del Tango, de la mano de grandes dibujantes. La estación Corrientes está dedicada a Enrique Santos Discépolo, con un trabajo de los artistas fileteadores J. Muscia y A. Martínez. En Once, Hermenegildo Sábat recuerda a Aníbal Troilo. Y en las siguientes: Osvaldo Fresedo por Carlos Nine, Francisco Canaro por Oscar Grillo, el cine parlante por Alfredo Sabat, Julio De Caro por Hermenegildo Sábat, Tito Lusiardo por Marcelo Mortarotti. Final a toda orquesta: en Hospitales, Martín Ron y Leandro Frizzera recrean a la gran Tita Merello.

 Publicada en revista Apertura de mayo 2015. 

 

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Un comentario en “Arte en el subte: galería bajo tierra

  1. Bueno, en la Estacion ANGEL GALLARDO, Linea B, hace mas de 30 años expuse obra. La Estación tenia unas vitrinas y alli se exibieron mis óleos. Para mi fue una experiencia espectacular. fue con el aporte del departamento cultural de SUBTERRANEOS DE Buenos aires.- Leonor Maass.-

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