Mondongo y la cultura del trabajo

Cualquiera que haya visto una obra de Mondongo siente una mezcla de fascinación e intriga: ¿cómo hacen? En el imaginario se representa una cueva con una tribu de enanos laboriosos trabajando día y noche para acomodar las 100.000 monedas de 5 y 10 centavos que componen la escultura Argentina, un esternón gigante. Otro contingente de gnomos de paciencia oriental estará más allá modelando con plastilina los 45 metros de largo y dos de alto que componen el friso de 15 paneles de madera de la serie Paisajes y los retratos de gran tamaño hechos con hilos, que se vieron durante agosto y septiembre último en el Mamba, y que en parte ahora se exhiben en el Museo Provincial De Bellas Artes Franklin Rawson de San Juan, nuevo espacio para el arte contemporáneo diseñado por el artista y arquitecto Carlos Gómez Centurión.

Pero no.

Ph: MPZ

Ph: MPZ

Puertas adentro del taller de Mondongo no hay seres fantásticos, sino personas de carne y hueso haciendo obras titánicas, que ya integran el acervo del Tate de Londres, Museo de Bellas Artes de Houston y el MOMA de New York. Son Manuel Mendanha y Juliana Lafitte, casados y con una hija de ocho años, y un par de colaboradores muy normales. No trabajan en una cueva, sino un PH al fondo, alejado de la calle y el ruido, cerca de la Comisaría 23° de Palermo. Al cruzar la puerta es posible encontrarse con la escultura de una Blancanieves de ojos cerrados y facciones iguales a las de Lafitte, que tiene de ofrenda una liebre muerta de la que brotan crías con mal aspecto. Al lado, una mesa exhibe la paleta: chorizos y chorizos de plastilina con la que dan forma y color a este tótem fantasmagórico, que ahora vive en Abu Dabhi: fue adquirida por una de sus sheikhas, Salama bint Hamdan Al Nahyan.

De una pared emergen unos pies bastantes realistas, se erige un taladro más allá, y después, lo corriente: libros de arte, computadoras, retratos de la pequeña, una cocinita, teléfonos, cigarrillos de juguete.  En el subsuelo es donde preparan las obras más grandes. Toda una pared almacena en estantes kilos de masas de colores. En otra estantería hay bolas de plastilina con colores mezclados. Una mesa despliega bobinas de hilos de todos los tonos imaginables. Y se desparraman tarros y tarros de plasticola, luces, caballetes, otra computadora, sillas ergonómicas para poder trabajar casi parados durante períodos largos, un bidón de agua, y un gran aliado: el microondas, con el que mezclan la plastilina.

–¿Cómo hacen?

M.M.: –Básicamente es un trabajo sostenido en el tiempo, ya son casi 15 años de ensayo y error. Cuando uno trata de buscar algún camino nuevo, no hay que tener miedo de equivocarse, hay que arriesgarse. En el camino nos han salido infinidad de obras mal…

–¿Conocen otros artistas que trabajen con plastilina?

J.L.: –No de esta forma. La plastilina es nuestro óleo, nuestro medio para pintar básico.

M.M.: Fue uno de los primeros materiales con los que experimentamos y con el paso del tiempo quedamos como atados a ella, y se fue transformando en nuestro medio pictórico más importante, más desarrollado, en conjunto con el hilo. Cuando apareció el óleo en los Países Bajos, en el Renacimiento, sumado a la cámara oscura,  cambió la manera de ver la realidad. Nosotros, abordando una práctica antigua como es la pintura, buscamos siempre materiales nuevos. La plastilina que fabrica Alba para nosotros está hecha con elementos oleosos… es como una pintura con relieve. Un óleo.  Y no sólo modelamos con ella, sino también pintamos con plastilina caliente, derretida en microondas.

–¿Ya no usan espejos en el techo?

J.L.: –No, eso fue al principio y nos servía para tener todo el tiempo una mirada con distancia, porque siempre trabajamos con las bases en horizontal.

–¿Cuál es la base?

M.M.: –Una puerta placa de madera. Y siempre partimos de fotos, que trabajamos en la computadora.

–¿Usan mucho la computadora?

M.M.: –Es nuestro modelo vivo, estamos todo el tiempo con la computadora prendida cuando pintamos, nos sirve de guía. Antes teníamos una foto, ahora tenemos la imagen digital a la que queremos llegar y ahí vamos viendo por partes cada detalle.

–¿El Esternón fue otro tema?

M.M.: –Fueron siete u ocho meses, con un proceso totalmente distinto. Partimos de un diseño en 3D en la computadora. Después se hizo un vaciado, y después el tema fue cómo pegarle las monedas. Cada tema requiere un desarrollo particular. La plastilina es más pictórica y nos da más placer.

–¿Cuánta gente trabaja con ustedes en la obra?

J.L.: –En este momento, cinco chicos, más otros dos que nos ayudan en informática. En el momento de los paisajes eran seis. Hace unos años cuando estábamos con una muestra para Los Ángeles, eran más. Varían según los proyectos  con que estemos.

M.M.: –Es como un acordeón que se agranda y se achica. Hay gente que está con nosotros hace mucho tiempo, como Sol Sugahara. Y hay obras que son más inclusivas y otras que no.

Mondongo en el Museo Franklin Rawson de San Juan

Mondongo en el Museo Franklin Rawson de San Juan

–¿Con aprendices, como en un taller renacentista?

M.M.: –Sí, porque una de las primeras cosas que hacen lo que entran acá es mezclar colores. A nosotros Alba nos entrega toneladas de plastilina en siete colores base. Hay que mezclarlos para generar nuestra paleta. Es un proceso en el que se va aprendiendo sobre el color.

–Con tantas manos, ¿cómo resuelven el tema de la autoría de una obra?

M.M.: –No creemos en la autoría personal de las ideas. Por eso formamos un colectivo desde hace años, porque creemos que las ideas se van forjando en diálogos con vivos y con muertos.

–Ustedes también ponen manos a la obra.

M.M.: –Totalmente, trabajamos sin parar.

J.L.: –A veces nos comparan con Jeff Koons, que sólo trabaja en computadora, hace el proyecto y lo manda a su taller para que lo hagan. Incluso las pinturas. Nosotros somos pintores y estamos acá en el taller desde que nos levantamos hasta que termina la jornada. Trabajamos sin parar. Los ayudantes hacen lo necesario para cada proyecto. Paisajes es absolutamente inclusivo, podían participar todos en ciertos lugares. En el hilo, no.

–¿Por qué el hilo no?

J.L.: –Se trabaja en dos pasos. Primero la base se hace en horizontal, donde el hilo se pega a la madera. Después eso se retoca mucho, y ahí solo pueden trabajar dos personas: el que arma los colores y el que los pone. Es otra historia.

–¿Ustedes cómo se llevan, todo el día trabajando juntos?

J.L.: –Son épocas. Unas, tremendas, pueden durar un año, durísimas. Son momentos, que tienen que ver con muchas cuestiones, el adentro y el afuera, que afectan nuestra cotidianidad.

–¿Extrañan ser tres?

J.L.: –Agustina –Picasso, antigua integrante del  grupo– está en Los Ángeles hace cinco años. Nosotros estuvimos exponiendo y estuvimos tentados de irnos allá a trabajar, pero después, llegado el momento siempre decidíamos quedarnos acá. Pensamos que trabajar en nuestro país es donde más fructífero puede ser lo que tenemos para decir.

–¿Cambió la dinámica de trabajo?

M.M.: –Es un proceso muy orgánico el crecimiento de una obra, que va cambiando según la gente que se acerca a participar y nosotros estamos abiertos a eso. De hecho, el esternón de monedas surgió de una charla con Fowgill, es una idea que aportó él. Kevin Power, el curador de la muestra  Paisajes, aportó mucho pensamiento. Los imputs vienen de un montón de lugares. Por eso en los catálogos no ponemos ni curriculum ni nada.

–Mondongo es muy popular, pero a ustedes no los reconoce nadie por la calle.

M.M.: –A la obra sí, fueron 80.000 personas a la muestra del Mamba. Nosotros queremos que nuestra obra sea vista por la mayor cantidad de gente posible y que tenga difusión. Pero no creemos que nosotros tengamos que tenerla. El trabajo es más interesante que nosotros. Es lo que hacemos, donde nos concentramos, estamos años depurándolo.

J.L.: –Ahora con la muestra tuvimos que salir a dar notas, pero no creo que a la obra la ayude ir acompañada por el discurso.

–¿Tienen relación con otros artistas?

J.L.: –Vamos a ver las muestras que nos interesan pero no el día de la inauguración. No por una estrategia, ni nada.

–¿Qué sensación les provoca el burbujeo del vernissage?

M.M.: –Creemos más en el trabajo cotidiano que en hacer una escalada desde las relaciones públicas. El tiempo nos dio la razón en algún punto.

–¿Qué opinan de las críticas que les han hecho los críticos más críticos de Internet (léase Rodrigo Cañete)?

M.M.: –En el mundo de los medio digitales, donde cada uno puede opinar  lo que quiere desde su casa, pueden decir cualquier cosa.  Y también, cuando uno hace algo tiene que saber que te van a querer y no te van a querer. Cuanto más grande sea tu llegada al público, en general, más te van a pegar. Lo vivimos infinidad de veces. Creo que no hay críticas cuando la obra no tiene fuerza. Cuando era chico vi un documental de Bacon que decía que cuando a alguien no le gustaba un cuadro se sentía más satisfecho que cuando le gustaba.

 RETRATOS

003-FO-RET-FOGWILL-IMP-DETEl pico de fama de Mondongo fue quizás en 2002, cuando recibieron el encargo de los retratos de la familia real de España.  Para hacerlo eligieron vidrio y espejos… una metáfora de cómo los españoles se veían reflejados en sus monarcas, dijeron entonces al enviado. Nada que ver con el intercambio de oro por espejitos de colores de los tiempos de la Conquista. De esa época son los retratos de Maradonacon cadenitas de oro, Amalia Lacroze de Fortabat con perlas, Atahualpa Yupanqui con lana, Carlos Gardel con alfileres, Eva Perón con panes, Jorge Glusberg con caramelos media hora, Ignacio Gutiérrez Zaldívar con comida para perros, Sergio de Loof con botellas de vino, Federico Klemm con tachas sobre cuero, Pablo Suárez con carne picada y el Che Guevara con balas.Antes de formar Mondongo, los integrantes del grupo eran estudiantes de Bellas Artes, abocados a la pintura. Un punto en común era el retrato.

–¿Siguen haciéndoles encargos de retratos?

M.M.: –Mariano Rajoy –presidente de España– nos quiso encargar uno, pero no lo hicimos. Cuando te pide un personaje público un retrato nosotros nos sentimos obligados a opinar… y hay personajes de los que ni tenemos ganas de opinar. Nosotros al tomar un encargo poníamos como condición ser libres para la realización, era una especie de experimentación paga que nos permitió vivir mucho tiempo. Pero hemos dicho que no tanto tiempo que ya ni surgen.

J.L.: –El último que hicimos fue el de David Cronenberg –encargado por Viggo Mortensen–, que para nosotros era imposible decir que no porque somos fanáticos de sus películas. Lo hicimos de hilo, que para nosotros es nuestro material básico para retratos porque creemos que tiene una profundidad psicológica que la plastilina no tiene.

–Ustedes sigue interesados en la retratística.

J.L.: –Siempre. Los hacemos para nosotros y nadie los ve, aunque ahora los expusimos en el Mamba y en el interior (Neuquén, Córdoba, San Juan). El mío, el de la abuela de él…

M.M.: –Son de nuestro mundo personal, los tenemos en el taller y no están a la venta.

–Los retratos de materiales orgánicos, ¿están envejeciendo bien?

M.M.: –En la muestra del Mamba pusimos uno de carne de hace diez años y resisten. Son cuadros vivos, que van modificándose lentamente.

J.L.: –La plastilina sí perdura.

M.M.: –Hemos hechos tres tandas de siete colores cada una, 300 kilos por cada color. De todas esas, la única que tuvo un conflicto mínimo fue una tanda de negro de la segunda partida, que incluía pigmento de hueso. Con el paso de los años algunos negros y algunos colores que lo tenían mezclado surgieron cristales. Descubrimos que a lo largo de la historia, cada uno que había usado pigmento de hueso había tenido cristales: Rembrandt, Goya. Es ensayo y error, y lo tomamos como parte de la obra. El ensayo creativo que implica desarrollar algo.

 RECURSOS

–¿Cómo es su relación con el dinero?

J.L.: –Somos conscientes de que los proyectos necesitan dinero para generarse. Desde que empezamos a vivir de esto lo que hacemos es mantener esta rueda, que por momentos se nos hace una pesadilla. Todo lo que ganamos lo usamos para seguir viviendo y para hacer proyectos cada vez más ambiciosos.

M.M.: –Hemos dado de baja líneas que eran muy fructíferas a nivel económico, pero que estaban agotadas creativamente. No hacemos más Caperucitas Rojas, ni retratos por encargo, ni hacemos más calaveras. Trabajamos siempre con series en paralelo, porque uno planta una semilla, pero tarda años en crecer.

J.L.: –Paisajes fueron cuatro años de trabajo y fue muy difícil, porque en paralelo teníamos que generar obra para mantener eso. Con las calaveras pudimos sostener ese delirio… Si hiciéramos 20 calaveras más, tendrían compradores.

–¿Quiénes compraron las otras once?

M.M.: –Están por todos lados, se vendieron todas afuera. Una está ahora en el Museo de Houston. Dos fueron compradas por un centro cultural en Bélgica y se expusieron ahí. Hay dos en Dubai, una en París, otra en Puerto Rico… Otra se sumó a la colección de Richard Harris, y se expuso en Londres, Chicago y ahora va a Rusia.

–La época de los retratos a rabinos fue de buenos ingresos…

J.L.: –Sí, fue en 2006, cuando no teníamos un peso. Y apareció un comprador dueño de hoteles que nos encargó diez retratos a personalidades argentinas en diferentes materiales. Eso nos permitió arrancar de nuevo el motor. Le queríamos hacer un regalo de agradecimiento y le preguntamos de quién quería un retrato, y nos pidió alRebe de Lubavitch,un rabino ortodoxo, ya fallecido, que es el único del que está permitido tener imágenes. A partir de eso nos llegó una ola de pedidos de Rebes. Fue interesante conectarse con todo un mundo diferente. De hecho ahora vienen rabinos al país y nos vienen a visitar. También hicimos retratos de otros rabinos vivos.

IMG-20150409-02668–¿En qué están trabajando ahora?

M.M.: –Estamos preparando una performance para un nuevo espacio que vamos a abrir para el arte más experimental. Será una vidriera en Palermo, (Gurruchaga 2465), donde invitaremos a otros artistas. Lo vamos a inaugurar durante la Bienal de Performance en mayo. También estamos con un retablo sobre la Villa 31. Y estamos preparando una muestra para Filipinas.

–¿Paisaje está en venta?

M.M.: –El Paisaje 1 lo hicimos para una muestra en Nueva York, cuando todavía no sabíamos que iba a convertirse en una serie. Desistimos de venderlo y volvimos con él para poder hacer la serie circular.

J.L.: –Se vende entero.

–¿Cuánto puede valer semejante obra?

M.M.: – No queremos hablar más de números. Tuvimos una presencia importante en los medios hace diez años y mucho giraba en torno de los valores de las obras. Una falacia total. Esta vez no nos parece importante, el precio es algo coyuntural que depende de la oferta y la demanda. Acá nos interesa destacar el trabajo que hacemos. Después, cómo lo valida la sociedad a través del dinero no nos parece de interés. Lo necesitamos para sobrevivir, pero no nos parece lo importante de nuestro trabajo.

–¿Quiénes los apoyan?

J.L.: –Kevin Power – ensayista, poeta, traductor y editor de origen británico, fue subdirector del museo Reina Sofía–, que murió hace poco, fue nuestro mentor y compañero durante años. Fogwill fue otro. Ahora nos está apoyando mucho Mari Carmen Ramírez –curadora de arte latinoamericano y directora del Centro Internacional de las Artes de América en el Museum of Fine Arts Houston–. Y un galerista de Los Ángeles,Tom Patchett, que es el creador de Alf, el extraterrestre de aquella serie norteamericana. En 2005, a través de Kevin, nos hizo nuestra primera muestra individual, enorme. Después hicimos dos más.

M.M.: –También nos ayudó mucho Rei Kawakubo, diseñadora de modas japonesa y fundadora de Comme des Garçons. Es una diseñadora conceptual pero que a la vez es número tres del mercado mundial. En 2008 nos pagó los derechos para usar nuestras obras como imagen de su marca, hizo unos booklet sólo con nuestras obras que distribuyó a 30.000 personas en todas partes del mundo y nos organizó muestras en China y Londres.

–¿Siguen existiendo los mecenas?

J.L.: –Mecenas está relacionado con el dinero. Estos apoyos son algo mucho más valiosos, porque tienen que ver con lo espiritual, con abrir puertas, con el conocimiento. Una energía mucho más elevada que lo que económico.

M.M.: –Después tenemos compradores que nos ayudan, coleccionistas de Bélgica, España, Los Ángeles…

–¿Alguno en la Argentina?

M.M.: –Muy poco.

EL PAÍS

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–¿Paisajes habla de la Argentina?

J.L.: –Surge después de tres días de descanso en Entre Ríos, cuando quedarnos shockeados con la naturaleza después de tanto encierro. Sacamos muchísimas fotos y volvimos e hicimos ese primer cuadro que fue a Nueva York. Y después empezamos a encontrar un montón de significados en esa geografía que eran muy metafórica de la realidad Argentina.Es un lugar asechado por inundaciones. Los árboles quedan moribundos, casi besando el piso. Cuando el agua se retira empiezan a brotarles nuevas ramas. Están en constante renacimiento. Es el ciclo de la vida.

M.M.: –Es muy alegórico de lo que pasa en cualquier parte del mundo, pero pintamos lo que nosotros conocemos, por eso de pinta tu aldea y pintarás el mundo. Pintamos  lo que vemos, para tratar de reflejar algo más universal.

–¿Cómo es esa Argentina que encuentran reflejada?

M.M.: –Contestarte sería cerrar la obra… es más interesante dejar que la obra hable por sí misma y no atarla a un discurso político cerrado. Que cada uno vea cómo le habla. Claro que está relacionado con la Argentina.

J.L.: –Cuando vos entrás al Paisaje ves la parte más oscura, agobiante, no ves el final de los troncos. Por el medio empezás a ver la laguna, donde entra un poco de sol. Un especie de remanso para poder seguir, porque sigue siendo oscuro. Termina en el río, donde se ve el horizonte, la copa de los árboles, el cielo. Es un mensaje optimista.

M.M.: –Las calaveras son mucho más irónicas y siniestras. Pero para exponer en Argentina queríamos dar un mensaje positivo.

–¿Son optimistas con el país?

J.L.: –Sí, siempre.  Pero es una pesadilla esto de la confrontación constante.

M.M.: –No es blanco y negro todo, hay un montón de grises en el medio. Notamos en esta vuelta a salir en los medios que la gente te pregunta directamente de qué lado estás. La serie de los Paisajes plantea un poco eso: hemos atravesado un montón de situaciones, momentos oscuros, momentos bellos, está repleto de grises. No es todo blanco o negro.

–¿Cómo vinculan al arte contemporáneo con la situación financiera global?

M.M.: –El monetarismo es uno de los temas que más nos ocupan mentalmente, porque todos nuestros trabajos están animados por pensamientos. Es uno de los temas que más nos interesa tratar de entender porque creemos que funciona mal… En nuestra forma de vida el sistema es alienante. No hay una salida evidente. El dólar ha sido siempre el marcapasos de nuestra realidad.

J.L.: –En la obra Merca– se presentó en 2005 en la galería Ruth Benzacar– construimos como una cama de faquir de 40.000 clavos, y ahí tejimos un dólar con un sólo hilo plateado, que no se corta nunca. Nos rompimos la cabeza hasta que encontramos una máquina que  agujereaba a 90 grados los clavos. Empezamos clavándolos a mano y siempre nos quedaban torcidos. Si se corta el hilo, todo se derrumba. La basa de esa cama negra estaba cubierta de una resina empetrolada. Es amplia su interpretación.

M.M.: –Lo mismo que el esternón de monedas que mostramos en Mamba, estas obras surgen cuando nos llega alguna idea interesante que nos hace alejarnos de nuestro universo más pictórico. El esternón parte de la lectura de un libro que nos prestó Fogwill de Marc Shell–Money, Language, and Thought: Literary and Philosophic Economies from the Medieval to the Modern Era, 1993–donde transcribe todos los debates que se plantearon en Estados Unidos cuando se pasó del dinero metálico al dinero en papel. Ahora que estamos migrando al dinero electrónico, retomamos la moneda que vale más por sus materiales que por su valor nominal.

–¿Qué opinan de la gestión cultural nacional?

M.M.: –Creo que la Argentina es un lugar de ebullición. La energía va pasando: ha estado en Europa, pasó a Estados Unidos y creo que ahora Latinoamérica está muy en ebullición. Sería interesante poder darle cauce  a eso. Una buena noticia es que reabrió el Mamba un museo público, gigante, el más grande de Latinoamérica. Y se están abriendo museos provinciales, museos privados… Cuando empezamos a trabajar en Palermo no existían la cantidad de galerías que hay hoy.

J.L.: –Tenemos esperanzas en este nuevo edificio del Mamba tan alucinante, con unas salas enormes, luces preciosas…

–Fueron la última muestra de la directora histórica, Laura Buccellato.

J.L.: –Fue muy bueno conocerla, muy buena experiencia.

–¿Han ido a arteBA?

M.M.: –Hace años que no vamos… la última vez fue en 2005. Las ferias de arte son interesantes a nivel mercado, pero no sé si llegan a ser interesantes para presentar un trabajo. Está bueno que existan porque dinamiza el mercado. Las ventas que genera hacen que muchos artistas y galerías puedan producir tranquilos durante mucho tiempo.

–¿Notan cambios en el mercado del arte argentino?

M.M.: –Para nosotros el mercado del arte argentino no existe. Producimos muy pocas obras, y las exportamos. Pero la cantidad de gente que fue a la muestra es algo que me sorprendió. Nos pone muy contentos.

Data: La muestra de Mondongo se puede visitar hasta el 17 de mayo, en el Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson (Av. Libertador 862, San Juan, Argentina).

Números: Mondongo fue sensación cuando en la Gala 2013 Latin American Experience, se subastó su Calavera 12 (la misma que en las fotografías de esta nota estaba en pleno proceso de creación) a 155.000 dólares. El marco del remate fue la muestra que se presenta en el Museo de Bellas Artes de Houston Antonio Berni: Juanito y Ramona, que podrá verse hasta el próximo 26 de enero en el Caroline Wiess Law Building del MFAH, y que después sale a itinerar por Phoenix, Arizona,  México DF y finalmente a Buenos Aires, cuando llegue al Malba en octubre del año próximo. Esta gala se realiza cada dos años para celebrar el arte y la cultura de América latina y rendir homenaje a una figura de la región, que este año fue Nelly Arrieta de Blaquier, mecenas del Museo Nacional de Bellas Artes. Entre lo obtenido en la subasta  comandada por James Niven, de Sotheby’s Estados Unidos y la venta de las mesas para los 375 asistentes se recaudaron 1.300.850 dólares. El precio de la obra de Mondongo escaló bastante respecto de las últimas ventas en la Argentina. Hace nueve años, Daniel Maman vendía sus obras en valores entre los 10.000 a 35.000 dólares. El retrato de Diego Maradona hecho en oro fue adquirido a 170.000 pesos por la firma Casinos Victoria, en 2005. La última exposición a la venta en una galería fue en Ruth Benzacar, en 2009. Otra Calavera estaba entonces a la venta, y su precio era de 60.000 dólares.

mondon

Esta es la versión larga de la entrevista publicada el 24/4/15 en Clase Ejecutiva, El Cronista Comercial.

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