El diario de Aída, o cómo el arte puede ser un bálsamo para el alma de un chico

Un grupo de artistas llega con bastidores, acrílicos, pinceles y atriles al Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. Cada uno de ellos ingresa en una habitación y da clases individuales a un chico internado en el área de Cuidados Paliativos. Durante dos horas, el tema no es el dolor, ni los remedios, sino el color y la fantasía. Los pacientes no son enfermos, sino artistas. La habitación se transforma en atelier. Eso es Vergel.

Mejorar la calidad de vida es el objetivo de este proyecto que une arte, salud y educación, y que fue iniciado por la artista Catalina León en 2006. Más tarde se sumaron Florencia Rodríguez Giles, Verónica Gómez y Guadalupe Chirotarrab. Llevaron arte a unos 400 chicos. Como Aída Bareiro, que estuvo un año y medio internada, desde principios de 2013, con diagnóstico de leucemia. Durante ese lapso, pintó en 45 encuentros con estos artistas voluntarios. Y, entusiasmada, seguía haciéndolo después de clase. En un diario volcaba sus experiencias, sueños y temores a través de la pintura, el dibujo y la escritura. Ahora, tomando como eje el diario de Aída trece artistas exponen en María Casado Home Gallery, a beneficio de este proyecto.

En la inauguración, el domingo pasado, había creadores prestigiosos como Luis Felipe Noé, chicos corriendo por el jardín, música y copas. No estaba Aída. “En este tiempo he sufrido mucho, pero por momentos, gracias a la pintura, pude olvidarme de lo malo y viajar”, se lee en una letra redonda escrita con biromes de colores, en un cuaderno forrado con tela que descansa sobre la mesa, custodiado por un búho dorado que es parte de la exposición. En marzo de este año, fue dada de alta, y ya con 18 años cumplidos continúa hoy su tratamiento de manera ambulatoria. Es paraguaya y llegó al país para combatir su enfermedad. Extraña su casa, a su mamá, a sus hermanos. Y pinta árboles, mariposas, pájaros, plantas de su tierra.

“Para su cumpleaños le regalamos unos libros sobre la colección del Museo Nacional de Bellas Artes. Un día nos propusimos que cuando le dieran el alta iríamos al museo. ¡Y lo logramos! No podía creer que veía en vivo las obras que había visto desde su cama”, dice Chirotarrab, curadora del proyecto. Leyeron juntas el diario de Frida Kahlo, otra pintora acostada. Le quedó grabada esa frase que dice que sus cejas son gaviotas que hacen volar su imaginación, y una exuberancia vegetal y animalística, una paleta de colores vibrantes, y la fantasía. Aída traza mandalas de pelícanos y caballitos de mar, se autorretrata en un jardín de rosas, se regala arcoíris.

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Los artistas Máximo Pedraza, Daniel Joglar, Laura Códega, Nicanor Aráoz, Mónica Millán y Santiago Gasquet tomaron como punto de partida el mundo de Aída y crearon obras especialmente para esta exhibición. “Es la tercera vez que hacemos esta muestra a beneficio de Vergel”, destaca Casado, que tiene una galería en el living de su casa desde hace más de diez años. Exponen también Elba Bairon, Florencia Bohtlingk, Fabián Burgos, Santiago García Sáenz, Alberto Goldenstein, Lola Goldstein y Benito Laren. Y Aída Bareiro.

artistas

De izquierda a derecha, los artistas Joglar, Goldenstein, Códega, Millán y Laren; abajo, Pedraza, León y Chirotarrab Foto: Emiliano Lasalvia

“Buscamos artistas cuya obra tuviera un vínculo con la obra de Aída o que fueran importantes para ella” cuenta Chirotarrab. Por ejemplo, en los cuadros circulares de  García Sáenz se inspiró Aída para crear sus propios paraísos, a partir de libros que veía en el hospital. Gasquet, pensando en la protagonista de esta exposición, dibujó en grafito plantas medicinales de Paraguay. Aráoz hizo en birome un cómic con estética manga, donde se ve a una chica pintando rodeada por animales-ángeles de la guarda.

Pedraza leyó los 45 informes que escribieron los artistas después de sus encuentros con Aída. “Me interesó mucho el entusiasmo que tiene ella por refugiarse en la pintura. Me siento mal, pero pintando me siento bien… y eso me emparenta mucho con ella. Hace por una necesidad. Ella pinta su mundo, y es su refugio”, explica. Aída pintó cuatro árboles de las estaciones, pero les cambió el orden. Pedraza se apropió de la imagen y pintó esos mismos cuatro árboles pero en el monocromo terroso que lo caracteriza.

Códega se inspiró en otras páginas de Aída para su Marandeko o historia en guaraní: rosas y canarios pirograbados en cuero. “Vi el diario y me pareció hermoso. Me conecté desde un lugar muy emocional con sus imágenes y su poética. Hablamos con el lenguaje de la pintura, que tiene sus propios parámetros. No se habla sino con pintura”, cuenta. Joglar también partió del diario. “Me transmite liviandad. Esos colores apastelados, la tierra color rosa… Me parece todo muy mágico. Yo trabajo con lo etéreo, lo que flota, la magia”. Los mismos colores tomó para hacer un árbol suspendido en el aire de pelotitas, baritas y alambre.

“Aída es una persona mágica que marcó mi vida -dice desde Japón Rodríguez Giles, quien más clases le dio-. Fue una gran experiencia trabajar con ella, ver la avidez y la fuerza con la que se puso a pintar luego de un mes de terapia, cuando su cuerpo todavía estaba muy débil. Fue en ese momento que comenzó su diario y pensó en ser artista”.

“Creo que lo más maravilloso es ver la capacidad humana de crear. Ves el sentido del arte. El arte como una gracia divina, la capacidad de hacer cosas, hacer surgir imágenes y que te produzcan placer en el hacer. Cambia el estado de ánimo. Es un don que tenemos todas las personas. Y es una gran satisfacción poder transmitirlo. Ahí se hace bien palpable la utilidad del arte”, dice Catalina León, quien empezó con Vergel. Esta artista, ganadora en 2007 del Premio ArteBA Petrobras, siempre tuvo la mirada puesta en los demás. En la inauguración la acompaña una chica, que hace diez años era una nenita que subía con su hermano a pintar en el taller de León en el Abasto. La puerta para ellos siempre estaba abierta. “Esta preocupación estuvo conmigo desde que empecé a hacer arte. Este trabajo me da una perspectiva de lo que es importante en la vida”, dice León.

“El objetivo es que se sientan a gusto y hagan lo que deseen. Lo importante es prestar atención a su deseo, devolver la subjetividad, porque la hospitalización, de algún modo, es una objetivación. Y también, presentarles desafíos y que aprendan cosas nuevas. Que aprendan de sus capacidades”, cuenta. Dos empresas donan los materiales, para que pinten como verdaderos artistas. Y el proyecto quiere expandirse: sumar más artistas y que visiten otros hospitales. Vergel dejó de ir a las reuniones médicas del equipo de Cuidados Paliativos, porque los detalles médicos sólo los llenaban de angustia. Escriben informes y consultan con la psicóloga del grupo, y tienen reuniones de supervisión.

Están en la permanente búsqueda de la distancia óptima con sus alumnos, ni muy distantes ni demasiado involucrados. Porque este trabajo puede volverse triste. Pero hay un momento en que descubren que vale la pena el esfuerzo, dice León: “Lo más maravilloso es ver cuando un chico de pronto descubre algo. Estoy afuera y veo cómo se está encontrando con su pintura, está descubriendo una parte de sí mismo nuevo y lo está disfrutando… es algo muy hermoso de ver. Es como ver a dos personas que se están mirando a los ojos y se están enamorando”. Un instante de felicidad.

 

UNA INICIATIVA EN EXPANSIÓN

Vergel en María Casado

La muestra sobre el diario de Aída Bareiro puede visitarse en María Casado Home Gallery, con cita previa vía mail; ventas a beneficio, http://www.mariacasado.com.ar. El proyecto Vergel sumará nuevos artistas para visitar más hospitales. Dos empresas donan los materiales para que los internados pinten como verdaderos profesionales. http://www.vergelarte.com.ar.

 

Miércoles 12 de noviembre de 2014 | Publicado en edición impresa: http://www.lanacion.com.ar/1743123-el-diario-de-aida-o-como-el-arte-puede-ser-un-balsamo-para-el-alma-de-un-chico
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