Nadia Guthmann. Escultura y biología.

Nadia Guthmann es escultora y doctora en Biología. En Bariloche vive y trabaja a orillas del Lago Gutiérrez, y en su jardín pastan caballos reales al lado de un pegazo tamaño natural de tejido metálico, que como toda su obra remite al tejido biológico, la evolución y la ecología. Fanática de la Patagonia, defiende el derecho de vivir en un paraíso, aunque no deja de estar conectada con Buenos Aires, participando en concursos y convocatorias.

-Hay una tendencia a pensar que es una opción obligada para poder vivir del arte mudarse a las grandes urbes y creo que no es así. ¿Cómo ha sido tu camino?

-Por lo que pude observar y conversar con artistas de diferentes localidades, dedicarse al arte en el interior es indudablemente diferente de hacerlo en Buenos Aires y su periferia, y hacerlo en una ciudad patagónica y turística como Bariloche es diferente que en otras ciudades del país como Rosario, Córdoba o Mendoza. La comparación puede hacernos caer en resaltar lo que falta en tu lugar: no hay museo de arte, ni centros culturales, no hay escuelas ni universidades de arte, ni legislación que apoye el arte, no hay coleccionistas de arte, ni prensa especializada, no se consiguen ciertos materiales… Pero lo cierto es que hay personas como yo que no soportamos las ciudades por mucho tiempo, que necesitamos el contacto cotidiano con un ambiente menos alterado, los sonidos del viento y de los pájaros, los caballos que entran a cortar el pasto de tu jardín, los hijos cubiertos de barro, caminar por la montaña o ir al lago cualquier día de la semana. En los momentos que pude haber decidido ir a vivir a BA terminé sintiendo que no era una opción para mí, así como para mucha gente es imposible por otros motivos.

De modo que la cuestión fue buscar cómo hacerlo de una forma diferente que en las grandes ciudades y que en países desarrollados. Solía pensar en los tehuelches que habitaban Patagonia, que eran nómades y se movían siguiendo los recursos que necesitaban. Yo aproveché las oportunidades de becas que se me presentaron para complementar mi formación en talleres locales con viajes a BA y mantuve despues una dinámica de conexión con el afuera enviando obra a concursos, participando en simposios de escultura o exposiciones en diferentes ciudades, en contacto diversos puntos del país. Aquí prestamos mucha atención a lo que ocurre y cómo se manejan en otros lugares, sea Misiones, Tucumán, Chaco, Tierra del Fuego, viendo cómo se puede desarrollar una escena del arte aprovechando las características propias del lugar y su gente. Es bueno para tener otras perspectivas de tu lugar.

No puedo decir que viva “del arte”, ya que siempre hago otras cosas para subsistir, últimamente relacionadas pero no siempre fue así. Habría que ver cuántos artistas en BA logran (o quieren) vivir exclusivamente produciendo obra. Lo importante para mí es que puedo hacer obra continuamente, mostrarla y tener un intercambio enriquecedor con otros artistas y público de diferentes lugares. Incluso le dedico tiempo al estudio y la reflexión, lo cual también hace al quehacer artístico. Confieso que lograrlo es tan esforzado e inestable que desde que gané el Gran Premio del Salón Nacional y sé que voy a tener mi pensión se me alivió la preocupación por cómo hacer en el futuro. Unos pocos artistas de Bariloche están insertos en los circuitos comerciales y logran subsistir vendiendo sus obras, y sobre todo lo logran si venden en otros países. En mi caso las ventas o encargos son un complemento y la gran mayoría surgen fuera de Bariloche.

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De todas formas, las condiciones en Bariloche cambiaron mucho respecto de cómo eran cuando yo daba mis primeros pasos. Al principio me costaba mucho enterarme de lo que ocurría en el país y el mundo, las convocatorias y oportunidades. Con el correo electrónico e Internet es mucho mas fácil estar actualizados y mantener los vínculos a distancia, promocionar la obra, organizar actividades y enviar propuestas. Sigue siendo complicado el tema de las distancias para trasladarse con la obra, por lo que estoy muy agradecida de haber recibido ayuda de Expreso Oro Negro, que llevó muchísimas veces mis esculturas sin cobrarme y la Provincia de Río Negro que según como venga el año ha ayudado con pasajes. Antes de tener el transporte sponsoreado tenía que pensarlo mil veces antes de mover la obra: era terrible cuando enviaba a un salón y ni siquiera entraba.

Por otro lado, la ciudad creció, hay muchos más artistas y público interesado. Hace un año se abrió la primer galería de arte de Bariloche y recientemente se abrió otra más pequeña, que un poco compensan la falta de crecimiento de los espacios públicos. No permiten una independencia pero son mayores las posibilidades. Siguen siendo más conocidos en el país los artistas oriundos de Bariloche que se han ido a vivir a BA, y tienen mayor repercusión las muestras de artistas que viven en Bariloche cuando se realizan en BA. La prensa nacional, que llega a todo el país, está muy concentrada en lo que ocurre en la gran ciudad, mientras que lo que ocurre localmente rara vez trasciende. Por eso se sorprenden cuando los artistas del interior aparecen de repente con obra que maduró en la invisibilidad, “nos descubrieron, al fin nos descubrieron” (El descubrimiento de América según Les Luthiers).

En los últimos años percibo que el interior está siendo más tenido en cuenta. Hay más interés por lo que ocurre fuera de las grandes ciudades, como lo demuestra esta entrevista que me estás haciendo. Hay algunas cosas que espero que cambien para que no siga siendo tan duro. Por ejemplo, con la Asociación de Artistas Plásticos de Bariloche vamos a realizar una muestra colectiva en Pto Montt, que está cerca de Bariloche cruzando por Paso Samoré, pero las licencias de exportación tuvimos que tramitarlas en BA. Creo que tendría que haber un aumento de la conciencia y práctica federal, no sólo en los grandes centros sino en cada localidad valorando e impulsando los valores propios.

Nadia Guthmann

-¿Tu obra está muy ligada a tu otra profesión?

-En realidad, de entrada ni siquiera intenté vivir del arte. Estudié biología en la Universidad Nacional del Comahue, fui becaria de Conicet hasta terminar el doctorado, desarrollándome como escultora paralelamente. Pensaba que era ms fácil vivir de la ciencia y hacer arte más libremente, pero me salió mal: no contaba con que nos mandaran a lavar los platos (como dijo Cavallo refiriéndose a los investigadores del Conicet). Y así tuve que boyar con trabajos relacionados con biología o con arte según pintaran, durante varios años hasta que se fue definiendo más por el lado del arte. De la ciencia lo que me interesaba era la investigación, no la docencia o el trabajo técnico, por lo que fui descartando esas ofertas. Desde muy chica me habían fascinado los animales y tenía muchas preguntas sobre sus diferentes formas y comportamientos que me llevaban a la evolución y la ecología. Siempre estaba observando, leyendo, viendo documentales, siempre dibujando. Cuando empecé a trabajar con las mallas de metal, por los ’90, confluyeron los conceptos biológicos y escultóricos. En mis obras aparecieron ecosistemas que reflejaban simultáneamente temas sociales o personales. El material en sí ya sugiere una relación, porque los tejidos metálicos remiten a los tejidos biológicos. Pone el acento en la interfaz, en la piel como delimitación de los individuos, que los separa y conecta de lo otro, coincidiendo con la porosidad del material. Al meter un animal dentro de otro se rompe la unidad individuo para dar lugar a otra unidad donde cada componente es en función del otro, es como es porque existe lo otro. Son conceptos de la evolución y la ecología que empiezan a interactuar con los animales símbolo o ícono. Predadores y presas, domesticados y salvajes, se me aparecen con lecturas en diferentes niveles: ecológico, cultural, social y psicológico.

-¿Tu raíz patagónica es muy fuerte?

-Los temas patagónicos no son los únicos pero aparecen frecuentemente: la liebre y la mara o el carnero y el puma para hablar de la conquista, la marginación de los pueblos originarios y su cultura, los conflictos por la tierra en la Patagonia. Vivo aquí desde los 12 años y amo la Patagonia, desde la montaña -me inicié en el andinismo a esa edad- hasta el mar -fanática de Península de Valdés-, pasando por la estepa con tantos rincones que me faltan conocer -recorrí bastante en estudios y expediciones biológicas. Ante la actualidad de la región surgen un montón de preguntas sobre cómo se fue construyendo esa realidad. Por otra parte a veces me identifico con animales de la zona y siento que muestran ciertas cualidades y energías necesarias para subsistir en estos ambientes, por ejemplo guanacos, pumas, ñandúes y águilas.

pegasoinvierno

-¿Cómo es tu lugar en el mundo y tu relación con la comunidad?

-Vivo a unos 15 km del pueblo (como le decimos aquí al centro de Bariloche), en Villa Los Coihues, un barrio a orillas del Lago Gutiérrez, al pié del Cerro Viejita, una estribación del Cerro Catedral. Hay una escuela y una biblioteca popular al lado de la Junta Vecinal que constituyen un centro social y cultural ademas de educativo, por lo que son muchos los vecinos con los que nos relacionamos, no solo por nuestros hijos que asisten a la escuela. A veces me piden que haga alguna actividad sobre escultura con los chicos de la escuela, en la junta o en la biblio, hay una construcción de comunidad en esa pequeña escala, valorando el aporte de los vecinos en sus diferentes especialidades. Noto que en la región, estoy ahora entre los artistas valorados, me invitan a participar de eventos aquí y allá, me contactan para consultarme algo, dar alguna charla e incluso han venido a visitarme cursos de arte de El Bolsón y de Puelo. A lo largo de mi vida he recibido mucha ayuda y estímulo de otros artistas, fueran mis pares o de mayor trayectoria, sé lo importante que es, de modo que intento responder del mejor modo que puedo con mis colegas y la gente que se está iniciando.

En casa, donde vivo desde el 2000, adapté una cochera para taller, un espacio fantástico de 4 x 5 m pegado a la casa. Mayormente estoy trabajando hierro desplegado, con amoladora y soldadora eléctrica. Aunque también tengo herramientas para tallar madera y piedra, modelar arcilla o hacer moldes para colar resina poliéster y las utilizo ocasionalmente según los proyectos o para enseñar. Con algunos niños que vienen trabajamos reciclando todo tipo de materiales, cartones, plásticos, chapas y papeles, así que mi taller suele ser un lío de cosas de lo más dispares. Tengo un banco de carpintero, una mesa de hierro de tres patas que hice, caballetes y tablones, y la salamandra tiene su rincón. Me queda un poco chico para algunas obras que tengo que terminar afuera. Durante estos años trabajé mucho a la intemperie, teniendo que interrumpir los días de lluvia, nieve o mucho frío…que son muchos al año. Ademas el suelo irregular de tierra a veces me complica. Este año aproveché algunos trabajos extra para iniciar la construcción de otro taller más amplio, de 6 x 8 m, 3,5 m de alto. Calculo que en unos 5 o 10 años podría tenerlo terminado, pero ya mismo tengo el piso y techo y estoy trabajando allí algunos días. Todavía no da para cuando hace mucho frío pero al menos se mantiene reparado de la lluvia y tengo un piso plano.

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