Georg Miciu. El pintor de la luz.

Georg Miciu se ha vuelto tan sedentario que no sale de su cabaña en San Martín de los Andes más que para pintar. En el bosque, con vista a la montaña, un gran familia que lo acompaña, no necesita mucho más. Pinta a golpe de espátula escenas de esa tierra que hace tiempo lo adoptó (y viceversa). El tema, como el de una larga traición de pintores, es la luz. Porque Miciu pinta al aire libre, llueva, truene, nieve o el viento congele los dedos. Nació en Austria, se crió en Argentina, y en su juventud fue un impresionista mochilero, que recorrió América y Europa. Se estableció en Granada. Más tarde paseaba en sulky a su clan hippie por Villa Giardino, Córdoba. Es hijo de pintor, hermano de pintor y varios de sus nueve hijos tienen inclinaciones artísticas. Es desde hace tiempo, el pintor de la Patagonia.

-¿Cuál la relación entre su pintura y el espacio donde vive?

-Si bien pinto muy poco el paisaje que rodea mi vivienda en plena cordillera nor-patagónica, por ser cuasi-bucólico, es imposible evitar la influencia. Y cuando lo hago es más como práctica de entrenamiento del ojo; asunto que debo mantener activo semanalmente, pues la percepción de la armonía tonal se pierde por falta de salidas con caballete de campaña.Mi fuente de inspiración en los fondos es la árida estepa, con sus gamas pasteles y luminosas.

georg miciu

-Siempre elige estar dentro del paisaje, ¿su obra lo necesita?

-La evolución de mis composiciones ha hecho con los años un inconsciente zoom-in centrado sobre figuras humanas o animales, perdiendo panorama y ganando anécdota costumbrista. Sin embargo, trabajando au plein air,  el paisaje aparece como ente influyente que condiciona el color de mis figuras. Cuando trabajo en atelier, utilizo indefectiblemente imágenes de figuras en blanco y negro, pues de ese modo nada influencia sobre la gama de color generada en mi mente. Utilizando una fotografía-color el resultado es un híbrido, y ¡termino haciendo otra fotografía!

 -¿Sigue usando esa especie de papamóvil para pintar al natural sin congelarse?

-Naturalmente; con la finalidad mencionada, de acceder a las extensas y ventosas estepas. Si bien el georgmovil está construido como para pintar desde su interior, como en un atelier, normalmente me sirve de pared para protegerme del viento, problema más difícil de resolver que las bajas temperaturas. Su prestancia todo terreno me ayuda acceder a rincones recónditos.

-¿Cómo comercializa su obra?

-En forma totalmente directa a quienes les atrajeron mis lienzos en los muy reducidos lugares de exposición, por recomendación de mis fans, o por contacto cibernético. En mis casi 300 muestras personales en siete países (desde 1998, con la exposición en el museo Errázuris, no realizo más exposiciones), 30 fueron hechas a través de un galerista en España, una en París y unas pocas en Villa Allende, Córdoba. En Buenos Aires sólo se ofrecen mis obras tempranas, normalmente en reventa; de las cuales he adquirido ya 19 de ellas, las que considero doblemente mías…

 -¿Cómo interactúa su trabajo con la comunidad?

-Si tu pregunta es en relación a las dos anteriores, te diría que la comunidad de los lugares en donde residí durante periodos relativamente largos siempre me apoyó en forma práctica y amable, a lo cual correspondí devolviendo ese cariño con talleres y clínicas sin cargo, pues me siento deudor. Actualmente, por razones de salud, no estoy en condiciones de atender personalmente al púbico, pero ofrecemos ver mi obra, y la de toda nuestra familia, en el edificio Colección Georg. En cambio, si la pregunta es conceptual respecto a lo que la comunidad que me rodea me inspira, ella me aporta escenas muy bellas con sus actividades naturales y costumbristas. En cuanto al espíritu de lo que recibo y la forma en que procuro transmitirlo, uno debe elegir  como quien decide frente a una gran mesa de desayuno continental entre lo que te hace bien, alimenta y es rico, o te zafás pretendiendo ser original y atrevido…

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 -¿Y más allá de su comunidad?

-Tenemos un porcentaje de visitantes extranjeros muy interesados, quizás por tratarse de una visión de América (más precisamente patagónica) vista con ojo parcialmente europeo. A pesar de que la difusión es de boca en boca, muchos de ellos vienen informados acerca de mi obra. Luego de pintar en una veintena de países, gracias a Dios ya no viajo. Desde mi casa tengo la vista al cerro que me enamoró en mis tempranos viajes mochileros de la década de los sesenta; y en las estepas patagónicas encuentro motivación sin limite. Atando esta pregunta a la anterior, te diría que si hacemos un parangón con lo que esta bendita tierra ofrece en materia de carne y vinos, Argentina ha sido, y aún lo es, cuna de pintores que han transmitido explícitamente y con genuina amabilidad lo bueno y estético; “lo que te hace bien, alimenta y es rico”, sin entrar a discriminar por causa de estilos o escuelas. Hombres y mujeres de diferentes latitudes, con iguales criterios estéticos, identifican las obras de estos pintores y cuando las adquieren no están pensando en inversión sino en “lo que les hace bien…”

-¿Cómo se puede vivir del arte, sin necesidad de resignar la naturaleza y venirse a la ciudad?

-Muy sencillo: por respetar la Obra del Creador, ¡Él devuelve en respeto!

Miciu y su papamovil

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