Eugenio Cuttica: retratos del alma

Eugenio Cuttica presenta una serie de pinturas de gran tamaño y producción reciente en Isabel Anchorena Galería de Arte, en las que ahonda su permanente búsqueda expresiva y espiritual.

–Sus nuevos trabajos, ¿qué energía conllevan?Foto Eugenio Cuttica (1)

–Sigo intentando hacer visible un flujo energético y voy dejándome atravesar por él. Intento estar 24 horas, 7 días de la semana, dentro de esa zona. Sé que es mi propósito ulterior hacer de mis cuadros no representaciones de lo visible sino entes energéticos impregnados de lo verdadero y más real que lo cotidiano nos ha hecho olvidar, para que a través de la magia simbólica recordemos en un segundo… y salgamos de las ilusiones.

-¿Qué les sucede a sus personajes de ojos cerrados?

–Un nativo de los Andes en Colombia me dijo: ‘Me gusta su trabajo porque no es una suma de retratos sino que usted trata de retratar el alma humana’. Ese pequeño nativo tal vez descendiente de los incas puso en palabras lo que yo venía intentando expresar. Los retratos con ojos cerrados son la mirada interior. Es mentira que tenemos que vivir en el universo que nos han otorgado. Hay muchos universos paralelos en el espacio-tiempo y no existe la división entre el adentro y el afuera. Con la mirada interior podemos actuar en el libre albedrío y elegir el universo que queramos. De adentro hacia afuera. Depende de lo que deseemos ver con los párpados cerrados.

-¿Qué diferencia a esta serie de las anteriores?

–Coincidimos con la galerista en que la dimensión es belleza en sí misma. El resultado es una muestra sobre la generosidad del espacio. Los campos de flores son una metáfora de la belleza del espacio, el vacío y el silencio, que es lo que somos. Esa belleza, que es un vacío lleno, como un estado previo a unirse al creador,  es un símbolo de esa dimensión, la que decíamos que podemos elegir alejada del caos, del ruido, de la matrix y de una vida anestesiada.

Cuttica -Lina y las lavandas

-¿Hacia dónde va su pintura?

–Creo que mi trabajo va. Digo creo porque tiene mente y entidad propia, que no responde a mí. Es como si yo tuviera a otro adentro mío mucho más inteligente que yo, que apunta con su mano hacia dónde quiere ir. Creo que ese ente se dirige hacia la aceptación de la nada, a la aceptación de la verdad de la nada, del tremendo potencial de belleza que esto encierra: la hidalguía y el coraje de aceptar lo que es… como la verdad de un tremendo poder redentor.

Libertad 1389, hasta el 9-6

Publicado en La Nación Revista, 1-6-14

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