Pat Andrea y Alicia en el País de las Maravillas

Pat Andrea es holandés por nacimiento, residente en París y argentino por sentimientos. A Buenos Aires trajo una muestra tan itinerante como él, Alicia, que se puede ver en Colección Fortabat. Ya fue vista desde 2006 en París,  Atenas, La Haya, Barcelona, Niza, y en el país, en San Juan y en Córdoba. Son 48 obras de gran tamaño inspiradas en el libro de Lewis Carroll, papel en paneles de madera, de las series Al otro lado del espejo y lo que Alicia encontró allí, 2003-2006.

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–¿Alicia anda buscando el país de las Maravillas?

–Argentina tiene unos museos fantásticos. Y cada vez que montamos esta muestra encontramos una lectura diferente. Hago siempre una intervención en la sala. En San Juan hice una escultura, en Córdoba un gran mural en una pared de durlock que fue donado a un museo de Unquillo, que se financia con donaciones de artistas, y en Buenos Aires dibujé en dos paredes. La última presentación será en Oxford, Londres, donde fue escrito el cuento. Después volverá al coleccionista chileno que vive en Barcelona que compró toda la exposición. Gracias a él, podemos mostrarla tan fácilmente.

–¿Cómo es tu versión de este personaje?

–Es una Alicia plástica, que sale del contexto del texto. Yo tengo todo el libro de Carroll incorporado, pero ésta es una obra plástica. Para la edición del libro que se hizo en París, se eligieron fragmentos de mis obras para ilustrar el texto. Entonces yo pude hacer mis cuadros totalmente libre. No tuve que hacer ilustración sino obra. El diseñador tomó 120 detalles y yo estuve totalmente de acuerdo con su elección. El libro incluyó además toda la serie completa.

–¿La libertad también está en la técnica?

–No hay una Alicia única, tiene caras diferentes: puede ser rubia o pelirroja, se rodea de muebles contemporáneos e incluye referencias a la historia del arte. Habita una casa de Frank Louis Wright, aparece la lata de sopas Campbell´s de Warhol, los relojes del conejo se derriten como los de Dalí, y hay una obra en homenaje al artista marginal Henry Darger, que hizo calcos de publicidades porque no sabía dibujar pero tenía una fantasía increíble e hizo un manuscrito de 15.000 páginas.

–¿El arte y la palabra están muy ligados en tu obra?

–Sí, ahora estoy trabajando en la ilustración de un libro de juventud de Topor, de quien fui amigo en los últimos tiempos de su vida. Mi mayor logro en esta relación con la palabra es un libro hecho con Julio Cortázar, La Puñalada: le mostré mis dibujos que son una mezcla de lo que viví en la Argentina de la dictadura, entre el tango y el cuchillo, y le pedí un texto de introducción. El los vio, no dijo nada y escribió un cuento.

Hasta el 29 de junio, en Olga Cossettini 141

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