Luis Felipe Noé

El arca de… Luis Felipe Noé

  • En la casa de Luis Felipe Noé no hay pared sin un cuadro suyo o de sus colegas más reconocidos. Pero, puesto a elegir sus tesoros, desempolva cartas, libros dedicados y manuscritos de los más grandes escritores argentinos. En su casa de San Telmo, que data de 1870, hay cinco o seis bibliotecas. Y sus lujos literarios esperan en la que fue de su padre, Julio Noé. Que fue abogado, gerente de una fábrica familiar de sombreros y de otra de gaseosas Cunnington, escritor, gran lector, secretario de redacción de la revista literaria Nosotros y secretario general de Amigos del Arte: en el local de la calle Florida organizaba conferencias y exposiciones de artistas de vanguardia, como Xul Solar, Pettoruti y Del Prete. “Era un animador cultural”, define Noé.
  • Noé tiene una biblioteca entera dedicada a la historia del arte y otra sólo de estética. Una tercera alberga nada más que libros para chicos sobre el arca de Noé; sobre un estante hay un arca de madera, con animales encastrables. Entre otros, hay un libro infantil inglés, muy curioso. “Pienso que los dibujos son de la época victoriana y aluden a la Guerra del Paraguay”, explica. Sucede que en la tapa hay animales con insignias patrias, y adentro se ve un elefante y un rinoceronte tironeando de una soga, con cinturones de los colores de las banderas de ¡la Argentina y Paraguay! Otros tesoros sólo perduran en su memoria, como los de la fábrica de sombreros de sus abuelos, Noelis, que fue su taller durante 1959, el año en que empezó a exponer. Ahí pintaban también sus amigos Macció, Grecco, De la Vega, con los que creó luego el grupo Nueva Figuración. “Tenía un aparato metálico para medir la cabeza, ajustable. Era totalmente surrealista. Y por eso se lo regalé a Roberto Aizemberg”, recuerda.
  • Como su padre, Noé estudió abogacía. “No terminé. Estuve 4 años en los pasillos o en la biblioteca, dibujando”, detalla. Y como su hija Paula, además de pintor es escritor de una docena de títulos. A fin de año se publica Noescritos sobre eso que se llama arte , con textos de los últimos 40 años. Y el mes próximo Noé viaja un mes a Italia a escribir el libro que tiene en mente desde hace tanto tiempo que la gente ya lo pide en las librerías, aunque aún no escribió ni una línea. En una residencia de la Rockefeller Foundation, en Bellagio, dará cuerpo a La pintura desnuda . “Se refiere al proceso que hay desde el romanticismo hasta el arte conceptual, que lo comparo con un striptease. Un ensayo sobre la actualidad de la crisis de la pintura como arte”, indica. Para escribir no lleva mucho equipaje. “Soy analfabeto tecnológico. Fui periodista, así que sé escribir a máquina, pero ahora ya no hay. Escribo a mano y con letra de imprenta, y luego me lo pasan”, dice con picardía. No usa ninguna lapicera especial: “Si la tuviera ya la habría perdido”.
  • Noé repasa la biblioteca de su padre y concluye: “Los grandes escritores fueron alguna vez jóvenes trepadores”. Sucede que todos querían figurar en la Antología de la Poesía Argentina Moderna 1900-1925, que realizó su padre, editada por Nosotros. Así, los escritores le mandaban libros con dedicatorias adulonas y cartas empalagosas para lograr que los incluyera. Hasta el disparatado Oliverio Girondo se ponía solemne y le dedicaba así un poemario: “En testimonio de mi consideración intelectual”. Jorge Luis Borges, a los 25 años, le mandó un ejemplar de la primera edición de Fervor de Buenos Aires dedicado “a Julio Noé, docta y serena inteligencia”. ” Admirado amigo , le dice Borges a mi padre, ¿te imaginás?”, ríe Noé, que le descubre al escritor una mentirilla en su carta de presentación. “Dice que es de pura raigambre criolla . Se olvidó de la parte inglesa”, señala.
  • Las arcas de Yuyo Noé están llenas de libros. “Pero yo no soy un gran lector, leo desordenadamente, como todo lo que hago, cuando me obsesiono con algún tema”, afirma. El autorretrato que tiene un libro adherido desconcierta, entonces. “Es un libro de visitas de una muestra de 1984. Desde entonces no pongo más libros de visita, porque la gente se cree que es un retrete”, dice, cansado de los insultos, luego de más de 40 muestras individuales. Entre sus hojas se ven más que nada declaraciones de amor, agradecimiento y admiración, y sólo algún improperio: “Sos un desastre, pero con personalidad. ¿Dónde compraste las témperas flúo?”, lanza un visitante agresivo. Por eso en la retrospectiva que se vio en mayo último, en el Palacio de Correos, nadie encontró dónde expresarle sus sentimientos. Por las dudas.

María Paula Zacharías

lanacion.com |

Foto: Mauro Roll
Sábado 04 de agosto de 2007 | Publicado en edición impresa
Intimidades |

Secretos bien guardados

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