Arte y moda

 

 
De las galerías a las vidrieras: el camino que recorren artistas contemporáneos, que intervienen prendas y accesorios. Un cruce de lenguajes que se verá en BAFWEEK

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El 28 de este mes, BAFWEEK otoño-invierno 2012 tendrá este cruce de lenguajes como tema. Para su campaña, trabajaron diseñadores y artistas en conjunto, como Martín Churba y Nicola Costantino, Cora Groppo y Fabiana Barreda, Jessica Trosman y Leandro Erlich, Valeria Pesqueira y Luna Paiva, Garza Lobos y Lorena Ventimiglia, Vicki Otero y Rocío Coppola, y 12-NA y Danidan. Estas duplas interdisciplinarias crearon diseños a cuatro manos, que incluyen tendencias, pero también toques arty de pintura, morfologías inesperadas, casquetes alucinados y luces de neón. “La moda de hoy trasciende, muta, se transforma y para eso se enriquece de las artes visuales, las plásticas, la fotografía y el dibujo”, explica Kika Tarelli desde la organización del ciclo.
Barreda estuvo a cargo del desarrollo conceptual. “Esta conexión estética ya estaba entre los artistas y diseñadores, ya que nos inspiramos mutuamente, valoramos y admiramos la obra”, explica. La obra de Barreda trata sobre este cruce y lo profundiza en sus clases, clínicas de obra y en la carrera de Diseño de Indumentaria, donde es docente junto a Andrea Saltzman y Carolina Antoniadis. “Me ocupé de transmitir los grandes del arte contemporáneo y moda, accionismo físico y performances: Frida Kahlo, Rebecca Horn, Louise Bourgeois, Mona Hatoum y otros. A lo largo de la historia, arte y moda son dos grandes cruces donde se encuentran el cuerpo, el sujeto y la sociedad. El arte como la forma radical y experimental de hacer existir el cuerpo y sus emociones, y la moda como la piel cultural más compleja de develar una persona”, dice Barreda.
Alianzas 
Durante años, los Alvear Fashion & Arts fomentaron esta alianza con muestras de arte en las vidrieras lujosas de la avenida Alvear, hasta que las manifestaciones de Raúl Castells hicieron algo incómodos esos paseos por la alfombra roja. Pero en esos encuentros con nivel cero de interacción (era tomar un cuadro y ponerlo en un local de ropa, sin más), muchos artistas y comerciantes entraron en contacto. Así, por ejemplo, la joyería Jean Pierre detectó la devoción de algunos clientes por los artistas plásticos y lanzó Arte para lucir, esculturas hechas joyas. Los sombreros de Antonio Seguí fueron llevados a gemelos de oro firmados y numerados; las caras facetadas de Marta Minujín se volvieron collar y broche de escritorio -también disponible en el Malba-, y las manos de Rodin fueron transformadas en broche para el Museo Soumaya. “Nosotros queríamos estar en los museos. Hay coleccionistas de arte que no son compradores de joyas, y amantes de las joyas que no incursionan en arte. Así hemos empezado a unir los dos mercados”, explica Claudia Stad, dueña de la joyería, inspirada para estas series limitadas en las joyas de Picasso y Dalí.
Minujín ya vendió 150 collares Contemplando la eternidad, de 450 dólares. “Arte y moda van cada vez más juntos. Lo que ha separado el arte y la moda ha sido la comercialización del producto, que no tiene el nivel de la creación. Al hacerse por miles cada vez toma más distancia con la creación”, señala. De todas maneras, sigue apostando por esta alianza con Jean Pierre y también con la diseñadora Min Agostini que le ha diseñado varios de esos overoles que son su uniforme. “Siempre estoy vestida así. Son mi propia piel. Los uso hace 40 años. Me encanta la moda”, asegura. Con Min hicieron el vestido que usó en la inauguración de su muestra en el Malba, y también la cartera Acodarte. “Por donde voy se vuelven locos. Me encanta que lleven mi arte puesto, me hace sentir partícipe. Es como una afirmación del yo. Me gusta trabajar con diseñadores, aunque ellos quieren hacer su obra. Son artistas también, hacen arte aplicado. Es un arte menor, porque no está dirigido al espíritu, sino a lo material. Los diseñadores son creativos; los artistas, creadores”, polemiza Minujín.
Min Agostini está de moda en el mundillo artístico. Es la diseñadora de Minujín desde hace tres años y fue la responsable del vestuario completo -bien ponderado por Le Figaro- de Victoria Noorthoorn durante su estadía como curadora en la 11ª Bienal de Lyon. En el encuentro Estudios Abiertos en Central Park sus diseños fueron intervenidos por Luis Felipe Noé, Eduardo Hoffmann, Eugenio Cuttica y Juan Lecuona. “El de Yuyo Noé me emocionó. Se metió en la arquitectura del vestido”, apunta. Hoffmann optó por una performance: en el vestido que llevaba la modelo Dolores Trull esparció flores embebidas en acrílico fresco.
Los cruces del arte y la moda son cada vez más comunes. El verano último, Ricky Sarkany lanzó Sarkany Heart: convocó a siete artistas a crear obras de arte inspiradas en zapatos. Los trabajos de Carolina Antoniadis, Karina El Azem, Cynthia Cohen, Edgardo Giménez, Rafael González Moreno, Marta Minujín y Dalila Puzzovio se subastaron a beneficio. “Me interesa cómo la moda abreva en el arte. Y la moda como fenómeno sociocultural, reflejo de transformaciones morales y culturales a lo largo de la historia. Individualiza el cuerpo humano dentro de la uniformidad”, dice El Azem. Las citas a la moda, la arquitectura y la decoración son una constante en el trabajo de la artista.
Arte local 
Otra tendencia es la incursión de los artistas en las vidrieras. Una vez al año, Hermès invita a un artista plástico a crear obras site specific. En la boutique de avenida Alvear se presentó en octubre último Niñas Preciosas, una instalación de la artista Nushi Muntaabski. Antes lo habían hecho Daniel Joglar, Flavia Da Rin y Luz Moyano, entre otros.
Martín Churba lleva esto un poco más allá. En cada temporada trabaja con artistas como Nicola Costantino, Pablo Reinoso, Guillermo Kuitca y Clorindo Testa. En la última invitó a Nora Aslan. Sus imágenes de lentejuelas de colores y la instalación Etcétera inspiraron estampas en la colección Fashion Now. “Mi alianza con artistas pasa por series limitadas, inspiraciones e intervenciones espaciales en vidrieras y desfiles. En nueve años habremos trabajado con 45 artistas. Estar cerca del arte es una elección”, dice Churba. Y se incluye: “Yo me siento un artista. Siempre estuve ligado al arte. Estudié Bellas Artes. Mi primera exposición como diseñador o artista fueron tapices que pintaba a mano. Todo eso me permitió crear mi propio lenguaje”. Piensa que la alianza es una buena fórmula de marketing, pero aún no es comercial. “Cada vez se valoran más las cosas por cómo están hechas, dónde, por quién y lo que representan. El arte permite establecer un relato en la prenda y la dota de otro sentido. En el futuro veo consumidores con otro concepto de libertad, que eligen ropa por lo que significa.”
Otra diseñadora inspirada en el arte es Valeria Pesqueira. En este momento la obra Pajarito, de la artista Luna Paiva, corona su tienda de Palermo. Antes estampó remeras con dibujos de los artistas Diego Gravinese e Ivana Brenner, y ahora de Ana Laura Pérez. Además vende productos de la ceramista Lola Goldstein. “Me gusta que la marca se una con el arte desde la colección y desde el espacio. Con el arte termino de definir las prendas, las enriquezco. Potencia la moda y la lleva a otros planos”, cuenta.
“La moda y el arte son como dos hermanos que tienen que estar juntos”, afirma la artista, vestuarista y escenógrafa Renata Schussheim. Prüne la convocó hace poco para que volviera arte los productos de la marca. Les dio forma de mujer en una escultura de metal y cuero de dos metros, que lleva una pollera de 100 carteras y se expuso en la galería Lordi de arte contemporáneo. “Tiene que ver con la época, y es bueno que pase, porque enriquece tanto al arte como la moda”, afirma Schussheim.
Fue en un Gallery Night que Benito Fernández descubrió que las texturas y los colores de sus vestidos son muy similares a los que usa Rodrigo Suárez en sus cuadros y muebles. Hace dos años que el artista expone en sus locales y que Benito se convirtió en coleccionista fervoroso. “Las combinaciones de colores, estética y una visión de modernidad nos unen”, dice Fernández. “En la boutique el arte está más accesible al público que en una galería. Se vende mucho”, sostiene Suárez.
Publicidad por el arte 
Hay quienes recurren al arte para potenciar sus campañas publicitarias. Por ejemplo, Prada convocó a la cineasta argentina Lucrecia Martel para filmar Muta, un corto que desde el arte muestra la nueva colección de su línea juvenil Miu Miu. La pieza fue presentada en Los Angeles, y forma parte de la campaña online The Women’s Tales, cuatro cortometrajes con mirada moderna. En Sisters Solnicki tomaron nota y junto con el artista visual Marcello Mortarotti filmaron un corto protagonizado por Silvina Luna, a poco del escándalo por un video íntimo. “Tuvimos críticas porque convocarla a Silvina fue algo transgresor. Es algo trash para la avenida Alvear. Nos gustaba eso de dar que hablar”, cuentan Melina y Jessica Solnicki. El corto es un desfile en formato película, con homenajes a Sofía Loren y a Brigitte Bardot y filmado en el Teatro Nacional. Todo tamizado por el ojo pop y brillante de Mortarotti. “Queremos mostrar el trabajo en ArteBA”, dicen.
La arquitecta y diseñadora María Lizaso recurrió al arte para difundir su colección invierno 2011. Presentó una muestra, Común Denominador, en la Galería Braga Menéndez, con imágenes que 15 fotógrafos de moda realizaron a partir de sus diseños, con el asesoramiento de la crítica Eva Grinstein. “Me interesa que haya un contenido detrás de lo que hago, un pensamiento”, dice la diseñadora. La siguiente colección también tuvo su vuelta. Hizo un desfile en la galería de arte y las modelos fueron mujeres inspiradoras: la artista Alina Perkins, la arquitecta Florencia Ordoñez, otra vez Grinstein.
Arte aplicado 
Un block, una remera, corbatas o pulseras se venden más y mejor si llevan una cuota arty. La marca Ver lanzó una línea de prendas y accesorios con ilustraciones de Fernanda Cohen, Laura Varsky, Sol Linero y Vik Arrieta. Oscar Niemeyer, el arquitecto más famoso de Brasil, tiene joyas que llevan su nombre. H. Stern lanzó una línea en su honor, basada en las curvas que caracterizan su obra. “Las joyas son lindas y livianas. Es increíble como consiguieron hacerlas iguales a mis diseños”, dijo el arquitecto de joviales 104 años.
La firma de ropa de cama Danubio lleva años presentando sus colecciones en museos y con clima de vernissage, porque llevan motivos de Rogelio Polesello, Adolfo Nigro, Clorindo Testa, Luis Benedit, Jorge Gamarra y Bastón Díaz. Otros tantos son los artistas que Betina West estampa en sus productos de arte para usar. Chales, corbatas, carteras y pisapapeles se venden en hoteles, museos y tiendas de diseño, con estampas de Antonia Guzmán, Teresa Pereda, Cristina Santander y Josefina Robirosa.
Pero también hay artistas que deciden vender sus obras en formato objeto. Por ejemplo, Vivian Guggenheim sacó de sus cuadros motivos para una línea de objetos, prendas y accesorios. “Lo que más me movilizó fue que el arte era en este caso utilizable y se vendía a no tan alto costo”, cuenta. La pintora Anna-Lisa Marjak hizo pulseras de acrílico con las mujeres de sus cuadros. “Es el resultado de mi gusto por la moda, mi fascinación por la escultura y la diversión de tener merchandising”, explica. Las regala a sus amigos, y vendió algunas en la galería de Gabriel Grippo en Nueva York. Porque en esto del arte y moda lo mismo da un shopping que un museo.

PIONERAS
Hablar del cruce de arte y moda sin hablar del Instituto Di Tella es imposible. En los años 60, ahí estaba Dalila Puzzovio haciendo muestras como Doble plataforma, una vidriera con 25 pares de zapatos que la artista diseñó y que le ofreció producir y comercializar a la zapatería Grimoldi. Trabajó con telas estampadas y al crochet, transcribió textos de la revista Vogue para prologar sus muestras, hizo obras-afiche, obras-ropa, obras de ella misma. “La moda siempre me despertó una actitud de fascinación, los materiales que seducen los sentidos, los sobrentendidos que desencaden un detalle y, sobre todo, la moda con su inmenso poder de crear individualismo.” Su última realización híbrida fue la instalación El deslumbre en la que, junto con con Ricky Sarkany, presentó diez modelos de zapatos que el público pudo probar y desfilar en ArteBA 2011. “Veo perfecto las asociaciones con perfil nacional. Es hora de tener una supermarca nacional que traspase las fronteras sin complejos”, propone.

Delia Cancela siempre vivió entre el arte y la moda junto con Pablo Mesejenan, su marido. Después de su paso por el Di Tella vivió en Londres, París y Nueva York. Juntos diseñaron vestidos y accesorios, crearon tapas para la revista Vogue y su primera colección de ropa fue comprada por el Victoria and Albert Museum. “El arte es arte y la moda es moda. Yo no soy una artista que colabora con la moda. Soy una artista que puso la moda en el lugar donde debe estar, el de la creación. Mi pasaje por la moda o en lo que haga es como artista. Cada tapa de Vogue England o la página de cualquier otro medio creada por mí son una obra y los desfiles también”, dice.

 
Por María Paula Zacharías

lanacion.com | 

Domingo 26 de febrero de 2012 | Publicado en edición impresa
Nota de tapa Revista/ Tendencias
 
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