Betsabeé Romero

Betsabeé Romero, destacada artista mexicana, llega al Recoleta con Sur. Son más de 50 obras de diferentes épocas con un tema recurrente: el automóvil. Aparece en pinturas, esculturas, fotografías e instalaciones, que van desde paisajes realizados sobre capots de autos accidentados, flores talladas en bajorrelieve en la superficie de llantas, y maquetas y fotos de los autos abandonados en los que sembró cactus, cubrió de mimbre, de terciopelo, vidrio o lana. “En cada ciudad el auto construye su propia cultura, a pesar de ser un objeto netamente industrial y globalizado”, comenta la artista.

Betsabeé Romero

– ¿Cómo surgió este tema en su obra?

– Me invitaron a una bienal en la frontera más conflictiva de México, Tijuana, ciudad accidentada, con ocho millones de cruces al año hacia California, tan rica. Vi que el auto es un vehículo de significados que en el lenguaje artístico yo podía explorar profundamente.  Ahí los carros sirven para todo menos para moverse y es lo primero que se compra cuando se cruza ilegalmente, para saber que ya se pasó de un mundo al otro. A la semana ya no sirven. Están ahí los desarmaderos más grandes, donde desechan 10.000 autos semanales. Sabiendo que en el Sur no podemos seguir el ciclo de consumo que nos propone la industria, cambiarlos cada año, acá los autos se reciclan, se transforman, se cambian, pero no mueren nunca.

– ¿Qué representan las diferentes mutaciones que les hizo?

– Tiene una relación con el contexto que les da significado. El que está cubierto de vidrios, “Arquitectura rústica para autos inseguros”, lo hice para la bienal de Brasil, ciudad asociada al vandalismo urbano, donde tomé un elemento doméstico de seguridad, trozos de botellas que se ponen en las medianeras. Me gusta agregarle elementos de lo inmobiliario a lo móvil. De lejos parece un dulce, una joyita, toda verde y brillante. Pero de cerca es violenta.

-¿Y la maceta ecológica?

La maceta ecológica surgió cuando la gente de Colonia Buenos Aires, en México, me dijo que no podía usar un auto abandonado porque estaba “plantado”, es decir, había sido usado para alguna fechoría. Les propuse darles un mensaje  a quienes lo habían dejado: le cortamos el techo, lo llenamos de tierra y le plantamos un nopal, planta más tradicional, que con tanta contaminación ya no se ve. Después le creé una narrativa, relacionada con una leyenda azteca.

– Le interesa el arte participativo…

– Creo en el arte como una forma más de construcción del conocimiento, una construcción colectiva, que exige una devolución, una comunicación de significados a pesar de lo hermético que es el mundo del arte contemporáneo, cosa que no me gusta.  Por ejemplo: “Trama transurbana” surgió porque yo quería hacer algo extramuros y el Museo Carrillo Gil quería que fuera adentro, como una mamá sobreprotectora que no deja ver. Entonces lo puse afuera, tapado con un tejido del que salía hilo de lana, que llegaba hasta el tercer piso, donde un guardia estaba tejiendólo.

Hasta el 15 de agosto, en Junín 1930.

LNR, 30-7-5

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