Un museo-escuela promueve la pintura infantil

Arte infantil tratado a lo grande. Con exposiciones, biblioteca, una colección de varias décadas y enorme cantidad de estudiantes. Todo gratuito, sin ayuda estatal. Ese fue el sueño de Enrique Urcola y hoy es una realidad en Lincoln, provincia de Buenos Aires.

El Museo Urcola recoge el legado de amor al arte y respeto a la libre expresión de un maestro que durante más de 50 años ininterrumpidos dio clases sin mirar a quién y hoy es recordado con cariño por todos los linqueños. Alberga la colección de arte infantil más importante del país, con 3245 trabajos realizados desde 1934 hasta la actualidad.
De los talleres del maestro Urcola salieron obras que volvieron al país con premios logrados en 200 certámenes internacionales. En el museo montado en su nombre, 300 chicos de entre dos y catorce años asisten a clases gratuitas y tapizan los pasillos de la institución con papeles con pintura fresca puestos a secar. Y siguen ganando premios. 
Todo comenzó en 1934, cuando Enrique Urcola, recién recibido de profesor de Bellas Artes, volvió a su pueblo a dar las clases de dibujo que él de chico no había podido tener por falta de maestros. Armó un taller en el Ateneo de la Juventud y no cobraba por sus clases. Ya en 1941 montó la primera exposición de alumnos: cuadros enmarcados, acompañados por catálogos ilustrados, como debe ser.

Medallas de oro

Desde 1946 sus alumnos cosecharon medallas en certámenes internacionales. Un ejemplo: 47.000 obras se disputaron el 11o. Concurso Mundial en 2004. El taller que sus discípulos dirigen en Lincoln envió sólo nueve pinturas. Dos de ellas merecieron medallas de oro y plata, las únicas que logró la Argentina, que había mandado 2398 trabajos. En el certamen de 2005, la tapa del catálogo del concurso que reunió 42.000 obras, es de un alumno linqueño.
Algunos alumnos de Urcola siguieron su camino y abrieron talleres, como María Josefa Echave de Carrozi, que desde 1960 lleva adelante La Fragua, en General Villegas. También su hija, Amanda Urcola, que se ufana de asistir a las clases de su padre desde que andaba en la panza de su madre. Ella es la que dirige el museo, y mantiene un taller de plástica e iniciación literaria desde 1971 (es poeta de prolífica obra).
“El éxito se debe a la pedagogía de mi padre. Lo más importante es que los chicos creen en libertad. No importa si después no se dedican al arte. Con el dibujo aprenden a desarrollar la creatividad que van a usar siempre. Ganan confianza en sí mismos, ven que son capaces de transformar lo que les llega a las manos. Amplían su imaginación. No hay nada peor que enseñarles a copiar. Hay que estimularles la inventiva con literatura, versos”, explica Amanda Urcola.
El museo existe como tal desde 1997. Pero sólo en 2002, la Comisión de Amigos logró a pulmón tener una casa propia, que se fue ampliando y acondicionando para alcanzar las comodidades de un museo-escuela con condiciones de accesibilidad para todos. Para lograrlo, vendieron obras, reproducciones, alhajas que envían ex alumnas, calendarios, sorteos, con donaciones y con los dos pesos que aportan los amigos del museo.
Con Amanda Urcola al frente, el museo organiza muestras y concursos internacionales y es un referente mundial en materia de arte infantil. Actualmente son asesores de la consultora Ciudades para todos, de Barcelona, en la organización de concursos infantiles y como jurado. En los libros que publicaron rescatan vida, obra y pedagogía de los talleres; se pueden conseguir a través de la Web www.museourcola.org.ar
El profesor Urcola murió en 1985 y un año después la casa de la cultura de la ciudad (donde comenzaron sus talleres) recibe su nombre, igual que una calle. “Siempre me maravilló el cariño que irradia la gente al hablar de él. Fue un adelantado. Y sigue presente”, señala la artista Teresa Pereda, que hace 27 años vive en Lincoln y, fascinada con esa magia, integra la comisión directiva del museo.

Una fiesta

El carnaval cambió para siempre en Lincoln con Enrique Urcola. El creó en 1928 la tradición de hacer desfiles de muñecos y carrozas de cartapesta que continúa hasta la actualidad. En el museo se ven algunas de esas figuras que él enseñaba a hacer en sus talleres con sólo engrudo y chatarras. Los vecinos mayores que no entraban en la franja de arte infantil le tocaban el timbre para pedirle consejos. Hoy, el carnaval de cartapesta es fiesta nacional y motivo de desborde turístico en la zona. Las clases continúan con muchos adeptos. .
María Paula Zacharías

Lunes 17 de octubre de 2005 | Publicado en edición impresa

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