Polvareda en la Puna

En Jujuy, asombro al paso del rally de autos clásicos

JUJUY (Especial).- En el silencio infinito de la Quebrada de Humahuaca se escucha un ruido de motores. Pero delicado, diferente… Y entre los cerros de mil colores se levanta una nube de polvo, y de ahí sale un desfile de autos antiguos, de lujo o de juguete, casi. Un Corvette colorado modelo 1963, un Jaguar e-type de 1970, un antiquísimo Bentley Tourer de 1927, una brillosa Ferrari 365 GTC de 1968 y un Cadillac coupé de 1961, entre otros 45 autos de colección. Los lugareños quedan un poco desorbitados. Pero enseguida se suman al pintoresco espectáculo del Primer Rally Internacional de Jujuy-Camino del Inca.

Estas joyas de la industria automotriz, conservadas como en formol, se pasearon por la provincia entre el miércoles 25 y el domingo 29, causando revuelo, cumpliendo pruebas de regularidad, y cosechando suspiros y suenan como un violín. “Es extraordinario tener estos autos acá. No se conocen por estos lados”, decía Gregorio Lamas, mientras su hijo Leoncio les sacaba fotos. Para Lamas, de 72 años, se trató de un viaje en el tiempo a los autos que admiró en su infancia. Los modelos inscriptos debían tener como mínimo 25 años. Y para comprobarlo, la competencia tuvo un veedor de la Federation Internationale de Vehicules Anciens (FIVA).
“Estos autos se coleccionan como cuadros”, explicaba más tarde Roberto Fernando Gómez, presidente del Club de Automóviles Clásicos de la República Argentina, a cargo de la organización deportiva del rally. Y sí: valen entre 10.000 y un millón de dólares, o más. “Yo tengo como 200 de éstos… pero de juguete. Nunca había visto uno de verdad”, decía Joaquín Rodríguez, de 11 años, con la boca abierta. “¡Acá hace falta capacitación, no monedas!”, retaba otra lugareña, Carolina Alabar, a los chicos que se acercaban con la mano extendida a los autos. Pero mirar, sí, los dejaba.
Los autos viajaron en camión hasta el aeropuerto, donde se subieron sus dueños, y partieron a Purmamarca. El segundo día llegaron a Humahuaca, recorriendo 122 kilómetros por la Quebrada. Luego hicieron 258 kilómetros para visitar Susques y las Salinas Grandes, en plena Puna jujeña, llegando a los 3500 metros de altura. El último destino fue Calilegua, tras 342 kilómetros a través de las yungas, declarada Reserva de Biosfera por la Unesco. Jujuy equiparó (o ganó) en belleza a sus huéspedes.
Los ganadores de la competencia, que tuvo tanto espíritu deportivo como turístico, social y familiar, fueron Pedro Augustoni, María Elicabe y su Chevrolet Corvette de 1963. Los pilotos se alojaron en los hoteles de buena categoría al pie del Cerro de los Siete Colores, en Purmamarca. Después de disfrutar del lugar y llevarse fotos y trofeos (de alpaca y astas, muy localistas), se fueron conmovidos por los paisajes y la calidez de la gente.
Nadie de la zona se sobresaltó demasiado al ver cómo señores con trajes elegantes fotografiaban sus casas de adobe. Que repartieron en su andar, además, 1500 cajas de lápices de colores y anotadores a los chicos que se acercaban a inspeccionar los autos. Y dejaron promesas de apoyarlos con padrinazgos culturales y médicos.
En la comitiva no faltaron los personajes: Teresa Calandra, Marcela Tinayre y Virginia Elizalde, entre otros. Elizalde alentaba caminatas y escaladas, pero el resto se inclinó más por la compra compulsiva de chales, ruanas, aguayos y suéteres de llama en cuanta feria se les cruzó. Igual que los refinados conductores, que dejaron buenos réditos a los artesanos de las plazas.

En Warnes no se consigue

Los cultores del arte de resguardar, preservar y restaurar autos antiguos forman casi una comunidad. “Los mecánicos nos entienden”, dice, casi con ternura, Roberto Fernando Gómez, que ha pasado por la búsqueda del carpintero, tapicero y electricista ideales, capaces de lograr que el tiempo no pase para autos de casi 100 años, sin que se note la restauración. Hoy existen mecánicos tan exquisitos que son capaces de forrar en tela los cables de un auto, para emular a los que estos ancianos traían de fábrica. “Hay muchos artesanos en la Argentina que se dedican a hacer repuestos”, indica Martín Huergo, copiloto de Guillermo Savino en un Alfa Romeo de 1961. Es obvio que no están en la avenida Warnes: “En Tandil se fabrican piezas de Ford A. Y en Paraná se hacen las de Bugatti. Yo compré piezas en Estados Unidos por Internet y cuando llegaron vi que en la caja decía Made in Argentina”, cuenta Erwin Swoboda, que corrió el rally a bordo de un MG B RV-8 con su mujer, Beatriz Etchepareborda. .
María Paula Zacharías

lanacion.com |

Lunes 07 de mayo de 2007 | Publicado en edición impresa
Intercambio cultural

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