Museo del Juguete Argentino

Cuatrocientas piezas hablan sobre la infancia en el siglo XX

Conocer la evolución de las muñecas en el último siglo o asistir a un taller para ser los mejores jugadores de bolita son dos buenas razones para pasar por el Museo del Juguete Argentino, que en una versión preliminar se presentará en la Primera Fiesta Nacional del Juguete en Costa Salguero, entre el 22 de julio y el 2 de agosto.

La Cámara Argentina de la Industria del Juguete desempolva en esta feria su patrimonio histórico, mientras busca un edificio para establecer sus 400 juguetes en una muestra permanente. Darán ganas de sentarse a jugar con los clásicos Jeep Loco, Estanciero, El Cerebro Mágico, El Constructor Infantil, variedad de trompos de hojalata, bolos de madera, muñecos de papel maché, autos, muñecas, juegos de construcción y máquinas de coser, por ejemplo. Y los visitantes adultos saldrán con ganas de revolver armarios que estaban cerrados hace tiempo.

“El museo es un viejo anhelo de la cámara. A las 400 piezas del acervo de la entidad se suman las que aportan coleccionistas, y llegamos a los 700 juguetes de fabricación nacional de entre 1940 y 1990. La idea es encontrar una casa para que funcione como centro de exposición, investigación, documentación y archivo”, dice Daniela Pelegrinelli, curadora de la muestra.

“Los objetos pertenecen al siglo pasado y hablan del desarrollo de la industria, la evolución del concepto de infancia, la crianza y el diseño”, aclara Pelegrinelli. También se puede seguir en paralelo la historia de la economía, o la historia del país.

En orden cronológico, la visita comienza en 1900 hasta la Segunda Guerra Mundial. Quedaron afuera los caballos hamaca y algunas variedades de triciclos previos. Se pueden ver sulky-ciclos y remociclos (similar a modernos aparatos de gimnasia) de esta etapa. “La segunda etapa transcurre de 1939 a 1946, con la producción nacional en expansión. La tercera estación corresponde al gobierno peronista de 1947 a 1955. Y el último núcleo temático va de 1960 a 1978, cuando la fabricación se frenó con la apertura de las importaciones de Martínez de Hoz”, resume Pelegrinelli.

Las muñecas en cada etapa tienen sus señas particulares. Están las Marilú de los años 40, secundadas por las Mariquita Pérez de 1948. La revolución del plastisol (tipo de plástico) dará a luz las muñecas Pielangeli, en 1957. Y de los años 70 son las Rayito de Sol. Todas atendidas en clínicas de muñecas, que surgieron en una época anterior, cuando reinaban las de porcelana importadas. Las nacionales eran de un símil porcelana, en pasta. Para chicos y señores, juegos de construcción de hojalata Matarazzo y Oma, los juguetes irrompibles Duravit, y los autos Gorgo, con mecanismo de fricción, esos que chocan y cambian de dirección.

“La idea es ver, superando la nostalgia, que se puede aprender de los juguetes al analizarlos. Que entre generaciones se pueda transmitir cómo era el país y la infancia”, explica la curadora. Por eso, las actividades complementarias fomentan el uso de la memoria. Habrá un taller para familiarizarse con la moldería, en el que se coserá ropa para muñecas. También se hará una demostración práctica del uso de un balancín, con el que se da vida a muchos juguetes. Y entre otros revivals, se ofrecerá una clínica de bolita. .

María Paula Zacharías

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