Las escalas de… César Paternosto

De mudanza en mudanza

La Plata, Nueva York, Tokio, Segovia, el artista cambia de ciudad como si nada

 

  • “No soy de aquí, ni soy de allá…” El artista plástico César Paternosto no les tiene miedo a las mudanzas. Mientras que alguna gente de su edad se apoltrona en un sillón, él es capaz de trasplantarse a otro continente si su corazón se lo manda.
    “Todo se conjugaba hacia un cambio oceánico en mi vida. A los 72 años, edad poco probable, había encontrado el amor. Abandoné Nueva York después de 37 años y me mudé a Segovia, donde vivo inmitigadamente feliz hace ya cuatro años”, dice.
    Pero antes de ese salto mortal, Paternosto tuvo su peregrinaje.

 

 

  • En su primera vida fue platense; hincha fervoroso de Estudiantes de La Plata; abogado en la Fiscalía de Estado en esa ciudad; oyente en la Escuela de Bellas Artes, y marido y padre de tres hijas. En 1967 dejó su vida en una improvisada comunidad de artistas de City Bell y se instaló al sur de Manhattan. Como todo pintor joven, pasó por una etapa de brocha gorda, fue camarero y un poco carpintero (armaba sus bastidores, preparaba sus telas, pero usaba acrílicos directo del pomo, que en la Argentina aún no se conocían). “El artista que soy se forjó en la Nueva York de fines de los años 60, cuando se gestaban el minimalismo, el arte conceptual y las instalaciones.” Forjó su carrera mientras atesoraba fotos íntimas de Manhattan, como esta vista desde Brooklyn.

 

 

  • En 1977 su corazón volvió a mirar al Sur, pero no tanto. Separado, y en amores con una poeta chilena, se fascinó con el norte argentino, Bolivia y Perú, donde pasó por una especie de reeducación artística. “Fue revelador. Se trató de mi encuentro con un capítulo, para mí desconocido, del arte de los incas, una escultura monumental, de carácter abstracto, constructivista. Un arte mucho más integrado a la vida social.” Sobrevoló la región en 1979, 1988, 1992 y el resultado fue un libro de fotos e investigación, Piedra abstracta , editado por el Fondo de Cultura Económica, que fue traducido al inglés. Desde entonces su pintura tomó colores terrosos y combinó lo abstracto con lo sensual, lo geométrico, y la reminiscencia arqueológica.

 

 

  • “Quiero rescatar el concepto de vivencia. Un viaje, aunque sea de pocos días, puede tener consecuencias más significativas que residir mucho tiempo en un lugar en el que ya no se encuentren estímulos ni relación íntima con ese sitio. Eso fue precisamente lo que me ocurrió a partir de los años 80 en Nueva York”, explica. El arte contemporáneo iba tomando otros rumbos, que Paternosto no quería seguir. En 1982 encontró vivencias importantes cuando aterrizó en Tokio, por una muestra individual, y después visitó el templo zen de Ryoanji, en Kyoto. Recorrió descalzo sus jardines de arena y fue sacudido por un raro voltaje espiritual. “La superficie parecía confundirse con los desolados planos monocromáticos de mis pinturas de ese entonces. Creo que en ese momento entendí algo más”, reflexiona.

 

 

  • Su muestra Abstracción: el paradigma amerindio se inauguró en 2001 en Bruselas y después en Valencia. España entraba en su vida, o viceversa. En 2004 se organizó una antológica de su obra en el Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente, de Segovia. A la conservadora del museo, Inmaculada González Chao, le pidieron que se ocupara de que el artista se sintiera cómodo. Y ella dice que se extralimitó: al poco tiempo el pintor estaba tocando el timbre de su casa con dos bolsos y una caja. Desde entonces comparten un loft en esas calles de fábula medieval, declarada Patrimonio de la Humanidad. Ahora tiene su taller en la calle Judería Nueva (la foto de acá al lado). “Fue como volver a casa, a nuestra lengua, al culto por la comida y el vino”, dice aliviado.
  • Paternosto visita todas los sitios del globo que alguna vez fueron su casa. Puesto a extrañar, prefiere Nueva York como turista, para empaparse de museos. También visita seguido a su familia argentina, que incluye seis nietos, y realiza muestras regularmente. Ahora frecuenta un nuevo amor planetario: Italia, la tierra de sus orígenes, donde lo flechó Sicilia. “La primera visión de un templo griego, en Segesta, me produjo estremecimiento.” Por ahora está en España, pero quién dice…

Sábado 26 de julio de 2008 | Publicado en edición impresa 

http://www.lanacion.com.ar/1033584-de-mudanza-en-mudanza
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