Intimidades: el escondite de… Guadalupe Noble

Un lugar en la baulera

“Acá sólo entro yo”, advierte la escritora. Pero abre la puerta

 

 

  • “Para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio”, escribió en un ensayo Virginia Woolf, en 1928. La escritora británica entendía que sólo así, encerrada bajo llave, una mujer podía abstraerse de las tareas de su casa y dejar volar su imaginación. Guadalupe Noble vive en un palacio con entrada para carruajes, el Palacio Estrugamou. Bastante seguido sube por una escalera caracol de hierro al último piso, donde -para el resto de los departamentos- están las bauleras. Ella transformó su baulera en otra cosa: un refugio cálido cubierto de libros, fotos y artesanías. Un ojo de buey deja ver el río desde su pequeño mundo privado en el que escribe, piensa, lee, y donde guarda sus objetos más preciados. Es su cuarto privado. “Acá dejo entrar sólo algunos temas. Mi casa es pública. Acá sólo entro yo, mis cosas y mis recuerdos”, advierte.

 

 

  • En la habitación, que tiene algo de escondite, hay varias imágenes de la Virgen de Guadalupe traídas de México, y otra de Bolivia, la Virgen de Huachana. De Santiago del Estero trajo la escultura de un pájaro, hecha por un niño con un nudo de quebracho. Hay cuadros de ángeles arcabuceros y otros ángeles de Chiquitos. “Chiquitos es un lugar maravilloso del sur de Bolivia, donde hay iglesias jesuíticas increíbles. Los festivales de música son especiales, porque ahí todos son músicos”, cuenta. Es de Chiquitos también la figura de un chico que toca una flauta dulce.

 

 

  • Aunque su último libro de poemas se llama Bromelias, tomate y lima , no hay bromelias naturales en la baulera-escondite de Noble. Es que viaja mucho, en breve se va a Ecuador y Guatemala. Cuando no está descubriendo pueblos de la Puna, se va al campo en el que se crió, en El Totoral, Córdoba, o a su nuevo lugar en el mundo: su casa de barro del siglo XVII en Cachi, Salta, que alguna vez fue el correo. Un especialista en conservación está acondicionándola con materiales de la zona. “Tengo algarrobos, tunas, un churqui (espinillo). Estoy feliz de ser habitante de Los Andes. Es un pueblo mágico, con gente muy pura, conectada con lo vital, amparada de la sociedad de consumo.” Espera que el turismo no lo arruine: “Puede ser muy depredador. Llegan las cadenas hoteleras y hacen su negocio, cuando deberían hacerlo los locales para que los lugares crezcan sin perder identidad. Pero acá no hay protección contra capitales de afuera. Los lugareños terminan siendo expulsados, porque todo empieza a tener precio internacional. El Cuzco se conserva porque no se permitió entrar a ninguna marca internacional”. Al frente de Ediciones Del Totoral, Noble intenta, al menos, amparar las culturas. Está haciendo una antología de poetas en El Totoral, y planea otra en Cachi.

 

 

  • Después de haber sido actriz y fundadora del Teatro del Picadero, destruido en un atentado en 1981, Noble se refugió en Italia y siguió estudiando con los actores del Odin Theatre. De regreso, se dedicó a la producción de espectáculos. En su cuarto privado también despunta otro oficio, que lleva en la sangre: la hija de Roberto Noble escribe ahí sus columnas semanales para el programa de Enrique Llamas de Madariaga en Radio Rivadavia. Noble revisa sus libros, porque no quiere dejar de compartir sus hallazgos: las fotos de Lucio Boschi, los poemas de Juan Carlos Dávalos y el libro Historia geológica de Salta , un ensayo de filosofía de la geología de Ricardo N. Alonso. También recomienda el libro Mujeres de Seda y Tierra , de Ruth Corcuera, sobre las tejedoras de Catamarca que hilaban la seda de un gusano del piquillín. Noble comparte la belleza con generosidad de bromelia.

 

 

  • En forma de libros, sí, las bromelias ocupan varios estantes de la biblioteca, como en el que reúne las acuarelas de la británica Margaret Mee. “La bromelia es una planta americana. Hay 2000 variedades americanas y una sola africana. Crece desde la Puna hasta la selva amazónica y se adapta a todo. Puede ser un musgo o una planta inmensa que puede guardar hasta 70 litros de agua. Es casi una metáfora: crea un ecosistema, es solidaria, femenina, se pone en funcionamiento cuando su entorno no funciona. Cuando hay sequía, los animales toman el agua que ella almacenó. El estrato bromeliano es como un supermercado suspendido en lo alto de la selva. Vi las bromelias por primera vez en Corrientes, y me llamó la atención porque unos monos tomaban agua de su roseta”, cuenta Noble. En Tucumán están las bromelias imperiales, que son las más grandes. “Yo aplico el adjetivo bromeliano : para mí, es ser generoso, solidario, femenino, adaptativo”. Contagiada por ese espíritu, emprendió la restauración de los ocho murales de las Galerías Santa Fe que heredó: “La pintura mural es bromeliana. Está en el techo, y para nutrirse de ella sólo hay que levantar la cabeza y mirarla”.

María Paula Zacharías

lanacion.com|

Sábado 29 de septiembre de 2007 | Publicado en edición impresa

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