El living de… Darío Volonté

Gustos de otro tenor

El cantante lírico y un ambiente ecléctico, lleno de recuerdos

Darío Volonté recibe con un mate, su sonrisa franca y tres perros salchicha que se enloquecen cuando suena el timbre. Se entrega a la charla como a la vida, con tranquilidad, matiza frases de física cuántica con saber popular.
El living todavía conserva los rasgos de la sala de teatro que fue hasta hace poco: quedan las tarimas del escenario, el telón y algunas luces puntuales. Es la puesta en escena íntima de un tenor de éxito, que cuatro veces al año viaja a Europa a integrar elencos en teatros y festivales. Por eso, en la mesa del comedor hay una exhibición de su guardarropa, modesto, deportivo, nada pretencioso, está haciendo las valijas para ir dos meses a Alemania a interpretar Turandot.

“Si aceptara todos los trabajos estaría afuera de enero a enero. Pero no es el tipo de vida que quiero”, explica. Prefiere dejar tiempo libre para jugar, por ejemplo, al sapo un vicio de la juventud. “Me encanta rascarme”, ríe, citando a Tato Bores.

 

  • Para estudiar sus papeles se sienta sobre dos ruedas de una Dodge GTX 71. Las ruedas son tan adorno como el cuadro de la mujer que para Volonté está enloquecida cantando notas altas, un maniquí y dos muñecas, todas compras de su mujer, la mezzosoprano yugoslavo-francesa Vera Cirkovic.

 

Queda claro que a Cirkovic le gustan los mercados de pulgas (ahí encontró también el sapo y los sillones) y que Volonté es amante de los fierros. Tanto por los neumáticos como por la impecable Renault Fuego GTA Max que está detrás del telón, en lo que sería el garaje.

“Son autos de mi época, con mecánica muy noble”, dice. Y también le gusta levantar pesas: “Es la mejor terapia, me relaja. Siempre hice trabajos de fuerza, y la memoria muscular queda”, agrega.

 

  • Cada vez que se presenta en el país, los aplausos del final van acompañados de gritos, más esperables para un cantante pop: “¡Darío, cantá Aurora !”, le piden. Le pasa siempre, desde su debut en el Teatro Colón en 1999 con la ópera Aurora , de Héctor Panizza. Representó el primer bis en una función de Gran Abono en la historia del teatro. Sucede que Volonté la canta como ninguno: “Vivo gratis desde los 18 años”, explica.

 

Es ex combatiente de la Guerra de Malvinas, y sobrevivió el hundimiento del crucero ARA General Belgrano. “La patria empieza por tu casa, tus afectos, tus recuerdos. Después se va expandiendo. Haber peleado en una guerra te da una ligazón tal vez un poco mayor, porque te jugaste la vida en eso. Por eso al cantar la carga emotiva es tan grande”, aclara.

A la vista, dos banderas argentinas dan fe de lo que dice. Igual que el disco que se está por reeditar, Por mi patria, que incluye el Himno Nacional. Además, será distribuido en escuelas y disquerías.

Volonté tiene medallas y diplomas, pero no está afiliado a ninguna entidad. “Tal vez la muerte de mi padre, cuando era muy chico, me creó ese instinto de que todo lo que no consiguiera yo, no me lo iba a regalar nadie. Para mí la guerra se terminó, y se terminó. Tuve la suerte de que no me afectó, como a tantos otros. Eso me hace valorar la vida. El destino es inescrutable, como dijo Borges; unos tienen una aventura y otros una desventura. Miro las cosas con equilibrio y disfruto cada una. Como dicen los chinos, lo único que existe es el presente. El pasado se fue y el futuro no llegó, ¿para qué preocuparse?”, pregunta.

 

  • Sobre una alfombra de Jujuy hay una metopa, réplica de las del Teatro Español, de Azul. Son souvenirs. Su amor por el país, que recorre cada vez que puede en auto, lo llevó a ofrecer recitales en el interior. “Sigo la idea de Maximiliano Guerra y Julio Bocca con el ballet. Es algo que los artistas de principios del siglo pasado hacían mucho, como el gran Enrico Caruso. Para la gente del interior es muy costoso llegar hasta al Colón. Por eso creí importarme viajar, y la gente lo agradece, los teatros se llenan y se abre la puerta para otros espectáculos líricos”, dice después de presentarse en Mendoza, Rosario, Tucumán y San Juan. “La ópera es un espectáculo popular, que nació en plazas e iglesias, donde iba la gente cuando no había otro entretenimiento”, defiende.

 

 

  • La ópera no es lo que más lo hizo transpirar. Empezó a vivir de la lírica a los 34 años, hace una década. Antes, fue doce años fletero; tuvo un taller de costura; fue pizzero, “con horno propio”; cartonero; estuvo tres años en la Marina; vendió alarmas para autos, y fue oficial tornero. “Aprendiz de todo, oficial de nada”, se define. En materia de canto, es autodidacto. “Aprendí a leer música solo, no podía ir al conservatorio.” Después tuvo grandes maestros, como José Crea y Vittorio Terranova. “Siempre elegí trabajos independientes, no sirvo ni para amo ni para esclavo”, dice. Por eso asegura que si no fuera cantante, sería taxista. “O camionero de larga distancia. Manejar es como una meditación, como cantar o como levantar pesas. Me gustan las actividades básicas, que no dependen de la tecnología. Mi trabajo no está afectado por el tiempo. Relaciono el canto con el boxeo o con los toros. Siempre fueron iguales. Requieren una disciplina y una superación personal, sin creer demasiado lo que te dicen. En el medio está la virtud, dicen los italianos”, reflexiona con otra de sus frases, que evidencian que Volonté es un gran lector de místicos, gurúes, filósofos, profetas y científicos. “Leo mucho en los viajes. La soledad te enseña mucho”, agrega.

María Paula Zacharías

lanacion.com|

Sábado 18 de agosto de 2007 | Publicado en edición impresa

 http://www.lanacion.com.ar/935506-gustos-de-otro-tenor

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