Caprichos de un orfebre y una diseñadora de joyas

El taller del orfebre Juan Carlos Pallarols parece un reducto medieval. Frente a plaza Dorrego, en San Telmo, subiendo unas escaleras oscuras y atravesando salas con aspecto de museo, se entra en una habitación llena de luz y objetos de metal. El fuego destella debajo de un atizador gigante que cuelga del techo, custodiado por enormes arañas, pequeñas esculturas, herramientas y una colección de instrumentos musicales añosos. En las mesas de trabajo cada artesano se concentra en su pieza. Entonces, entra como una ráfaga la diseñadora de zapatos y carteras Verónica Santesteban, vestida con una vaporosa blusa de mangas anchas. No desentona. Como una hechicera habla por lo bajo con Pallarols, planean juntos un zapato de taco de plata en el que se enrosca una víbora, que lleva en la boca una manzana roja de piedra.

Desde hace unos meses, Pallarols y Santesteban se aliaron para producir una línea exclusiva, que presentaron en el último Fashion Buenos Aires, y que se comercializa en sus respectivos locales, en la galería Promenade. “Pensamos en hacer cosas exclusivas, de lujo”, señala la diseñadora. En la reducida primera colección hay sobres de cocodrilo con broche de plata y carteras con manijas de asta intervenida. Pallarols aporta piezas de inspiración art nouveau a la muy barroca línea de Santesteban. 
Ella no es ajena al mundo del arte. Estudió psicología y luego pintura con Carlos Gorriarena, hasta que vio que lo suyo era hacer zapatos-objeto, en colaboración con otros artistas, como Rogelio Polesello. Amante de las pieles exóticas, piedras, astas y el metal fundido en madera, encontró en el taller de Pallarols lo que le faltaba a sus zapatos fetiche: piezas de orfebrería en herrajes y detalles para hacer que cada par sea único.
“Buscamos refinamiento a través de valores de la naturaleza y la cultura”, señala Pallarols, que plantea que los zapatos y las carteras también pueden ser objetos de arte. Usan pieles autóctonas, como el yacaré correntino o el lagarto, y les agregan cristales, hueso, piedra y astas. Como toque final, los trabajos artesanales de plata y oro del orfebre. Rescatan lo autóctono, pero también hablan de fe: la primera serie de zapatos se inspira en los relatos bíblicos de la Creación. Además de aquel zapato de la víbora y la manzana, hay otro en el que en un taco anda Eva y en el otro Adán. Planean ahora un par especial, para el papa Benedicto XVI (Pallarols tiene por costumbre agasajar a papas y miembros de la realeza). Y por supuesto que habrá un par para la princesa Máxima.
Trabajan a pedido. O mejor dicho, a capricho. “Son productos únicos y artesanales, en los que interviene una larga cadena de artesanos”, apunta Pallarols. “Son cosas para sentirse mimadas, valorizadas. Tienen valor creativo y calidad de materiales”, indica Santesteban. Verdaderos objetos de deseo. .
Por María Paula Zacharías
lanacion.com |

Jueves 19 de octubre de 2006 | Publicado en edición impresa
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