Ataque a los Estados Unidos: el día después en Buenos Aires

Jueves 13 de septiembre de 2001 | Publicado en edición impresa

Conmoción mundial por el ataque a los Estados Unidos: el día después en Buenos Aires

Seguridad reforzada en la ciudad

Las empresas norteamericanas volvieron a la actividad, con más controles; entidades judías, alertas

La ciudad estuvo marcada por la amplia presencia policial que se desplegó en cada lugar relacionado con ciudadanos o representaciones norteamericanos, con la comunidad judía y con la musulmana. Templos, empresas, colegios y sedes diplomáticas ayer fueron vigilados en forma constante y muchos de ellos se mantuvieron inactivos.

En los aeropuertos, se instrumento un estricto operativo de seguridad, tal como el presidente Fernando de la Rúa solicitó al titular de Aeropuertos Argentina 2000, Eduardo Eurnekian. Efectivos de la Policía Aeronáutica iniciaron los refuerzos en las guardias perimetrales y realizaron patrullajes mucho más minuciosos.

Se indicó que los lugares más estrictos eran el aeropuerto internacional de Ezeiza y el aeroparque metropolitano Jorge Newbery, donde se controla tanto el tránsito de pasajeros como se verifica todo tipo de equipaje.

La embajada norteamericana (sobre lo que se informa por separado) y las empresas de ese origen volvieron al trabajo, aunque contaron con amplios dispositivos de seguridad, lo mismo que la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (Amcham).

Por ejemplo, la empresa IBM, situada en ingeniero Butty 275, clausuró la entrada principal, y el acceso debió hacerse por la entrada lateral, por donde habitualmente ingresan los proveedores. Todos los que entraban en ese edificio debieron pasar por un detector de metales. En Movicom BellSouth, del edificio vecino, también se reforzó la vigilancia interna.

Al colegio Lincoln, situado en la localidad bonaerense de La Lucila, sólo asistió el personal de seguridad. Los alumnos, entre los que se encuentra la mayor parte de los hijos de los funcionarios norteamericanos del país, no tuvieron clases.

En el Instituto Cultural Argentino Norteamericano (Icana) se dictaron los cursos normalmente, pero todas las conversaciones giraron en torno de un tema: el ataque terrorista. Los alumnos llamaban temerosos antes de acudir a clase para saber si el instituto estaba abierto, pero especialmente para asegurarse de que habría mayor control de seguridad.

Las principales instituciones de la comunidad hebrea estuvieron cerradas. La AMIA tenía ayer una vigilancia semejante a la de una comisaría, al igual que la Sociedad Hebraica Argentina.

La sinagoga de Libertad y Córdoba cuenta desde anteayer con un candado en las rejas que impiden el acceso, que sólo es franqueado por el personal de seguridad.

También estuvieron cerrados el templo de Uriburu y Corrientes, la escuela Ort, situada en la Avenida del Libertador 6796; la comunidad Bet El, que sólo abrió sus puertas para entregar los alimentos a 150 familias carecientes, y el instituto Talpiot, de Azcuénaga 736. Tampoco el Club Náutico Hacoaj, situado en Estado de Israel 4150, estuvo activo.

Fueron muy pocos los que se acercaron a los templos islámicos que permanecieron abiertos. La mezquita At Tauhid, situada en San Nicolás 674, estuvo activa pero con pocas visitas al templo y a la biblioteca que allí funciona. La nueva mezquita, situada en Bullrich y Avenida del Libertador, vivió un día similar. .

María Paula Zacharías

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