Una nueva teoría sobre el ojo de Da Vinci busca explicar la sonrisa de la Mona Lisa

La capacidad visual de Leonardo da Vinci ha sido puesta en debate en estos días cuando una investigación afirmó que habría sido tan asombrosa para observar en detalle el vuelo de la libélula cientos de años antes de que la existencia de cámaras de alta velocidad.

El estudio, dado a conocer el jueves pasado por David Thaler, profesor de Genética, Microbiología y Biotecnología de la Universidad de Basilea (Suiza) e investigador de la Universidad Rockefeller (EE.UU.), podría explicar la enigmática sonrisa de la Mona Lisa. “Fue capaz de captar a alguien que está empezando a sonreír en vez de una sonrisa completa”, explicó Thaler a la agencia EFE.

Esa extraordinaria capacidad visual de capturar un momento fugaz es explicada por Thaler con el concepto psicofísico de frecuencia crítica de fusión de parpadeo, que sería la frecuencia a la que una luz parpadeante es percibida como continua. Para un ser humano normal, estaría entre 20 y 40 flashes por segundo. Para Thaler, si Da Vinci hubiera ido cine, habría sido capaz de observar los fotogramas de forma individual (entre 48 y 72 imágenes por segundo) y no como una continuidad.

Su teoría se basa en en los propios escritos de Da Vinci, donde dejó registro de su observación del vuelo de las libélulas: “La libélula vuela con cuatro alas y cuando las del frente están elevadas, las traseras están bajadas”, según se lee en el libro Leonardo Da Vinci: la biografía (Debate), de Walter Isaacson, famoso por haber sido autor también de volúmenes sobre la vida de Einstein y Steve Jobs. Las libélulas baten sus alas a una velocidad de entre 10 y 20 milisegundos. Para ser capaz de observar su vuelo, una persona debe tener una capacidad de entre 50 y 100 fotogramas por segundo.

Por estas latitudes, un estudioso de la figura de Da Vinci como es el ensayista e historiador José Emilio Burucúa pone paños fríos al hallazgo: “El argumento de la agudeza visual implícita en una observación imposible para la inmensa mayoría de los seres humanos, como hubo de ser la volcada a la descripción del vuelo de la libélula, es prima facie convincente. Pero de ahí a concluir que Leonardo, en un cine del siglo XX, hubiese visto cada cuadro del film de modo independiente, me parece una conclusión que el pensamiento científico no debería aceptar. Es un argumento radicalmente contrafáctico y carente de base experimental (hasta ahora). Leonardo no vio nunca nada parecido a la secuencia veloz de imágenes en una película. La psicología experimental ¿ha encontrado algún ser humano capaz de aquella destreza, natural o adquirida, en más de los ciento veinte o ciento treinta años de trabajo que lleva la disciplina? No lo creo. Ahora bien, que Leonardo tenía una agudeza visual muy entrenada y refinadísima es un fenómeno que uno puede concluir, sin mayores dificultades, a partir de los procedimientos técnicos aplicados a la creación del sfumato en sus cuadros, o de la descripción visual de movimientos que él mismo logra mediante el dibujo, o de la presencia del aire entre los objetos sólidos que detectamos en sus paisajes”.

Burucúa ensaya otra explicación del asombroso descubrimiento del vuelo de la libélula que Leonardo dejó asentado. “En un dibujo célebre, hoy en la colección de manuscritos vincianos del castillo de Windsor, donde Leonardo representa un feto humano dentro de un útero abierto, se ve con claridad el modo de implantación de la placenta en las paredes de la matriz. Ese tejido es completamente invisible sin un microscopio. ¿Acaso Leonardo tenía una capacidad visual, casi de fantasía y comparable a la de Superman, capaz de percibir lo que solo los simples mortales podríamos lograr con un microscopio? Parece absurdo. Los otros dibujos en el mismo folio de la colección Windsor nos dan la respuesta. Primero, comparó la bolsa fetal con los frutos de árboles como el nogal, en los que las membranas de su implantación en las cáscaras tienen la forma (bien visible) que Leonardo dio a la placenta. Segundo, su dibujo fue el resultado de una hipótesis, que resultó verdadera, nacida de la analogía y del despliegue de esa conjetura en el gran dibujo que se encuentra en el extremo superior derecho del folio.

Da Vinci sumó a la observación directa, una reflexión analógica y, luego, un desarrollo racional de la hipótesis basada en las similitudes biológicas entre los frutos de las plantas y los frutos de la matriz en la mujer. Por ello, creo que, en el caso de la libélula, probablemente usó algún modelo mecánico de las alas del insecto (cosa a la que era aficionado desde los tiempos de su niñez) y se percató de que la única forma en que las alas podían funcionar como sistema era la alternancia del movimiento de sube y baja por parte de las alas delanteras y las traseras. Leonardo combinaba magistralmente la percepción y el dibujo de los objetos con un razonamiento acerca de cómo podían moverse, apoyado en las leyes más elementales e intuitivas de la mecánica de pesos, equilibrios y engranajes naturales”. La conclusión de Burucúa está lejos de la hipótesis del ojo biónico: “La excepcionalidad residía en el ejercicio sin descanso del ojo y de la mente raciocinante, no en la posesión de un aparato perceptivo más allá de las limitaciones biológicas propias de nuestra especie”.

“Si es cierto este supuesto descubrimiento acerca de una supervisión de Leonardo da Vinci, ya estamos en camino a sentar al pintor italiano en el Palacio de la Justicia, junto con Superman y la Mujer Maravilla”, coincide Mercedes Ezquiaga, coautora con Héctor Pavón del libro Todo lo que necesitás saber sobre Leonardo da Vinci en el siglo XXI (Paidós). “Fuera de las miles de especulaciones, lo que sabemos con certeza en base a sus Códices, es que Da Vinci tenía una inmensa curiosidad y casi obsesión por comprender el funcionamiento del cuerpo humano, que volcó en más de 600 folios con miles de dibujos. Estaba interesado en el cerebro, en la naturaleza de las emociones y en los sentidos, especialmente el de la vista. Por todo esto, en mi opinión, la enigmática sonrisa de Mona Lisa tiene mucho más que ver con la concepción que Leonardo tiene de la pintura -una perfecta fusión entre arte y ciencia- y de ofrecer no solamente un retrato sino representar su profundidad psicológica, emocional y espiritual. Vamos a decir, como una foto del alma”.

Publicado en La Nación, 22-6-20. Link: https://www.lanacion.com.ar/cultura/una-nueva-teoria-ojo-da-vinci-busca-nid2384137

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