Clara Ibarguren: “La moda no existe. Existe ropa que te quedan bien”

CRITERIOSA. La alma mater de CLARA dirige una empresa familiar con mesura, calidez y sentido común.

Clara Ibarguren es una marca de ropa femenina con 26 años en el mercado. Pero antes que eso, es el nombre de la mujer que la creó y que la comanda. En la fábrica de la Avenida Scalabrini Ortiz tiene una oficina aislada, impecable, con una gran mesa, flores, sus libros y la computadora. No la pisa. La relegó a sala de reuniones porque no le gusta estar sola. Anda todos los días por todos los rincones de la empresa y se instala en la oficina del equipo de diseño, donde tiene la última palabra. Camino a esta entrevista, Ibarguren saluda a unos, recibe comentarios de otros y resuelve: ante un género blanco que llegó manchado, el dilema es si hay que lavar la tela, mandar a la lavar los sacos cuando estén listos o devolver el rollo. Decide esto último.
Empezó con la moda en el último año del secundario, estampando remeras para juntar fondos para las vacaciones. Siguió con vestidos que fueron un hit, y su impensada carrera en la moda continuó tomando forma junto a su marido Henry (Clara siempre dice que su marca es una historia de amor). En el garaje de la quinta de Don Torcuato comenzaron cortando telas en una mesa de ping pong… hoy tienen más de 70 empleados. Lejos de quedarse en el tiempo, se hizo amiga de las redes sociales, y simplificó la marca que lleva su nombre. Se quedó sólo con el de pila: Clara.
–¿Estás en todo lo que pasa?
–Me encanta estar en todo, es un poco inevitable. Técnicamente mi función es diseño y producción, estar en la compra de los géneros, ver los modelos, poner las cantidades. Estoy en la imagen, me encanta ir a armar vidrieras y estoy un poco en ventas: nos juntamos con las chicas de los locales y vemos cómo van las cosas. Les doy ánimo. Me pasa que están encimando y de pronto salen diez sacos más de lo esperado. Ahí me llega el mensajito a ver si los hacen o no. Por más que tengas gente que se ocupe, yo sé todo lo que pasa acá. Y me gusta. Por eso no me puedo quedar en esta oficina con la puerta cerrada, porque no es mi trabajo. Mi trabajo es estar en todos lados. Me siento una más que trabaja a la par de todos.
–¿Sos la matriarca en una empresa familiar?
– Es una empresa muy familiar. Hay gente que está acá hace muchísimos años y compartimos todo: nacimientos, enfermedades, cumpleaños, alegrías. Es una empresa chica, comparada con otras marcas: 70.000 prendas por temporada. Tenemos cinco locales. Y es una decisión nuestra. Preferimos tener poco y bien, y poderlo manejar. Y también, poderlo disfrutar, y no estar tan agobiados. No planificamos tener 20 locales. Sí crecer un poco en producción, porque tuvimos muy buenas temporadas. Seguramente pondremos otro local (siempre está pendiente poner uno en Palermo). Y apuntamos a tener más clientes al por mayor, que ahora son 60. Somos una marca cuidada. Y la gente se queda.
–¿La tecnología no les es ajena?
–Tenemos mucha actividad en las redes sociales, y nos permite estar más cerca de las clientas. Comunicamos más rápido y más fácil. Es el aquí y ahora. Te lo cuento ya y sos la primera en enterarte. Subís a Instagram una foto y anuncias que llegaron las botas, y después hablás a los locales y te cuentan que vendieron 30 pares. Es interesante. Y además compartís cosas divertidas. Mostrás lo que entró, compartís un video, saludas y contestas preguntas.
–¿Cómo cambió el público de la marca?
–Antes vestíamos a la madre y a la hija. Ahora vestimos a la madre, a la abuela y a la hija. Viene una madre de 50 con una hija de veintipico y se van las dos vestidas de Clara. Creo que haber sacado el Ibarguren de la marca fue bueno, refrescante. Clara suena más joven. Lo pensamos mucho. Tuve miedo, pero cerré los ojos y me tiré por la montaña rusa. Sigue siendo la misma marca, pero con nombreclara 001 más corto, como pasa con Paula, Jazmín… tiene que ver con la rapidez. Más amigable.
–¿La moda es un universo muy cambiante?
–Sí, y tenés que cambiar. La moda es mucho movimiento. Antes hacías la colección, la presentabas una vez y ponías un aviso. Ahora todo el tiempo tenés que estar haciendo cosas y comunicándolas.
–¿Se habla mucho en esta empresa, no?
–Me encanta escuchar. Muchas veces difiero en algo con las diseñadoras y me gusta que me convenzan. Me pasa con la línea de Julieta Cardinali que hace con mi hija Abril Bellati, que es más jugada. Siempre nos juntamos las tres y yo veo… y bueno, hagámoslo, les digo, ¡pero poco! Me gusta negociar y jugarme. La moda también es eso: sorprender, divertirse.
–¿Cómo analizás el momento actual?
–Es un momento difícil. Hay incertidumbre y trabas complicadas. Nosotros hemos tenido bastante suerte, y estamos hace tanto tiempo que estamos acostumbrados a pasar distintas crisis. Hay que adaptarse a las leyes del juego. Esta devaluación hizo que los precios aumentaran y tratamos que de ser cuidadosos. En otra coyuntura nos iría mejor, pero nos va bien. Para nosotros es un buen momento, igual. No nos quejamos.
–¿Cómo viene la moda argentina?
–En Argentina hay buenos diseñadores, buenas marcas. La moda me parece lindísima. Hay tendencias fuertes, y uno las toma o no: cambio de silueta, la pollera más inflada, midi, plisada… no son siempre sentadoras. No adhiero a la tendencia total, no soy una fashionista. Soy más bien de vestir a la mujer femenina, para que se vea linda y se sienta bien. En la moda algunas cosas hay que tomarlas con pinzas. Podés estar a la moda sin exagerar. Yo hago eso: cosas cancheras, básicos con detalles y de la tendencia tomo lo que me gusta. Para el verano vienen los colores pasteles, pero a mí me gustan los fuertes: hago las dos cosas. Clara da alegría, siempre tiene color, estampas.
–¿Un error común?
–No ser fiel a uno mismo, disfrazarse. Porque se nota que no estás cómoda, que no va con tu personalidad. Te podés poner sandalias con zoquetes, pero se nota que no sos vos. No está bien que yo lo diga… pero para mí la moda no existe. Existen cosas que te quedan bien. Si tenés un vestido de hace cinco años que te queda brutal y lo combinás bien, la gente se da vuelta a verte. El error es no conocerte, ponerse cosas porque se usan como autómata. O esa cosa alternativa que tienen las más chicas, son graciosas, quizás, pero se afean.
–¿Qué te inspira?
–Me inspiran los colores, los géneros. Pero lo más importante para mí es el look. Siempre me imagino los conjuntos, con cartera incluida. Tengo muy buena memoria, me acuerdo de todo. Me gusta mucho el cine, caminar, viajar…

Objeto querido
“Esta escultura me acompaña desde que me la compró mi marido en un museo en París hace más de 25 años”, cuenta. Una silueta femenina, con aires de maniquí. Cuando recién empezaba tuvo un negocio que se llamaba Teatro y era parte de la imagen.

getimagePor María Paula Zacharías @pzacharias

Foto: Soledad Aznares

Publicado en La Nación, Moda &Belleza, 26-6-14

 

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