La chica Grimoldi

Se llama Luz Maggio, hace casi 20 años que trabaja para la marca de calzado no deportivo que más zapatos vende en el país. Te contamos quién es esta mujer supercreativa que se crió entre cajas de zapatos

luz maggio

Luz Maggio es la mujer detrás de Hush Puppies. Pero más que identificarse con el perro batata, perezoso y lento, hay que pensarla como un dóberman, alerta, inquieta y feroz cuando es necesario. Con origen en una familia zapatera, lleva casi 20 años en Grimoldi, liderando la marca más grande del país de calzado no deportivo, que no para de crecer. No en vano nació el Día del Zapatero, un 13 de septiembre.

Se crió entre aromas de cajas de zapatos, porque su padre era dueño de Maggio & Rossetto. “Mi mamá siempre fue la modelo de papá. Él llegaba con una torre de zapatos y ella se iba probando…, éste es muy al

to, éste me molesta la tirita”, cuenta. Todos los diciembre, los tres hijos mayores se vestían prolijos (camisa, bien peinados) y el padre los distribuía en los locales para colaborar con las ventas de Navidad. “Tendríamos 10 años y acomodábamos el stock, llevábamos y traíamos cajas, y él nos pagaba. Era divertido”, recuerda. Quizá le venga de esos años el amor por el olor a cuero, o sería por aquel ritual cotidiano, cada noche ponerle pomada a los zapatos del colegio, y cada mañana lustrarlos con el cepillo. En algún lugar le quedó grabado a fuego.

Cuando terminó el colegio quiso ser diseñadora de indumentaria y estudió en la UBA. Ni zapatera ni arquitecta como quería su papá. Por entonces diseñó unos zuecos para la marca familiar y con las ganancias se fue a Europa. Turquesa Topper era su profesora y la llamó para diseñar jeans. “Era asistente de asistente de asistente. Pero la tela no tenía olor a nada…, no me era familiar, no sabía por qué no era lo mío”, recuerda. A Grimoldi mandó un currículum, la llamaron para una entrevista y en el recorrido por la fábrica, cuando entró en el depósito de cuero, tuvo una epifanía: ahí era donde quería estar, con ese aroma… Era 1996 y tenía 22 años.

Desde entonces sumó millas dentro de la compañía. “En ese entonces mandaba dibujos hechos a mano por fax a China. Por eso todavía todo lo explico con papel y lápiz”, cuenta. Otra época memorable fueron las semanas que pasaba en Novo Hamburgo, Brasil, donde coincidía con line builders de todo el mundo para desarrollar sus colecciones. “Íbamos todos al mismo hotel. Y yo era una esponja de 20 años, aprendía de gente como Wayne, que hacía botas texanas hacía décadas, y lo perseguía preguntándole cosas. Tenía palpitaciones cuando veía los originales de los mejores zapateros del mundo, me probaba todas las muestras e iba dibujando mis colecciones. A los dos días tenías hecho el prototipo. Era una locura”, recuerda. Otro cantar fue cuando contrataron una diseñadora inglesa para capacitarlos. “¡Era una institutriz! Nos tenía a las corridas y las reuniones eran en inglés”, recuerda.

Ahora, la temible es ella. Una jefa intensa. Tanto que durante años no la dejaron acercarse a los clientes, por la ferocidad con la que defiende sus proyectos. “Decían que me los comía crudos”, se ríe.

“Zapatera no me siento porque me falta tanto para aprender… Fui diseñadora, pero ya no: corrijo, boceto y ayudo a un equipo de siete diseñadoras a las que superviso. Ahora me siento una vendedora de proyectos. Hoy mi función es vender, me divierte el negocio. En 10 años triplicamos el volumen de forma saludable, construyendo la marca”, dice.

Se formó con Alberto Grimoldi. “Me llevó de la mano, como una hija adoptiva (¡sin herencia!). Me enseñó a tener una mirada comercial”, comenta. Arrancar de cero y hacer cosas nuevas. “Suma diseño con confort. Si te chinga la manga, no te duele. Si te chinga el zapato, te caen las lágrimas. Uno está parado en sus pies. El zapato tiene que ser divino, pero te tiene que hacer feliz. Los tenés que amar”, sostiene.

“Para verano proponemos también sandalias tipo birken personalizadas, también para chicas.” Maggio revisa estantes de pruebas y muestra orgullosa los prototipos de una marca nueva, Stitching, costuras, colores y aire hippie. Siempre tiene algo entre manos. Además es madre, ama de casa y trata de ser mujer (hacer gimnasia, ir a la peluquería, etc). Su hija le sugirió que sea maestra, así se ven en los recreos. Ella le respondió: “¿Qué harías si te dejaran hacer todo el día lo que más te gusta en el mundo?”

 

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