Las Awada

Empresarias, compañeras de trabajo, madre e hijas, una marca y la vida en común

Zoraida, Pomi y María Juliana, y su secreto mejor guardado: “Trabajar para vivir y no vivir para trabajar”. Foto: MARIANA ARAUJO
¿Adónde vas? ¿A qué hora volvés? ¿Llevás la campera? Pomi Awada (de 73) no puede evitar el interrogatorio clásico de madre a hijas, aunque las dos tengan más de 30 y sean sus compañeras de trabajo. Zoraida (de 50) y María Juliana (de 35) se sumaron a la empresa familiar que Pomi dirige desde hace más de 50 años, los últimos quince como la etiqueta femenina Awada. Zoraida lleva casi 30 en el área de comercialización y María Juliana está al frente de diseño. Y detrás de cada detalle, siempre, la incansable Pomi. Que tiene en total 5 hijos, 14 nietos y una pasión: su trabajo. Por los pasillos de la empresa -un edificio en Palermo, amplio, luminoso, con jardines, sumamente ordenado- se escuchan a veces gritos, otras risas; alguna pasa cambiándose de remera…, un clima familiar. Que encontró su justo equilibrio con una prolija división del trabajo: cada una en su área. “Si no, sería imposible”, coinciden entre risas.

-¿Cómo es trabajar juntas?

Zoraida Awada: -Nosotras crecimos con una madre que trabajó siempre. Nuestros juegos tenían que ver con acompañarla a la fábrica y pasar más tiempo con ella. Pero cada una se sumó a la empresa por elección propia. Las dos a los 18 años.

María Juliana Awada: -Nuestro hermano Daniel también siguió este camino y fundó la marca de ropa infantil Cheeky. Su hija Nadine, a su vez, está al frente de la marca Patîsserie. Pero nuestros otros dos hermanos siguieron diferentes caminos: Leila es artista plástica y Alejandro, actor.

Pomi Awada: -Soy controladora. Lo reconozco, pero no lo puedo evitar. En la balanza, trabajar juntas es positivo. El vínculo es mucho más fuerte. Lo insólito es que cada una se va a diferente horario, pero entre las 20 y las 21, o yo las llamo o ellas me llaman para hablar de temas cotidianos, familiares…

-¿Comparten mucho tiempo?

M. J. A.: -Sí, sobre todo en los fines de semana. Durante el día cada una está en lo suyo. Nos juntamos quizás a almorzar, pero hablamos por lo general de la empresa.

Z. A.: -También a veces discutimos, porque no hay filtro… Hay más confianza.

P. A.: -Quizás a un jefe ellas no le podrían decir: Por favor, hablá más bajo porque tu carácter es insoportable, ¡no te aguanto!

M. J. A.: -Ella es muy abierta, pero está en esto hace 50 años, y es muy difícil cambiarle algunas cosas. Es divina, buenísima, pero a veces tiene una manera difícil de decir las cosas: viene corriendo desde su oficina a los gritos… Nosotras la conocemos y nos reímos.

-¿Cómo fueron los comienzos?

P. A.: -Lo primero que hicimos fue ropa para chicos, en los años 60. Mirá cómo la historia se repite. Después, pasamos al prêt-à-porter, al por mayor. A fines de la década del 80 llegamos como marca al público.

Z. A.: -En las vacaciones íbamos a la fábrica. Yo les mostraba a los clientes las prendas de la colección de invierno. Juliana andaba por ahí cosiendo ropa para sus Barbies.

-¿Lo mejor de este trabajo?

Z. A.: -Los viajes. Acompañando a mamá descubrimos que el mundo de la moda era lo que nos interesaba.

M. J. A.: -Nuestro vínculo se fortaleció. Estás fuera del trabajo, con tiempo para disfrutar, ir a un museo.

P. A.: -Se dan esas cenas largas con charlas profundas, que pueden ir del llanto a la risa.

M. J. A.: -También, la libertad. Nos vamos temprano cuando podemos. Por ejemplo, los viernes con Zoraida nos vamos a jugar al golf. Mamá siempre nos cubre. Es muy lindo trabajar en familia, en lo que nos gusta, en un lugar agradable.

P. A.: -Yo adoro mi trabajo. De lunes a viernes estoy feliz dentro de la empresa. Disfruto. Soy la primera en llegar y la última en irme.

Z. A.: -La verdad es que nos tranquiliza. Sabemos que siempre está detrás de todo. Podemos contar con ella.

-¿El criterio estético es mandato familiar?

P. A.: -Es muy importante. Para las tres, no sólo con la ropa, sino con las casas, las mesas que ponemos…, todo.

M. J. A.: -Con Leila, cuando no estabas, siempre nos metíamos en tus placares y jugábamos con tus zapatos, guantes, sombreros, pieles… Mamá era una diosa cuando se producía.

P. A.: -¿Te querés reír? Una vez me quedé cuidando a mi nieta Valentina, de 6 años, y cuando la voy a vestir me dice: Pomi, ¿no ves que la bombacha no combina con el pijama?

-¿Qué admiran de Pomi?

M. J. A.: -La fuerza de voluntad, su fortaleza. Es tan positiva, alegre. Y sabe disfrutar de todo.

P. A.: -No sé lo que es la depresión.

Z. A.: -Por ejemplo, hace diez años tuvo cáncer. Ella dijo: Puedo, me voy a curar, y ni un solo día se quedó en cama. Venía de la quimio directo a la fábrica, a trabajar. Y lo logró.

P. A.: -Cuando el médico me dio la noticia y me dijo que en quince días me tenía que operar, primero lo abracé y lloré. Cuando me calmé le pregunté si podía irme a Nueva York la semana siguiente. Nos fuimos cinco días, como teníamos planeado, y la pasamos bárbaro.

M. J. A.: -En los viajes es terrible. Nosotras queremos parar a descansar, y ella siempre con más planes. Es imparable.

-¿El mejor regalo que le hicieron?

P. A.: -Las cartas, porque son del corazón. Para los 70 me regalaron un libro sobre mi vida, con cartas de todos… Le pusieron de título: La historia de una luchadora.

1993-2009

“El primer local de la marca Awada se abrió a fines de 1993, en el Alto Palermo”, recuerda Pomi Awada. Desde entonces, la marca no ha parado de crecer. Zoraida Awada, al frente de la comercialización, aporta los números actuales: “Tenemos ocho locales propios y siete franquicias. Realizamos ventas al por mayor para multimarcas de todo el país”. “Este año hicimos dos aperturas, en Dot Baires y Paseo Pilar, a pesar de haber sido un año difícil”, agrega Pomi.

“La empresa siempre está crecimiento. Podríamos expandirnos más, pero no nos interesa. Queremos conservar este clima familiar en el que trabajamos. Trabajar para vivir y no vivir para trabajar”, dice Zoraida y todas coinciden. La empresa concentra las áreas de administración, diseño, corte, venta y distribución en Palermo Viejo, en un edificio de tres pisos y 2000 metros cuadrados construido especialmente para Awada. Cuenta con 80 empleados.

El target de la marca es amplio. “Mujeres de 20 a 70, pero fuerte en el segmento de 30 a 50. Son mujeres activas, mamás, profesionales, con vida social, a las que les gusta estar bien vestidas y cómodas”, detalla María Juliana Awada, desde el área de diseño. “Estamos muy contentas con esta colección de verano. Es fresca, transmite pureza y mucha femineidad. Géneros livianos, con caída y una paleta de colores neutra, muy suave”, comenta. Anticipo de tendencias para el invierno 2010: “Sastrería con hombros marcados, pantalones babucha, mucho negro, gris, visones y animal prints”. .

Por María Paula Zacharias

http://www.lanacion.com.ar/1186338-las-awada
lanacion.com|

Jueves 15 de octubre de 2009 | Publicado en edición impresa

 

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