Estilo oficial

De cómo se muestran cuando deciden o qué hacen cuando se exhiben. Actuales, emprendedoras, mujeres en la escena del poder

 

“Numerosas mujeres han ejercido las máximas posiciones de poder y se nota una gran variedad de caracteres, temperamentos y estilos, de modo que no existe un modelo único que sea el más recomendable”, dice el escritor Marcos Aguinis, y abre el juego para pensar la relación entre la mujer y el poder, y de ésta con su imagen.

La política exige a la mujer vestirse según el lugar que ocupa. Es obvio que no es tanto lo que usa sino lo que dice o decide, si es que decide, cuando usa lo que usa. “Son estereotipos. En los roles de la política, sobreponerse a eso cuesta mucho”, asegura Analía del Franco, de la consultora Analogías, que sabe cómo mide un vestido con estampa Liberty y cómo un tailleur gris. Y da ejemplos: “Si acompaña como primera dama, debe mantener su personalidad, pero con discreción respecto del marido. Algo difícil, como les pasó a Hillary Clinton y a Cristina Kirchner en su momento, y ahora a Michelle Obama y a Carla Bruni: cumplen un rol, pero con distancia, porque si no la mujer pasa a ser vista como dominadora. Si están en un lugar ejecutivo per se lo importante es atacar las cuestiones básicas que se imputan a una mujer: ser débil, por más Hillary o Cristina que sean. Lo primero es demostrar poder de decisión. Y con un vestido muy floral y voladitos eso no se transmite. Mejor, los colores más neutros y lo que se parezca al traje de varón”.

Tan importante es esta diferencia que Michelle Obama no tuvo problemas de ser la última tapa de Vogue , retratada por la célebre Annie Leibovitz, mientras que la rival de su marido durante la interna demócrata, Hillary Clinton, se negó a hacerlo por consejo de sus asesores, para no restarle fuerza a su imagen. La editora Anna Wintour se vengó con una columna más fulminante que la más femenina de las tapas.

Pero antes de seguir con este tema, la psicóloga Irene Fridman aclara: “No me interesa el escote de Angela Merkel, sino cómo maneja a Alemania. Criticar a una presidenta por cómo se viste es ubicarla como objeto de deseo, cuando en realidad lo importante sería ver cómo ejecuta el poder. Seguimos usando un lugar peyorativo para las mujeres, desvalorizante de su capacidad política”.

Aguinis, de todas maneras, festeja el fin de las diferencias de género. Y da ejemplos en los que el hombre público es tan criticado por su aspecto como la mujer. “Si tiene estilo estrambótico, exhibicionista y cholulo será criticado, como lo fue Carlos Menem en sus primeros meses de gobierno. Hizo después un gran cambio, con algún asesoramiento. Más tarde fue distinguido internacionalmente como un hombre muy elegante. El estilo se puede mejorar, y tiene que ver con la persona. Menem cuadraba con la exhibición de la elegancia, como también cuadra en el cholulismo Cristina Kirchner, con su costumbre de exhibir ropas y joya que no están ligadas a la función presidencial”, expresa el escritor.

Las diferencias, de todas formas, a veces se hacen notar. “Michelle Bachelet, enfundada en un correcto traje de baño oscuro, despertó voces en favor y en contra, tanto que un miembro de su gabinete tuvo que hablar sobre el tema. ¿Se hubiera armado el mismo revuelo si Bachelet no fuera mujer? Las mujeres en el poder deben tener más cuidado que sus colegas hombres”, define Clara Doblas, asesora de imagen corporativa.

“En la Argentina siempre se critican los gastos de presidentes y presidentas en materia de ropa y accesorios. En países anglosajones no se hace eso. Y hay una razón: los hayamos votado o no, el presidente representa a un país, y la vestimenta en esto es muy importante”, explica Roberto Devorik, vicepresidente de Polo Ralph Lauren en estas latitudes, amigo y consejero de Lady Di y de la siempre impecable Karina Rabolini, que en una entrevista con LN afirmó que prefiere usar colores “mucho más tranquilos” que los que acostumbra la Presidenta. Reniega de las carteras Louis Vuitton, y se viste con Graciela Zitto, Evangelina Bomparola y Ralph Lauren.

¿Pero qué es el estilo? “Es una conjunción de cuestiones estéticas. Es una manera de ser, presentarse, seguir una historia propia”, define Devorik. Para la asesora de imagen Cristina López, no es algo genético. “Siempre es adquirido, consciente o inconscientemente, del entorno familiar. Movimientos elegantes, una especial manera de habitar el cuerpo y buena postura: eso hace a la elegancia. Tiene que ver con la calidad y el despojo.”

CASOS REALES

Devorik, que presenció el tan comentado acto de asunción, analiza a Michelle Obama: “Es una mujer muy instruida, le gusta la ropa como a todo ser normal, pero no la ve como un hito, sino como un instrumento de su vida, trabajo y función. Su estilo lo podremos juzgar cuando se retire de la Casa Blanca. Es un grave error compararla con Jackie O, que tuvo una distinción inigualable. Y tampoco es afín a la de Nancy Reagan, a quien la ropa le gustaba más que un vestido nuevo. No se va a dejar dirigir por Vogue , que sí ayudó mucho a Hillary Clinton. Obama tiene su personalidad y, sobre todo, le interesa que moda la acompañe a ella. Nada más”.

López mira la política local y saca conclusiones: “Una presidenta puede ser moderna, pero con austeridad y buen gusto. Lo importante es que transmita la imagen de alguien que está trabajando. No puede estar ceñida ni demasiado maquillada. Nadie va a la oficina vestida como para una fiesta. Kirchner a veces peca de exceso, se la ve demasiado atrapada en su propia ropa, incómoda. Es su estilo, está bien que lo mantenga, pero el problema es que se la ve siempre muy producida. Las mujeres sabemos que eso no es mágico… lleva tiempo”.

De todas formas, se advierten matices. “Cristina Kirchner cambió un poco en ese sentido. Al principio usaba más vestidos, estampas grandes y un look más heterodoxo. Ahora está más neutra”, indica Del Franco. “Los cambios en las mujeres muy expuestas al público se dan más que con la moda con cambios en el color de pelo o en el peinado. El pelo puede mostrar tristeza, rebeldía, conformismo… Como Audrey Hepburn, que al final de su carrera se cortó el pelo con un look monacal, cuando empezó a trabajar para Unicef”, reflexiona Devorik.

Pero las transformaciones no siempre graduales se dan a veces en la cara. “La aplicación de toxina botulínica es un gran problema. No lo veo bien en ninguna mujer, porque enmascara, deja sin expresión. Y en política son muy importantes los gestos, grandes comunicadores. Cuanto más toxina botulínica, más inexpresivas y menos creíbles son. Cristina era más linda hace un año. La actitud jovial no la da la rigidez de las líneas de expresión, sino un cuerpo ágil, la risa, la vivacidad en la mirada, las ganas…”, sugiere López.

Doblas desaconseja dos casos opuestos: “Nuestra presidenta, afecta a los géneros estampados y a los colores intensos, ha logrado que la prensa comente que no repitió modelos en su primer año de gobierno. ¿Habría sido posible darse cuenta si hubiera apuntado a los colores neutros? ¿Ese comentario fue beneficioso para su imagen?” Tampoco invita a caer en el extremo opuesto, la ropa demasiado sobria. “Bachelet y Merkel tienen un estilo impersonal que, de tan austero, llama la atención.”

Fridman no pierde el eje: “Las mujeres hemos conseguido muchísimos logros, pero sufrimos históricamente una forma de disciplina en relación con el cuerpo muy peligrosa: la exigencia de cumplir con un modelo único. En las mujeres no hay posibilidad de ser aceptadas en su diversidad. Si no, basta mirar un desfile”. Quizá sea hora de olvidar prejuicios, seguir el propio estilo y brillar en la tarea de cada uno, más allá del espejo…

ARMAS DE SEDUCCIÓN

Clara Doblas: “Identificar su mejor estilo, independientemente de las modas. Con un estudio de colorimetría detectar el color que realce la piel, los ojos y el pelo. Armar un guardarropa de calidad y actualizarlo estratégicamente, para dedicarle menos tiempo cada mañana y lograr más combinaciones con menos prendas. Pecado capital: el eclecticismo”.

Cristina López: “Nunca recargarse de accesorios, porque distraen. No va la ostentación en este momento, sino la austeridad. Descartar ropa muy ajustada, corta, transparencias y escotes, que no son elegantes ni cómodos. Adecuarse a la función que desempeñan, y también al tipo de cuerpo, color de piel y edad. Sobriedad, siempre con un toque actual. Pero no lo más moderno, porque la moda es vertiginosa. Y una política debe dar imagen de solidez y persistencia”.

Roberto Devorik: “Menos maquillaje es más belleza. En política, la mujer se debe a su público. Si va a una gala en un salón beige, no puede ir con un vestido beige, porque la gente no la va a poder ver. La ropa es muy importante para los jefes de Estado, porque nos representan a todos”.

Irene Fridman: “No se dejen avasallar ni someter. Hace falta para eso construir una masa crítica de mujeres, que más allá de su apariencia ocupen lugares de decisión”.

Analía del Franco: “Mantener el propio estilo es lo principal. Quizás atenuado si se es hiperfemenina. Vestida con tules no se puede trabajar”. .

Por Maria Paula Zacharías

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