Cálidas historias de pequeños paleontólogos

Una visita al Museo Argentino de Ciencias Naturales, en Caballito

Los comentarios de los más chicos ante los dinosaurios son desopilantes, y otros parecen de expertos

“Cuando era chico me encantaban los dinosaurios”, sostuvo Juan Ignacio González, de 7 años. Ahora, es un experto en la materia y le enseña a su hermana Camila, de 3. Cuando termine el colegio, “va a dedicarse a buscar fósiles”, dijo.

Este tipo de pequeño antropólogo abunda en los museos. Ayer, en la muestra “Grandes dinosaurios argentinos” del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia -situado en el barrio de Caballito, en Angel Gallardo 490- más de 2000 chicos se sorprendieron ante la réplica delGigantosaurus, el carnívoro más grande del mundo, que habitó nuestra Patagonia.

Con sus 10 toneladas y sus 15 metros de largo y 5 de alto impresionó a los más chicos y fascinó a los pequeños expertos, que saben los nombres científicos de cada animal, sus costumbres, distinguen si con herbívoros o carnívoros y no pueden evitar hacer acotaciones a las explicaciones de los guías.

Coleccionan muñecos, libros, videos -algunos graban documentales de canales de cable- y prefieren los video games que tienen a esos gigantes como protagonistas.

Tal es el caso de Marcelo Rodríguez. Una de sus primeras palabras fue ” Tiranosaurus Rex ” -no sin cierta dificultad- gracias a las reiteradas lecturas de su libro favorito de dinosaurios. Hoy tiene 10 años y atesora todo lo referido a estos “bichos de sus amores”.

Otro fanático es Juan Marchetta, de 6 años, que tiene una repisa llena de muñecos que ni a su mamá deja tocar. Aunque aclaró: “Si estuvieran vivos no me gustarían”.

Sin embargo, a Nicolás Varela Calvo, de 6 años, le gustaría que haya un zoológico de dinosaurios vivos, pero -aclaró- en jaulas. Su hermano Joaquín, de 2 años, estaba algo asustado por la réplica del Gigantosaurus , porque, según él, lo querían comer.

LOCURAS DE LOS MÁS CHICOS

Sebastián Romero, un parlanchín de 2 años, relató a La Nación la historia de un dinosaurio que nació de un huevo y otro animal volador lo robó. Estaba convencido de que los dinosaurios del museo “están vivos, pero no se mueven”.

-El Gigantosaurus es malo porque es “carnosaurio” y se come a los hombres -sentenció Sebastián.

-¿Y no te da miedo?

-No.

– Pero si se come a los hombres, ¿vos qué sos?

-Yo soy un chico -dijo Romero sin dudar.

Pero no todos tienen la convicción de que no van a ser atacados. Natalia Radovani, guía del museo, explicó que una nena estuvo una hora en la entrada y no quería entrar porque, afirmaba, se la iban a comer.

Los guías la convencieron de que los animales estaban dominados por ellos y que no iban a dejar que la atacasen, ya que no había forma de hacerle entender que no estaban vivos.

Chiara Gillio tiene un año y medio, no habla, pero ya es fanática de los dinosaurios: la única forma de hacerla comer es ponerle los muñecos de su hermano alrededor del plato y decirle que si no come ella, lo harán los animales. Pese a las amenazas, no se enoja con sus comensales y hasta los convida: una cuchara para ella y otra para los “dinos”. .

María Paula Zacharías

Lunes 02 de julio de 2001 | Publicado en edición impresa de La Nación
Link: http://www.lanacion.com.ar/316868-calidas-historias-de-pequenos-paleontologos
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